Una de las preguntas que más me hacen como director ejecutivo de una empresa global, que opera en más de 200 países y territorios, es: «¿Me preocupa el auge del proteccionismo?».
Mi respuesta es más optimista de lo que podría pensarse.
Sí, el proteccionismo está en auge. Pero existen poderosas fuerzas contrarias. Lo más significativo es que la digitalización permite que las conexiones individuales se multipliquen por todo el mundo. En mi opinión, este es el nuevo globalismo. No lo impulsan las corporaciones ni los gobiernos, sino las personas. Y no puede volver a meterse en la botella.

El auge del proteccionismo afecta tanto al mundo físico como al digital
No cabe duda de que, a pesar de la conectividad sin precedentes, las naciones del mundo parecen replegarse hacia dentro. Desde la recesión, las 60 economías más importantes del mundo han adoptado más de 7.000 medidas comerciales proteccionistas. Muchos países están reforzando sus fronteras físicas. Los partidos políticos nacionalistas han ganado terreno en todo el mundo.
Además del nacionalismo político, estamos siendo testigos del auge del proteccionismo digital. Se están levantando fronteras incluso en el mundo digital, donde los países intentan restringir qué datos pueden enviarse al extranjero. Esta tendencia se denomina «localización de datos» e implica que, en lugar de permitir que los datos fluyan libremente a través de las fronteras, las empresas están obligadas a crear copias espejo de los datos que almacenan, y en algunos países el control pasa directamente a las autoridades de supervisión locales.

Las plataformas en línea construyen un millón de puentes culturales y económicos
Sin embargo, a pesar de estas tendencias proteccionistas, la tecnología está modificando el equilibrio de poder y transformando las economías al permitir que las personas construyan sus propios puentes globales.
El trabajo del Instituto Mundial McKinsey sobre la globalización digital muestra la forma en que las personas impulsan la conexión global mediante el uso de plataformas digitales para relacionarse con amigos y familiares, cursar estudios, encontrar empleo y comerciar. Las pequeñas empresas de todo el mundo se están convirtiendo en «micromultinacionales» al utilizar plataformas digitales como WU EDGE, eBay, Amazon y Alibaba para conectarse con clientes y proveedores de otros países. Y más de 900 millones de personas tienen conexiones internacionales en las redes sociales.
Las cosas buenas ocurren cuando las personas están conectadas globalmente
Para mí, esto es positivo. Creo que, cuando las personas están conectadas globalmente, ocurren cosas buenas.
En parte, la razón es práctica: creo que los grandes problemas que enfrenta el mundo en las próximas décadas, como la desigualdad, el cambio climático, el desempleo y el acceso a la educación y la salud, no serán resueltos por gobiernos u organizaciones individuales. Requerirán trabajo en equipo global.
Parte de mi entusiasmo es personal. He visto lo que las conexiones globales han hecho por mi propia vida y por la de quienes me rodean. Soy hijo de una madre austriaca católica y de un padre turco musulmán, y me crie en Estambul, celebrando tanto la Navidad como el Eid. Estudié en la universidad de Viena, me casé con una mujer indo-austriaca y ahora vivo en Estados Unidos.
La conectividad global debe ser más inclusiva
Sin embargo, aunque soy un firme defensor de la conexión global, creo que es fundamental moldear el nuevo globalismo para que sea más inclusivo. La realidad es que, si bien la tecnología permite que las personas participen directamente en la economía global, todavía hay muchas personas que quedan excluidas.
En los últimos años, Western Union ha estado impulsando nuevas colaboraciones que garantizan que los beneficios de la economía global actual lleguen a todos los sectores de la sociedad.
Como ejemplo, Western Union anunció recientemente una nueva opción de pago con Amazon que permite a los clientes internacionales comprar en todo el mundo y pagar localmente, en persona, en los puntos de agentes de Western Union en determinados países, sin necesidad de una tarjeta de crédito o débito habilitada para operaciones internacionales.
Hay muchas comunidades desatendidas que desean un mayor acceso a la variedad de productos y a los precios competitivos que puede ofrecer el comercio electrónico, pero pagar esas compras ha sido un obstáculo real para las personas que prefieren pagar en persona o que no se sienten cómodas usando métodos de pago en línea.
También impulsamos a Safaricom, una empresa keniana que ha revolucionado la inclusión financiera con su monedero electrónico, para facilitar que las personas envíen dinero desde Kenia para su pago en la red global de Western Union, abriendo un mundo de conectividad más allá de las fronteras.
La colaboración impulsa la inclusión
Mediante la colaboración, permitimos que las personas y otras empresas se desplacen con la misma facilidad entre los mundos digital y físico del dinero, utilizando la combinación de nuestra emblemática red minorista y nuestra red digital de rápido crecimiento.
Estas colaboraciones favorecen las oportunidades globales al conectar a comunidades previamente desatendidas con las redes que impulsan la economía global, incluidos el comercio y los pagos. Confío en que iniciativas como estas seguirán dando forma a un globalismo más inclusivo y equitativo, puente global a puente global.



