¿Cómo podemos reducir la desigualdad en salud?

¿Cómo podemos reducir la desigualdad en salud?
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Muchos de los problemas de salud pública actuales —diabetes, cáncer, obesidad y enfermedades cardiovasculares— están estrechamente relacionados con las desigualdades sociales. La literatura de todo el mundo muestra que las brechas en ingresos, empleo, educación y acceso a la atención sanitaria de urgencia y preventiva empeoran los resultados de salud de las poblaciones desfavorecidas. Cuando las desigualdades son evitables y se basan, por ejemplo, en distribuciones injustas de los recursos, se convierten en un problema de inequidad en salud.

Esto significa que los profesionales de la salud pública deben abordar, a escala poblacional, los factores que las personas heredan al nacer —el lugar donde crecen, viven y trabajan— para aliviar las inequidades en salud. La Organización Mundial de la Salud señala que estas condiciones están «determinadas por la distribución del dinero, el poder y los recursos a nivel mundial, nacional y local».

La investigación en acción

Cada vez más, los investigadores analizan cómo implementar y medir programas para reducir las inequidades en salud. Este es el objetivo de lo que la OMS denomina la «tercera ola» de la investigación sobre inequidad en salud. Para comprender las inequidades en salud, primero debemos saber qué son. En todo el mundo, los organismos de salud pública vigilan las tendencias de las desigualdades en salud, sientan las bases para entender cuáles desigualdades son cuestiones de equidad y generan evidencia para enfoques de políticas que mejoren la salud de comunidades enteras.

Los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades de EE. UU. (CDC) integran datos de salud pública y del censo, y publican un informe anual sobre desigualdades en salud. Año tras año, han constatado que muchos determinantes sociales están asociados con resultados de salud deficientes y, por tanto, son cuestiones de equidad.

La raza también es un factor. El informe de los CDC de 2013 muestra que muchos resultados de salud adversos relacionados con los determinantes sociales de la salud estaban asociados con la raza. Por ejemplo, las muertes por accidente cerebrovascular y cardiopatía coronaria, las muertes inducidas por drogas y la incidencia del VIH eran más probables, respectivamente, entre las personas negras no hispanas, los indígenas estadounidenses y nativos de Alaska, y las minorías raciales/étnicas no asiáticas que entre las personas blancas. Sin embargo, todavía no existen soluciones infalibles para ayudar a reducir estas inequidades.

En el Reino Unido, los datos sobre desigualdad en salud están integrados en una herramienta de Public Health England llamada «Perfiles de salud pública». La herramienta interactiva permite consultar varias fuentes de datos basados en zonas, que pueden vincularse con determinantes sociales como la falta de vivienda, el desempleo y la privación en los barrios, así como con diversos resultados de salud negativos. El uso de este tipo de datos llevó al Departamento de Salud del Reino Unido a fijarse el objetivo de actuar para reducir las desigualdades en enfermedades cardiovasculares, cáncer y mortalidad infantil para 2015.

¿Qué hacemos con esta información?

Recopilar estos datos es importante, pero ¿cómo los ponemos en práctica? Décadas de investigación y práctica de salud pública interdisciplinarias han dado lugar al enfoque de Salud en Todas las Políticas (HiAP) para la formulación de políticas. Es una estrategia que se centra en aspectos como el diseño urbano o el transporte: los componentes estructurales de los determinantes sociales de la salud.

HiAP anima a los responsables de formular políticas de todos los sectores del gobierno a considerar los efectos sobre la salud de políticas que, a primera vista, no guardan relación con ella. El diseño urbano es un buen ejemplo de un ámbito de política que puede tener un impacto inmediato en el transporte activo, la calidad del aire y la disponibilidad de alimentos saludables. Piénselo así: si las ciudades son más transitables a pie o cuentan con mejores sistemas de transporte público, es posible que la gente camine más o conduzca menos. Si hay más opciones de alimentación saludable, las personas podrían elegir alimentos más sanos, y así sucesivamente.

HiAP ha sido adoptado por 16 países o territorios subnacionales de todo el mundo, entre ellos Finlandia, Tailandia, Inglaterra y Nueva Zelanda.

¿Puede funcionar HiAP? El caso de Finlandia

Un ejemplo clásico de HiAP en acción es la drástica reducción de las enfermedades cardíacas que Finlandia logró gracias a HiAP en la década de 1970. En aquel entonces, fumar era habitual y la alimentación era rica en carne y grasas y pobre en verduras. Sumado a un estilo de vida sedentario, esto hizo que Finlandia tuviera la tasa de mortalidad más alta del mundo por enfermedades cardiovasculares.

Carelia del Norte, una región del este de Finlandia, fue el foco de un proyecto para reducir las enfermedades cardíacas en toda la comunidad. El Proyecto de Carelia del Norte fomentó alianzas entre los sectores de la alimentación, la educación, la salud y los medios de comunicación, así como con la ciudadanía de Carelia. El proyecto dio lugar a campañas de educación pública y formación en promoción de la salud para los trabajadores, fomentó elecciones alimentarias saludables y puso en marcha programas preventivos en centros comunitarios para abordar los factores de riesgo y las conductas asociados con las enfermedades cardíacas.

Esta iniciativa ha contribuido a reducir año tras año la mortalidad por cardiopatía coronaria antes de los 65 años. En 1995, la cardiopatía coronaria entre los hombres se había reducido un 73 % en comparación con los años anteriores al programa, y desde entonces ha seguido disminuyendo un 8 % al año.

Ciudades y estados de Estados Unidos están empezando a adoptar HiAP para mejorar la salud de sus comunidades. El Grupo de Trabajo de Salud en Todas las Políticas de California cuenta con representantes de 22 organismos estatales diferentes que trabajan para diseñar objetivos compartidos en materia de transporte, alimentación saludable y medio ambiente saludable. Los gobiernos municipales de San Francisco y Baltimore, así como el estado de Ohio también tienen iniciativas de HiAP que incorporan el transporte, el desarrollo y el empleo en sus programas de salud.

El modelo de HiAP del estado de Australia Meridional es uno de los más desarrollados del mundo. Su modelo integra la salud en todas las decisiones del gabinete y establece cómo pueden analizar las personas de distintos sectores el impacto de las medidas políticas en la salud.

Los investigadores constataron que los responsables de formular políticas en Australia Meridional son más conscientes del impacto de las políticas sociales en la salud y han establecido alianzas más sólidas entre los distintos sectores del gobierno. El programa aún es reciente, y las intervenciones de políticas a gran escala suelen tardar años en dar resultados, especialmente las dirigidas a las enfermedades crónicas.

La salud pública puede abrir camino hacia una sociedad más equitativa y saludable si sigue buscando soluciones a largo plazo mediante una investigación sólida en salud pública y fomenta políticas centradas en la salud en todos los ámbitos.

Este artículo se publica en colaboración con The Conversation. La publicación no implica que el Foro Económico Mundial respalde las opiniones expresadas.

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Autor: Thilina Bandara es estudiante de doctorado en Ciencias de la Salud Poblacional en la Universidad de Saskatchewan.

Imagen: Peregrinos hindúes esperan en fila para un examen de la vista en un campamento organizado por una organización no gubernamental (ONG) antes de emprender un viaje anual a la isla de Sagar para el festival de un día de «Makar Sankranti», en Calcuta, el 11 de enero de 2014. REUTERS.

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