Comunidades de todo el mundo están ideando soluciones lideradas localmente para ayudar a otras comunidades a adaptarse a los efectos del cambio climático.
El desafío de esta década es cómo apoyar y financiar con urgencia iniciativas de resiliencia climática a escala mundial.
La colaboración en toda la economía nos permitirá globalizar la adaptación climática liderada localmente sin perder el enfoque local.
Personas de todo el mundo están ideando formas adaptadas a cada lugar para ayudar a las comunidades a adaptarse a los efectos del cambio climático y prosperar pese al agravamiento de las sequías, las inundaciones, las enfermedades, el calor, el frío, las tormentas y otros cambios.
El desafío de la década de 2020 es conciliar la necesidad de apoyar y financiar este trabajo sobre el terreno con la de crear resiliencia climática a escala mundial, con urgencia.
La resiliencia varía según las condiciones locales, las culturas, los ecosistemas, las industrias y los impactos. Una comunidad quizá necesite sistemas de alerta temprana; otra, diversificar sus cultivos; y otra, restaurar sus manglares.
Soluciones lideradas localmente para la resiliencia climática mundial
Quizá por eso, el trabajo de adaptación climática no ha atraído tanta financiación ni atención como los proyectos de reducción de emisiones. Esto debe cambiar. Debemos reunir soluciones lideradas localmente en coaliciones mundiales que transmitan mensajes comunes —por ejemplo, sobre agricultura regenerativa o restauración de manglares— sin perder de vista cómo aplicar estas soluciones localmente en todo el mundo.
Unirse como una sola fuerza de este modo dará mayor influencia a las personas y organizaciones que trabajan para crear resiliencia, para que influyan en los acuerdos multilaterales, las inversiones, las estrategias empresariales y las políticas de los gobiernos locales de todo el mundo, y compartan enseñanzas e innovaciones.
La iniciativa respaldada por la ONU Race to Resilience ya trabaja para fomentar la colaboración y amplificar esos mensajes generales. La campaña, lanzada el año pasado por los Campeones de Alto Nivel de las Naciones Unidas para el Cambio Climático, moviliza a empresas, inversores, ciudades y regiones en torno a esfuerzos sólidos para crear resiliencia de aquí a 2030 para los 4.000 millones de personas más expuestas al riesgo del cambio climático, y establece métricas para medir los avances.
Crece la comprensión del trabajo de resiliencia
Está creciendo la comprensión mundial del trabajo de resiliencia climática. En la COP26 de la ONU del año pasado en Glasgow, las personas que viven los efectos del cambio climático y se adaptan a ellos tuvieron una nueva plataforma para compartir sus experiencias: el Resilience Hub. Sus eventos dejaron claro que la preocupación climática más apremiante para muchos es la necesidad de desarrollar resiliencia ante las pérdidas y las perturbaciones que ya están sufriendo.
Por ejemplo, supimos cómo la Unidad de Emergencias YAKKUM en Indonesia trabaja con grupos locales de mujeres para sensibilizarlas sobre los efectos del cambio climático, evaluar los desafíos y permitirles proponer medidas. Después, YAKKUM las ayuda a acceder a financiación, lo que beneficia también a las familias y comunidades a las que estas mujeres apoyan.
Supimos cómo el Consejo del Área de Mansakonko de Gambia ayuda a mejorar la empleabilidad de jóvenes y mujeres, ampliar su acceso a financiación y formación técnica, y crear puestos de trabajo. El dinero se destina a proyectos muy necesarios, como construir puentes, crear huertos y mantener carreteras, y la gestión sigue siendo local.
También conocimos cómo la Federación de Personas Sin Hogar de Filipinas ha construido viviendas y comunidades nuevas para las personas desplazadas por tifones. Trabaja con académicos y arquitectos para construir viviendas asequibles que resistan los vientos de los tifones y reduzcan las emisiones. Ahora, los gobiernos locales consultan a la federación sobre protección contra inundaciones, planificación de refugios urbanos y desarrollo económico local.
Estas conversaciones continuarán en el Resilience Hub durante la COP27 de noviembre en Sharm el-Sheij, Egipto. Sin embargo, a muchos les preocupa que, aunque se escuchen estas voces, no se actúe en consecuencia.
Se necesita más acción en materia de resiliencia climática
Es cierto: aún es necesario fortalecer el vínculo entre las decisiones políticas y las iniciativas que surgen en ciudades, regiones, la sociedad civil, las entidades financiadoras y el sector privado. Pero la acción en la economía real impulsará a los gobiernos a elevar sus ambiciones.
Las empresas, los inversores, las ciudades y las regiones se adelantan y llevan a los gobiernos a elevar sus objetivos; esto, a su vez, permite al sector privado, las ciudades y las regiones avanzar más y más rápido, y así sucesivamente, en un ciclo de ambición.
El ciclo de ambición ya está elevando los objetivos de reducción de emisiones en toda la economía. Ahora debe extenderse a la resiliencia. La mitigación evitará nuevos impactos, pero no bastará, porque ya vivimos en una era de cambio climático y pérdidas.
Hasta 3.600 millones de personas son muy vulnerables al cambio climático, según el informe científico del Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático publicado en febrero. Millones de personas están expuestas a la escasez de alimentos y agua, y su salud física y mental se deteriora debido al calor extremo, la mayor propagación de enfermedades y los traumas.
Invertir en resiliencia climática para minimizar las pérdidas
Estas pérdidas deben seguir ocupando un lugar central en todos nuestros esfuerzos para abordar el cambio climático durante esta década. Podemos minimizar las pérdidas y los daños futuros invirtiendo en resiliencia climática y garantizando que las personas más vulnerables puedan recuperarse más rápidamente de los desastres; por ejemplo, movilizando financiación para riesgos y mejorando la preparación para responder a los desastres.
Están surgiendo iniciativas de este tipo, muchas de ellas a través de Race to Resilience. El Índice Mundial de Resiliencia mejorará la forma en que las aseguradoras, las entidades financieras y los inversores miden la resiliencia de los países, las empresas y las cadenas de suministro.
La iniciativa Scale for Resilience tiene como objetivo facilitar a 3 millones de pequeños agricultores el acceso a soluciones basadas en la naturaleza y a las condiciones necesarias para financiarlas; mientras tanto, el proyecto Desarrollar la conciencia del riesgo mediante la acción conjunta utiliza datos, telecomunicaciones y medios locales para mejorar los servicios meteorológicos y de información, incluidos los sistemas de alerta temprana, en Tanzania y Kenia.
El Pacto Climático de Glasgow insta a las ciudades, regiones, empresas e inversores a hacer más para abordar las pérdidas y los daños. En respuesta, los Campeones de Alto Nivel convocarán reuniones a lo largo del año para identificar medidas de actores no estatales que aborden las pérdidas relacionadas con el clima.
Mediante este tipo de colaboración en toda la economía, empezaremos a globalizar la resiliencia climática liderada localmente, sin perder nunca el enfoque local.




