El coste oculto que el Brexit ya está teniendo para el Reino Unido

Anti-Brexit protesters shelter from the rain outside the Houses of Parliament, after Prime Minister Theresa May's Brexit deal was rejected, in London, Britain, January 16, 2019. REUTERS/Henry Nicholls - RC1197B73EC0
Stormy times for the economy: Anti-Brexit protesters in LondonImage: REUTERS/Henry Nicholls
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Como sugieren los principios rectores del Foro Económico Mundial de este año, abordar los mayores desafíos mundiales exige la colaboración de las empresas, los gobiernos y la sociedad civil. Como economista jefe de la CBI, la principal organización empresarial del Reino Unido, no podría estar más de acuerdo. El mayor desafío actual para el Reino Unido es evitar un Brexit sin acuerdo, que sería catastrófico para nuestra economía, el empleo y los medios de vida en todo el país. Ha llegado el momento de que los políticos unan fuerzas para alejar al país del precipicio de una salida sin acuerdo.

Pero el Brexit plantea otro desafío real, pues merma la capacidad del Gobierno del Reino Unido para abordar otros asuntos, incluida la capacidad de las empresas para invertir en nuevas tecnologías y competencias que transformarán la vida de todos.

En la CBI, reunimos a líderes empresariales de todos los sectores con responsables políticos para contribuir a crear una sociedad más justa, inclusiva y próspera. Las empresas están muy comprometidas con ofrecer más oportunidades en todas las regiones y naciones del Reino Unido, sobre todo porque el país presenta algunas de las mayores desigualdades regionales de Europa.

Para entender qué impulsa las diferencias en los niveles de vida en todo el Reino Unido, la CBI dirigió un estudio histórico titulado Impulsar el crecimiento regional, publicado seis meses después de que el Reino Unido votara a favor de abandonar la Unión Europea. El informe identificó cuatro factores principales que explican las diferencias de productividad: el nivel educativo alcanzado a los 16 años; mejores conexiones físicas y digitales entre nuestras ciudades y localidades; las prácticas de gestión; y la proporción de empresas que exportan e innovan.

Me hizo comprender de verdad la importancia de la educación para preparar a los jóvenes para una economía en transformación. Ya sea mediante estudios universitarios, formación profesional o un aprendizaje, la educación es esencial para aumentar la movilidad social. El papel de las empresas está claro. Un ejemplo es apoyar iniciativas excelentes como Teach First, que destina docentes con formación especializada a zonas donde los ingresos medios suelen ser más bajos. Otras medidas incluyen mejorar la orientación profesional en las escuelas, a través de la Careers and Enterprise Company, y garantizar que las prácticas sean remuneradas y estén disponibles para todos en igualdad de condiciones.

Desafíos mundiales

Pero las empresas también tienen un papel fundamental en la respuesta a problemas mundiales como la migración y el cambio climático; por eso es tan importante reunir a los líderes mundiales. El número de personas refugiadas ha aumentado drásticamente en los últimos años, sobre todo porque la guerra civil siria y otros conflictos han obligado a millones a huir de sus hogares y buscar refugio en países vecinos y en toda Europa.

Según el ACNUR, actualmente hay casi 70 millones de personas desplazadas por la fuerza, alrededor del 1 % de la población mundial. Al mismo tiempo, en Europa aumentan la escasez de competencias y el envejecimiento de la población. Sin embargo, a muchas de estas personas desplazadas se les impide aprovechar sus competencias para contribuir a los países que las acogen. A menudo desean ganarse la vida y participar en la sociedad en la que viven.

Los países de acogida pueden hacer mucho más para que las personas solicitantes de asilo puedan trabajar. Por eso la CBI apoya la coalición Lift the Ban y su campaña #Lifttheban, liderada por Refugee Action y Asylum Matters, cuyo objetivo es poner fin a la prohibición efectiva del Reino Unido que impide trabajar a las personas solicitantes de asilo.

Es cierto que permitir que las personas solicitantes de asilo participen en la actividad económica favorece la cohesión y la integración de las comunidades; pero, más allá de eso, es lo correcto. El empleo fortalece la autoestima y permite que quienes huyen de la violencia, o de la amenaza de violencia, tengan independencia económica para mantener a sus familias.

Pensemos ahora en el cambio climático. Las empresas también tienen aquí un papel fundamental: aportar la innovación y la inversión tan necesarias para desarrollar vías más sostenibles hacia una economía baja en carbono. El Reino Unido se ha comprometido a reducir las emisiones de carbono un 80 % para 2050, y las empresas están dispuestas a contribuir a cumplir este objetivo histórico. Esto es especialmente importante, pues la mayoría de los estudios rigurosos indican que las consecuencias del calentamiento del planeta incluirán cambios significativos en los desplazamientos de población.

Estos dos factores —la migración y el cambio climático— subrayan la necesidad de una cooperación internacional más amplia y eficaz entre todos los actores capaces de contribuir a aliviar los mayores desafíos mundiales.

Aunque las cifras más recientes disponibles del Banco Mundial muestran que, a escala mundial, cada vez menos personas viven en la pobreza extrema, tanto en los países desarrollados como en los países en desarrollo, hay abundantes pruebas de que las desigualdades están aumentando. Está bien documentado que esto ha propiciado el auge del populismo, que amenaza a las instituciones encargadas de garantizar la paz y la prosperidad.

Solo mediante un diálogo más significativo —entre empleados, empleadores, instituciones internacionales y países— se podrán afrontar con éxito las amenazas mundiales. Todos tenemos la responsabilidad de garantizar que las generaciones que nos sucedan vivan mejor. Y solo trabajando juntos podrán las empresas, los gobiernos y otras organizaciones hacerlo realidad.

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