Alemania lleva actualmente la delantera en innovación, en parte gracias a la rapidez con la que desarrolla nuevas tecnologías, como los coches sin conductor.
En el último Informe sobre Competitividad Global, del Foro Económico Mundial, Alemania se situó en primer lugar como la economía más innovadora del mundo, con una puntuación de 87,5 sobre 100 en el pilar de capacidad de innovación, uno de los 12 factores que determinan la productividad de un país.

Superó a Estados Unidos, la economía más competitiva del mundo, que ocupó el segundo puesto en innovación (86,5), seguido de Suiza en tercer lugar (82,1).
Según el nuevo índice, la rapidez con la que los países pueden adoptar nuevas ideas, métodos y productos les otorgará una ventaja competitiva a medida que avanza la Cuarta Revolución Industrial.
¿Por qué es tan importante la innovación?

Con las vías tradicionales hacia el crecimiento y el éxito en plena transformación, ya no basta con depender de la reducción de costes y la eficiencia, según el informe del Foro.
Por el contrario, los países capaces de pasar de la generación de ideas a la comercialización exitosa de un producto con mayor rapidez, dentro de un ‘ecosistema de innovación’ fértil compuesto por diversos factores, tendrán la mayor productividad.
Este ecosistema de innovación se mide a través de cinco subpilares, tal como se recoge en el gráfico anterior: comercialización, interacción y diversidad, requisitos administrativos, investigación y desarrollo, y cultura emprendedora.
Sin embargo, otros factores determinan la capacidad de un país para innovar, entre ellos la adopción de las TIC, la calidad de la educación y la intensidad de la competencia.

La capacidad de innovación obtuvo la puntuación mediana más baja de los 12 pilares, con apenas 36, lo que demuestra que la mayoría de los países tienen dificultades para reunir todos los factores necesarios.
En general, las economías de ingresos altos obtuvieron mejores puntuaciones en los cinco subpilares clave, lo que demuestra que sus ecosistemas de innovación están más desarrollados.
Los dos ‘superinnovadores’, Alemania y Estados Unidos, se distinguieron de otros innovadores, como Corea y Japón, por los factores ‘más blandos’ de la innovación, que se incluyen en los subpilares de cultura emprendedora e interacción y diversidad.
Pero ninguna economía es un ‘innovador perfecto’, y todas tienen aún mucho camino por recorrer para superar los desafíos y aprovechar las oportunidades que plantea la Cuarta Revolución Industrial.
¿Qué convierte a Alemania en un superinnovador?
La posición de Alemania como el principal innovador del mundo se debe en parte al gran número de ideas que genera, muchas de ellas en la industria automovilística, donde se centra en la movilidad conectada digitalmente, los vehículos sin conductor y la movilidad eléctrica.
En el índice del Foro, el país que inventó el reproductor MP3 y la pila de combustible ocupó el quinto puesto en solicitudes de patentes, con 295,32 por millón de habitantes.
El índice también reveló que un alto grado de sofisticación de los compradores (66,1) hacía que las empresas se viesen constantemente obligadas a innovar, mientras que los innovadores se beneficiaban de un sector empresarial dinámico que les permitía llevar sus innovaciones al mercado (81,6, segundo puesto).
Para ello, destina el 2,9 % del PIB a investigación y desarrollo (I+D), lo que le sitúa en el décimo puesto.
Mientras algunos gobiernos respondieron a la crisis económica mundial recortando el gasto en I+D, Alemania en realidad aumentó la financiación destinada a las pequeñas y medianas empresas y a los proyectos de movilidad eléctrica.
En 2016, su gasto interno bruto en I+D (GERD) volvió a los niveles previos a la crisis, con 123 000 millones de dólares en paridad de poder adquisitivo (PPA), según el Índice Mundial de Innovación 2018, que situó a Alemania en noveno lugar.

Este compromiso con la I+D significa que los fabricantes de automóviles alemanes están dando forma al futuro. En 2017 se solicitaron 2633 patentes en el ámbito de los vehículos sin conductor, un aumento del 14 % con respecto a 2016. Volkswagen, el mayor fabricante de automóviles del mundo, invirtió 11 600 millones de euros en I+D en 2017, lo que le sitúa en quinto lugar mundial en gasto en I+D, por detrás de Amazon, que ocupa el primero con 20 100 millones de euros.
En 2017 se registraron un total de 128 921 patentes en la Oficina Alemana de Patentes y Marcas (DPMA), la mayor de Europa y la quinta del mundo, y una de cada tres solicitudes de patentes en Europa procedió de Alemania.
Como explica la DPMA: “La protección de las empresas innovadoras hace que las empresas individuales, y Alemania como lugar para la industria, sean más competitivas. Los consumidores también se benefician de los productos innovadores.”
Sin embargo, nada de esta innovación sería posible sin las instituciones de investigación públicas y privadas. En el índice del Foro, Alemania ocupó el tercer puesto en calidad de sus publicaciones de investigación y el cuarto en calidad de sus instituciones, con una puntuación de 100 en ambos casos.
Cuenta con más de 1000 instituciones públicas y de financiación pública dedicadas a la ciencia, la investigación y el desarrollo, casi 600 redes y agrupaciones de investigación e innovación, y 614 000 empleados en I+D, de los cuales 358 000 son investigadores.
El objetivo principal del país, tal como lo describe el Ministerio Federal de Educación e Investigación en su Estrategia de Alta Tecnología, es que la ciencia y la industria trabajen juntas para “situar a Alemania en el camino para convertirse en el líder mundial de la innovación”.
Busca encontrar “respuestas creativas a los desafíos urgentes de hoy, ya sea la planificación urbana sostenible, las fuentes de energía respetuosas con el medio ambiente, la medicina personalizada o la sociedad digital”.
Según el Informe sobre Competitividad Global del Foro, parece que Alemania va por buen camino.



