Los responsables de dos importantes bancos centrales europeos publicaron una carta abierta en la que advertían recientemente que el cambio climático supone un riesgo financiero significativo para la economía mundial. La carta fue firmada también por la Red para Ecologizar el Sistema Financiero (NGFS), un grupo de 34 bancos centrales, y subraya que los efectos económicos del cambio climático ya se sienten en todo el mundo. Los autores de la carta fueron Mark Carney, gobernador del Banco de Inglaterra, y François Villeroy de Galhau, gobernador del Banco de Francia. Su advertencia señalaba tres ámbitos de preocupación: el físico, que incluye los efectos inmediatos de las sequías y las tormentas; el de transición, es decir, el coste de abandonar las industrias basadas en el carbono de forma repentina o desordenada; y el de responsabilidad, que incluye a quienes reclaman indemnizaciones por las pérdidas relacionadas con los dos primeros.
Una grave perturbación financiera —incluida una nueva crisis financiera— podría formar parte de ese panorama, según Eric Orts, profesor de estudios jurídicos y ética empresarial de Wharton, y Emanuele Campiglio, profesor de economía y finanzas climáticas en la Universidad de Economía y Empresa de Viena. Ambos expertos hablaron recientemente de las medidas de los banqueros centrales en el programa de radio Knowledge@Wharton en SiriusXM. (Escuche el pódcast al comienzo de esta página.)
¿Por qué les interesan tanto a los banqueros centrales los problemas relacionados con el cambio climático? Una razón es que ahora los efectos graves del cambio climático parecen mucho más cercanos de lo que se pensaba hasta hace poco, afirmó Orts, quien también dirige la Iniciativa para el Liderazgo Ambiental Global de Wharton. No hace mucho —cuando se creía que los grandes problemas climáticos tardarían entre 30 y 50 años en llegar— los banqueros mostraban poco interés. Ahora los efectos son visibles y «el plazo para llevar a cabo una transición significativa que evite catástrofes radicales en el mundo, incluidas las financieras, es de 10 a 12 años». Dado que los bancos centrales son responsables de la estabilidad financiera, el tema ha cobrado un nuevo protagonismo.
Estados Unidos todavía no forma parte de esta organización de bancos centrales, en parte porque es muy reciente, añadió Orts. Sin embargo, los firmantes representan «a un enorme número de países: están China, México, muchos países europeos, etc., y Estados Unidos se verá obligado a sumarse». China es uno de los principales líderes del nuevo proceso, señaló Campiglio, quien también es investigador visitante en la Escuela de Economía y Ciencia Política de Londres.
El plazo para llevar a cabo una transición significativa que evite catástrofes radicales en el mundo, incluidas las financieras, es de 10 a 12 años.
Eric Orts
Más allá del Acuerdo de París
¿Cómo deberían ayudar los bancos centrales a desactivar las crecientes amenazas del cambio climático? Hay muchas propuestas, señaló Campiglio: desde conseguir que las instituciones financieras «divulguen su exposición a los riesgos relacionados con el clima» hasta utilizar sus instrumentos financieros para promover políticas contra el cambio climático, por ejemplo, «orientando activamente estas enormes cantidades de activos financieros hacia recursos ecológicos».
Aunque reconoció que el Acuerdo de París de 2015 ha perdido parte de su impulso, Orts señaló que las medidas de los miembros del grupo NGFS pueden contribuir por separado a avanzar en la lucha contra el cambio climático. Una iniciativa sería mejorar la presentación de informes sobre los riesgos para las empresas. Cuando hagamos la transición a una economía con bajas emisiones de carbono, «habrá muchas empresas sobrevaloradas». No podrán quemar todos los activos de carbón, petróleo o gas que poseen ni los que ahora intentan descubrir. «Eso tendrá un efecto significativo en la economía», señaló Orts, incluido el posible desencadenamiento de una crisis financiera.
Según Orts, en esencia los banqueros centrales están diciendo: «Tenemos que anticiparnos a eso. Necesitamos mejor información al respecto. Y, en el mejor de los casos, se lleva a cabo una transición relativamente fluida durante los próximos 10 a 12 años, y el sistema financiero podrá gestionar la perturbación que inevitablemente se producirá».
En opinión de Orts, no hacer nada entraña enormes riesgos, entre ellos que vastas regiones del mundo se vuelvan inhabitables. Eso no significa que la humanidad vaya a extinguirse, pero sí que morirán decenas de millones de personas. En Europa, entre 10 y 20 millones de personas podrían intentar emigrar desde las regiones del sur. Cambios tan drásticos podrían provocar un «colapso total… una amenaza para la forma en que está organizada nuestra civilización humana».
Cada vez más personas «lo están entendiendo»: prestan atención a los fenómenos meteorológicos extremos, los huracanes, los incendios forestales y los tornados, añadió Orts. Sin embargo, los seres humanos siguen «sin estar preparados» para afrontar amenazas más lejanas. Al final, alguien encontrará la manera de apostar a la baja contra el cambio climático en los mercados y «ganará mucho dinero cuando los mercados se desplomen. Pero se gana mucho dinero al final del mundo. Se gana mucho dinero de una forma terrible».
Encontrar el papel adecuado
Este razonamiento contribuye a que los banqueros centrales se sumen a académicos, organizaciones sin ánimo de lucro y políticos de distintas tendencias que quieren elaborar planes de transición ahora. El debate sobre cuál debería ser el papel adecuado de los bancos centrales y los reguladores financieros frente al cambio climático va en aumento, afirmó Campiglio. «¿Están las intervenciones [climáticas]… dentro de sus mandatos o no?». Otro problema es que, hasta ahora, no existe ningún modelo macrofinanciero que represente la «dinámica de transición, las vías de descarbonización y las variables financieras».
Los posibles riesgos financieros son enormes, señaló Orts. Por ejemplo, en el ámbito de los seguros y reaseguros, ¿«qué ocurre con las valoraciones inmobiliarias» cuando sube el nivel del mar y se producen grandes tormentas?
Si los inversores responden al cambio climático «con visión de futuro, la transición será fluida. Si de pronto todos se dan cuenta de que están muy expuestos e intentan vender a la vez, volveremos a una situación de crisis financiera».
Emanuele Campiglio
El riesgo de responsabilidad probablemente recibe menos atención, pero está cobrando relevancia, señaló Campiglio. Cada vez se presentan más demandas por cuestiones de responsabilidad: accionistas contra empresas y autoridades locales contra compañías de combustibles fósiles. Por ahora, no está claro cómo tratará el sistema judicial estos casos, añadió.
Sin embargo, con el tiempo los inversores podrían redirigir sus inversiones hacia sectores con menos riesgos climáticos. «Si lo hacen con visión de futuro, la transición será fluida. Si de pronto todos se dan cuenta, por alguna razón, de que están muy expuestos e intentan vender a la vez, volveremos a una situación de crisis financiera», afirmó Campiglio.
El objetivo del sistema financiero es la estabilidad de la civilización humana, no solo la de las finanzas, señaló Orts. Los banqueros centrales deben salir de la zona de confort de los modelos de análisis financiero conocidos; tienen que «adoptar una postura sobre cómo deberían abordar esto los responsables de formular políticas». Si no lo hacen, nos dirigimos «hacia una crisis financiera».
En cuanto a los propios bancos, añadió Campiglio: «No espero que se reformen desde dentro. Me gustaría que los bancos centrales fueran más activos a la hora de orientarlos».




