Bitcoin cumple 10 años: así empezó y hacia dónde se dirige

Bitcoin.com buttons are seen displayed on the floor of the Consensus 2018 blockchain technology conference in New York City, New York, U.S., May 16, 2018. REUTERS/Mike Segar - RC1B17B79620
The idea was covered in a white paper just 9 pages long.Image: REUTERS/Mike Segar
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Una misteriosa entidad anónima conocida como «Satoshi Nakamoto» publicó un libro blanco el 31 de octubre de 2008, titulado «Bitcoin: un sistema de efectivo electrónico entre pares». Fue la primera vez que el concepto de Bitcoin salió a la luz. Pero, fuera de las listas de correo de los cypherpunks —que promovían el uso de tecnologías para mejorar la privacidad—, este acontecimiento pasó prácticamente inadvertido. Diez años después, ¿quién no ha oído hablar al menos de la criptomoneda?

En apenas nueve páginas, el libro blanco explicaba cómo funcionaría el sistema Bitcoin. Ya se habían hecho muchos intentos de crear efectivo electrónico, desde los tiempos del informático David Chaum y su «Digicash» desarrollado en la década de 1980. Mediante una compleja combinación de técnicas criptográficas, Digicash permitía que las personas se pagaran entre sí anónimamente por internet y, al mismo tiempo, impedía que los usuarios enviaran el mismo dinero a dos personas distintas a la vez (el llamado «problema del doble gasto»).

Durante un tiempo, Digicash ganó aceptación. Incluso entidades como Deutsche Bank lo adoptaron, y cada vez más comercios empezaron a aceptarlo. Frente a los sistemas basados en crédito de Visa, Mastercard y, más tarde, Paypal, algunas personas al menos veían las ventajas de una moneda que permitía realizar micropagos con comisiones por transacción extremadamente bajas. A cualquiera con tendencias libertarias le encantaba la idea de usar una moneda fuera del control de cualquier autoridad.

Pero Visa y Mastercard redoblaron sus esfuerzos y ganaron la batalla por el dominio de los pagos. Parecía que la lucha había terminado, pero algunos cypherpunks se negaron a rendirse. Adam Back creó «Hashcash» en 1997, que, junto con el «b-money» de Wei Dai (ambos citados en el libro blanco de Nakamoto) y el «Bitgold» de Nick Szabo fueron los últimos esfuerzos importantes por crear un sistema de efectivo en línea antes de Bitcoin. La idea se desvaneció tras el estallido de la burbuja puntocom de 2000-02. Nakamoto la rescató en 2008.

La visión de Nakamoto

Los intentos anteriores estuvieron cerca de crear efectivo digital seguro, pero siempre se toparon con un gran problema: la necesidad de un tercero de confianza, como un banco, que mantuviera el sistema de algún modo. El libro blanco de Nakamoto resolvió este problema al distribuir el proceso de mantenimiento de un registro público totalmente transparente (conocido como cadena de bloques) entre una red de «mineros» que compiten entre sí. Mientras ningún minero controle más de la mitad de la capacidad de computación de toda la red, el sistema es seguro.

La criptografía, la informática y, ahora, de manera crucial, un elaborado sistema de incentivos económicos se combinaron en una obra de ingenio asombrosa. Por fin se había hecho realidad la visión de los cypherpunks: mejorar la privacidad, limitar el poder del Gobierno y aumentar su transparencia.

¿O no? Si el fracaso de Digicash dejó alguna lección, fue que se podía inventar un sistema brillante, pero había que convencer a la gente para que lo usara, aunque nunca pudiera llegar a comprender cómo funciona en realidad. Con Bitcoin hemos visto un entusiasmo extraordinario, con auges y desplomes de precios astronómicos, y miles de criptomonedas derivadas y cadenas de bloques privadas que no son más que variantes de la original.

Podría decirse que Ethereum es una de las derivaciones más importantes. Muestra cómo la tecnología de cadena de bloques puede combinarse con contratos inteligentes, lo que potencialmente ofrecería una forma descentralizada y sin costes de sustituir al colosal ejército mundial de industrias de servicios basadas en la confianza del que depende el dinero convencional.

Sin embargo, solo hay una cadena de bloques existente que se ajusta a la visión de Nakamoto: Bitcoin Cash, una llamada «bifurcación dura» de Bitcoin que, en general, comparte su historia y protocolo, salvo por dos detalles cruciales. Los bloques de su cadena son nada menos que 32 veces más grandes que los de Bitcoin original, y siguen creciendo. Más transacciones por bloque significan comisiones más bajas por transacción, lo que allana el camino para su adopción mundial. Además, se han reactivado códigos integrados que estaban deshabilitados en el Bitcoin original, lo que podría permitir todas las capacidades de los contratos inteligentes de Ethereum.

¿Se ha cumplido la visión?

El propio libro blanco no explicita sus objetivos, pero su principal propósito implícito está claro: crear una forma segura de efectivo en línea que no dependa de un tercero de confianza. Esto ya se ha demostrado como concepto. La única pregunta que queda es hasta qué punto se adoptará.

Image: Atlanta Tech

Una pista reciente sobre la respuesta quizá se encuentre en pleno corazón del distrito financiero de Londres, Canary Wharf. Allí, la empresa Brewdog lanzó recientemente un evento promocional en el que aceptaba Bitcoin Cash como medio de pago. Procesar pagos les resulta más barato que hacerlo con tarjetas de crédito, incluso teniendo en cuenta el coste de convertir Bitcoin Cash de nuevo a libras esterlinas. Hace poco, las empresas informáticas Newegg y Microsoft también empezaron a aceptar Bitcoin Cash como medio de pago.

En otros lugares, cada vez más países en desarrollo, como Sudáfrica, experimentan con entusiasmo con nuevas aplicaciones que almacenan Bitcoin Cash, como Centbee, que pueden ayudar a quienes no pueden abrir cuentas bancarias. Una nueva aplicación desarrollada en España llamada HandCashapp y un concepto aún más audaz llamado The Money Button apuntan a un paradigma completamente nuevo de micropagos automáticos por clic, que también podría significar el fin de los anuncios emergentes en los contenidos populares de internet.

En cierto sentido, es posible que la visión de Nakamoto ya se haya hecho realidad, pero ¿reemplazará Bitcoin Cash permanentemente a todas las monedas fíat y se convertirá en una moneda mundial? La World Wide Web llegó en 1990, y podría decirse que hicieron falta un colapso drástico y 20 años para que se materializara su verdadero potencial comercial. En 2028, quizá no sea descabellado pensar que la tecnología que sustenta Bitcoin hará lo mismo por el dinero mundial y por todos los servicios financieros, jurídicos y de otro tipo basados en la confianza.

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