¿Por qué las democracias de todo el mundo no logran frenar el aumento de la desigualdad? ¿Qué explica el ascenso de los partidos y políticos populistas? En un artículo reciente, el economista francés Thomas Piketty sostiene que la desigualdad y el populismo no solo están vinculados, sino que ambos pueden explicarse por cambios drásticos en el sistema tradicional bipartidista que favorecen a distintas élites.
A partir de datos históricos de Francia, Gran Bretaña y Estados Unidos, Piketty sugiere que los partidos de izquierda, que antes atraían y representaban a votantes con menor nivel educativo, ahora están más asociados con votantes con un alto nivel educativo. Por su parte, los partidos de derecha han atraído y representado sistemáticamente a votantes con mayores recursos económicos. Como consecuencia, «los votantes con bajo nivel educativo y bajos ingresos podrían sentirse abandonados». En resumen, el auge del populismo está relacionado con lo que Piketty denomina «el auge del elitismo».
El autor del exitoso libro El capital en el siglo XXI analizó encuestas poselectorales de 1948 a 2017 de los tres países, que tienen sistemas políticos muy diferentes. Resulta sorprendente que encontrara las mismas tendencias principales en los tres. Según sostiene, la creciente influencia de las élites educativas y económicas sobre el sistema de partidos «puede contribuir a explicar el aumento de la desigualdad y la falta de respuesta democrática ante ella, así como el auge del “populismo”».
Su argumento arroja luz sobre uno de los fenómenos más desconcertantes de la política y la economía modernas: que el crecimiento económico no parece traducirse en mejores niveles de vida para todos. De hecho, como ha demostrado un análisis del Foro Económico Mundial, un crecimiento más sólido no ha aliviado la extendida frustración social por la desigualdad y la inseguridad económica. La investigación de Piketty plantea la pregunta de quién representa a quienes se encuentran en la base de la pirámide social.
Estos son los tres principales hallazgos del artículo de Piketty, «La izquierda brahmánica frente a la derecha mercantil: aumento de la desigualdad y cambio de la estructura del conflicto político»:
1. El auge de la «izquierda brahmánica»
Piketty señala que en las décadas de 1950 y 1960 predominaba un sistema basado en las clases, dividido por la riqueza y la educación. Los partidos de izquierda de Francia, el Reino Unido y Estados Unidos tendían a atraer a votantes con menor nivel educativo y menores ingresos. Los partidos de derecha tendían a atraer a votantes con más estudios y mayor riqueza. Por tanto, la izquierda promovía los intereses de las personas pobres y con menor nivel educativo, por ejemplo, al pedir la redistribución y otras medidas para mejorar la igualdad.
Sin embargo, desde las décadas de 1970 y 1980, la izquierda ha atraído gradualmente a más votantes con un alto nivel educativo, hasta el punto de que la «élite intelectual» que Piketty denomina los «brahmanes» —por la categoría tradicionalmente más instruida del sistema de castas de la India— ahora vota por la izquierda.
De hecho, «cuanto más alto es el nivel educativo, mayor es el voto a la izquierda». En Estados Unidos, por ejemplo, en las décadas de 1950 y 1960 los graduados universitarios votaban mucho más por los candidatos republicanos; ahora votan más por los demócratas. Este efecto se acentúa cuanto mayor es el nivel educativo del votante. En 2016, el 76 % de los votantes estadounidenses con un doctorado votó por el candidato demócrata, frente al 44 % de quienes habían terminado la educación secundaria.
En Gran Bretaña, la división educativa ha sido más marcada y rígida. En las décadas de 1950 y 1960 era muy poco frecuente que los votantes con estudios eligieran al Partido Laborista, y les llevó mucho tiempo orientarse hacia la izquierda. Piketty lo atribuye a las divisiones de clase más arraigadas de Gran Bretaña.
¿Por qué cambiaron de opinión los votantes con estudios? Piketty dice que se necesita más investigación, pero una de las razones podría ser la globalización y la migración. Los votantes con un alto nivel educativo quizá se beneficien más de la apertura económica y cultural, y podrían votar por la izquierda debido a su perspectiva, por lo general, más internacionalista.
2. La persistencia de la «derecha mercantil»
Aunque la división entre izquierda y derecha según el nivel educativo se ha invertido, la división por riqueza persiste. En los tres países, los votantes con mayor riqueza o ingresos —los «mercaderes», o élite empresarial— tendían a votar por la derecha en el pasado y siguen haciéndolo. En general, los partidos de derecha han promovido políticas que benefician a quienes más ganan, como los impuestos bajos. Esto significa que ahora ambos lados del espectro político representan a grupos que ya ejercen influencia, ya sea en términos intelectuales o económicos.
En Estados Unidos, por ejemplo, Piketty observa que la élite educativa vota por los demócratas, mientras que quienes más ganan votan por los republicanos. En Gran Bretaña, «los votantes con mayor nivel educativo ahora apoyan firmemente al Partido Laborista, mientras que quienes tienen ingresos altos apoyan firmemente al Partido Conservador». En Francia, también, el alto nivel educativo inclina el voto a la izquierda, mientras que los ingresos altos lo inclinan a la derecha.
Resulta sorprendente que esta tendencia general se cumpla en los tres países, pese a las profundas diferencias entre sus sistemas e historias.

3. ¿Qué futuro les espera a los votantes pobres y con menor nivel educativo?
Piketty cree que el sistema actual, dominado por las élites, podría seguir evolucionando. Una posibilidad es que surja una nueva división entre los «globalistas», con estudios, altos ingresos y favorables a la migración, y los «nativistas», con menor nivel educativo, más pobres y contrarios a la migración. Como dice Piketty: «La globalización y la expansión de la educación han creado nuevas dimensiones de desigualdad y conflicto».
En las recientes elecciones de Francia y Estados Unidos, por ejemplo, los votantes con ingresos altos se estaban inclinando por Emmanuel Macron y Hillary Clinton, respectivamente, ambos más cercanos a la izquierda, quizá como señal de un realineamiento entre globalistas y nativistas. Según Piketty, en Gran Bretaña la postura de Jeremy Corbyn a favor de la redistribución hace menos probable este desplazamiento de los votantes con ingresos altos hacia la izquierda.
El análisis de Piketty puede explicar en parte el auge de los populistas. También muestra por qué el crecimiento económico por sí solo no ha logrado aplacar el descontento social en todo el mundo. En un sistema con múltiples élites, ningún partido importante tiene un incentivo sólido para garantizar que el crecimiento sea inclusivo. Y sin acción política, es probable que la desigualdad persista o incluso empeore. Quienes se quedan atrás pueden verse poco representados por los partidos mayoritarios y tienen más probabilidades de buscar alternativas.
Esto coincide con algunos de los hallazgos del Índice de Desarrollo Inclusivo, que aporta pruebas de que el crecimiento por sí solo no promueve el progreso socioeconómico. Según el índice, de hecho, la correlación del crecimiento con indicadores de una inclusión social más amplia, como el empleo y la desigualdad, es bastante débil. En conjunto, el análisis histórico de Piketty y los datos del Foro destacan la desigualdad como uno de los problemas más apremiantes de nuestro tiempo, capaz de transformar drásticamente nuestras democracias.





