Tras décadas de registrar el crecimiento económico más rápido del mundo, la economía china ha empezado a desacelerarse. Quizá sea inevitable, dado que se mantuvo una tasa de crecimiento anual promedio de alrededor del 10% durante casi treinta años tras las reformas económicas introducidas por Deng Xiaoping a finales de la década de 1970.
Pero un ámbito en el que China sigue avanzando es el número de empresas privadas que se crean. China simplificó el proceso de registro de empresas en febrero de 2014, y desde entonces se ha producido un enorme aumento en el número de nuevos registros. Según la Administración Estatal de Industria y Comercio, en 2014 hubo 3,65 millones de nuevos registros, un aumento del 46% respecto a 2013.
Estas empresas privadas han impulsado el crecimiento económico de China en las últimas décadas, y sus perspectivas de futuro desempeñan un papel importante en la transición continua del país hacia convertirse en la mayor economía del mundo.
Un sector privado en crecimiento
Antes del reciente aumento de los registros empresariales, China ya había pasado de tener una economía mayoritariamente estatal a una economía de predominio privado. En 2012, la Administración Estatal de Industria y Comercio, que registra nuevas empresas en todo el país, informó que había más de 50 millones de empresas privadas registradas y activas, 40 millones de las cuales eran pequeñas «empresas familiares». Se trata de un cambio enorme respecto de 1978, año en que comenzaron las reformas económicas, cuando solo había 140.000 empresas privadas registradas, que generaban menos del 1% de la actividad económica.
El sector privado representa ahora al menos tres cuartas partes de la economía china, y posiblemente más. Las empresas privadas crean el 90% de los nuevos puestos de trabajo y son el principal empleador en muchas zonas de China.
Mientras tanto, a medida que el sector privado ha crecido, el sector estatal se ha reducido. En las ciudades chinas, donde vive ahora la mayoría de la población, las estadísticas nacionales muestran que los puestos de trabajo en las empresas estatales han caído de más del 70% del empleo total en 1990 al 25% en 2012.
Lo más llamativo de esta transformación es que es reciente. El sector privado no despegó realmente hasta principios de la década de 2000, tras la privatización generalizada de pequeñas empresas estatales y de empresas rurales de propiedad colectiva en municipios y aldeas. En la década de 1980 y durante buena parte de la de 1990, a los empresarios privados les resultaba más fácil registrarse como empresas colectivas (es decir, estatales) que como empresas privadas, lo que desalentaba el emprendimiento abierto.
El papel del Gobierno
La aparición de las empresas privadas como motor del crecimiento económico de China durante los últimos diez años ha sido uno de los cambios estructurales más importantes del país desde el inicio del actual período de reformas. Supone una reestructuración fundamental de la propiedad de la economía, que pasa del Estado a manos privadas. Se trata de un cambio importante que elimina uno de los principios fundamentales del Partido Comunista Chino: que el Estado es propietario de los medios de producción.
Sin embargo, el paso de la propiedad estatal a la privada no significa que el Gobierno y el Partido hayan pasado a ser actores secundarios en la economía china. El Estado sigue desempeñando un papel importante al configurar los mercados, apoyar a las empresas estatales y crear las condiciones generales para que crezcan las empresas.
Muchas empresas privadas, en particular las que cotizan en las bolsas chinas de Shanghái y Shenzhen, están en realidad bajo control estatal mediante participaciones accionariales y medios informales para mantener la influencia. En este contexto, el Estado chino y el Partido Comunista siguen favoreciendo y apoyando a las empresas estatales, ofreciéndoles oportunidades de mercado, financiación, apoyo político y patrocinio que no están al alcance de los empresarios privados.
Crecimiento continuo
El desarrollo continuo del sector privado determinará el crecimiento económico futuro de China. Para hacerlo posible, el Gobierno chino debería fomentar el desarrollo del sector privado de las seis maneras siguientes:
Crear las condiciones macroeconómicas adecuadas. El Gobierno chino puede seguir creando las condiciones generales para el crecimiento económico. Por ejemplo, una política monetaria adecuada y la inversión continua en infraestructuras crearán oportunidades para que los empresarios hagan crecer sus negocios. Mantener el estímulo de la economía y abrir los mercados a una competencia cada vez más transparente contribuirá especialmente al crecimiento del sector privado.
Dar prioridad al sector privado. El Gobierno puede procurar que parte de este desarrollo macroeconómico general se dirija específicamente al sector privado. Por ejemplo, podrían adjudicarse más contratos para grandes proyectos a empresas privadas en lugar de estatales, y abrirse más la contratación pública al sector privado. Es necesario aflojar la estrecha relación entre el Estado y las grandes empresas que posee y favorece.
Apoyar y patrocinar a los empresarios. El Estado puede brindar un apoyo más específico al sector privado, tanto directamente para posibilitar su crecimiento como indirectamente mediante políticas y regulaciones favorables a las empresas privadas. El Estado también puede promover activamente y en público el emprendimiento, defendiendo las empresas emergentes y la propiedad privada como una opción profesional valiosa y positiva.
Proteger la propiedad. El Estado puede reforzar la protección de la propiedad privada y aplicar de manera más activa la Ley nacional de propiedad de 2007. En particular, defender los derechos de propiedad privada ante los tribunales y encontrar mecanismos para ayudar a los empresarios a aclarar y registrar sus derechos sería un paso positivo. Además, como parte de la actual campaña contra la corrupción, se podría hacer más para evitar que los funcionarios expropien empresas privadas.
Invertir en empresas nuevas y en crecimiento. La mayoría de los nuevos puestos de trabajo y de la riqueza los crea un pequeño grupo de empresas nuevas que crecen rápidamente y amplían sus operaciones poco después de su creación. Podrían ponerse más fondos, y de mejor calidad, a disposición de los empresarios privados que gestionan este tipo de negocios. Los bancos estatales de China siguen favoreciendo a las empresas estatales y son menos competitivos a la hora de conceder préstamos al sector privado. Un sistema sólido de inversión centrado en las empresas privadas también inyectaría el capital tan necesario para estimular el crecimiento empresarial.
Apoyar y financiar la innovación en el sector privado. Desarrollar una infraestructura nacional de innovación más sólida que implique estrechamente a las empresas privadas permitiría crear una economía más competitiva. Gran parte de la investigación y el desarrollo de China se financia en empresas estatales y ministerios del Gobierno. Abrir este ámbito a las empresas privadas y encontrar formas de financiarlas daría lugar a una economía mucho más innovadora.
Este artículo se publica en colaboración con The Conversation. La publicación no implica que el Foro Económico Mundial respalde estas opiniones.
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Autor: Andrew Atherton es vicerrector adjunto y profesor de Emprendimiento en la Universidad de Lancaster.
Imagen: Peatones caminan bajo faroles rojos instalados recientemente como adornos para el Año Nuevo chino. REUTERS/Aly Song.


