¿Cómo puede Kenia proporcionar electricidad a todos?

¿Cómo puede Kenia proporcionar electricidad a todos?
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El acceso a la energía sostenible es vital para erradicar la pobreza. Creo que facilitar el acceso a energía asequible desencadena un efecto dominó: ilumina los hogares, proporciona agua potable, herramientas para comunicarse y aprender, mejora la salud y permite establecer y hacer crecer pequeñas empresas. El presidente del Banco Mundial, Jim Yong Kim, afirmó al incorporarse a la iniciativa Energía Sostenible para Todos en 2012: «Acabar con la pobreza y garantizar la sostenibilidad son los desafíos que definen nuestro tiempo. La energía es fundamental para ambos».

Hoy, alrededor del 75 % de los aproximadamente 41 millones de habitantes de Kenia vive en zonas rurales sin conexión a la red eléctrica. El Gobierno está poniendo en marcha un ambicioso plan de desarrollo, Visión 2030, cuyo objetivo es transformar Kenia en una economía de renta media para 2030. Su éxito depende de la capacidad del país para proporcionar electricidad asequible y fiable a unos 40 millones de kenianos en 15 años (sobre la base de un crecimiento demográfico anual proyectado del 2 %). Entonces, ¿cuál es la manera más eficaz de electrificar las zonas rurales de Kenia?

Según un artículo de 2012 de The Economist, «¿qué artilugio de plástico, que cabe cómodamente en una mano, puede mejorar más rápidamente la vida de las personas más pobres del mundo…? Durante la próxima década, será la lámpara solar». Yo también defiendo un mayor uso de productos de iluminación solar. Esto permitirá destinar el dinero que se gasta en queroseno a conseguir, con el tiempo, una conexión eléctrica completa. Kenia goza de una buena reputación por la facilidad con que se adapta a las nuevas tecnologías. Por tanto, cabe esperar una rápida adopción de estos productos solares una vez que se introduzcan en el mercado. El Banco Mundial impulsa esta causa mediante su iniciativa «Iluminando África».

Si ampliamos esta solución, podemos generar un cambio positivo que mejorará la vida de millones de personas. El apoyo de los bancos, las instituciones de microfinanzas y M-PESA, nuestra plataforma de dinero móvil, respalda la viabilidad de esta solución. Esto se hace realidad mediante la oferta de paquetes personalizados de alquiler con opción a compra, que tienen en cuenta que más del 50 % de la población sobrevive con menos de 1 dólar al día.

También opino que el suministro de electricidad no es ni debe ser una actividad monopolizada. Es un servicio público. Propongo aumentar la inversión en sistemas de energía renovable a pequeña escala y sin conexión a la red —también conocidos como microrredes— para complementar los esfuerzos del Gobierno por aumentar el suministro, principalmente mediante fuentes geotérmicas. La iniciativa «Beyond the Grid» apoya este modelo en África al proporcionar capital a los inversores.

A cambio, el Gobierno de Kenia debe proporcionar el marco regulatorio que permita prosperar a las microrredes, ofreciendo incentivos como tarifas de inyección a la red atractivas y aranceles cero para las importaciones de tecnologías renovables. El Banco Mundial puede apoyar esta labor aportando conocimientos técnicos y elaborando recomendaciones sobre modelos financieros que permitan sostener este tipo de inversión. Esta solución marcaría la mayor diferencia al apoyar a las empresas de las zonas rurales.

Concluiré con las palabras del secretario general de la ONU, Ban Ki-Moon: «Salvar nuestro planeta, sacar a las personas de la pobreza, promover el crecimiento económico: todo forma parte de una misma lucha».

Ha llegado el momento de que Kenia acoja este mensaje universal y atemporal de cambio para erradicar la pobreza: demos electricidad al pueblo.

Este artículo apareció originalmente en el blog Nasikiliza del Banco Mundial. La publicación no implica que el Foro Económico Mundial respalde estas opiniones.

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Autora: Martha Nasipwondi Wakoli trabajó recientemente como becaria en el Proyecto de Empoderamiento Juvenil de Kenia, en Nairobi.

Imagen: Vista aérea de Nairobi, capital de Kenia, el 13 de julio de 2001. REUTERS.

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