Las lluvias intensas o excesivas pueden provocar un tipo concreto de inundación llamado inundación repentina.
Las inundaciones repentinas, que suelen producirse poco después de un episodio de precipitaciones, pueden arrastrar automóviles, desplazar edificios de sus cimientos y ser mortales.
Será fundamental que planificadores e ingenieros reconsideren las infraestructuras futuras, sobre todo porque se prevé que el cambio climático aumente la intensidad de las tormentas futuras.
Las inundaciones repentinas son un tipo específico de inundación que se produce poco después de un episodio de precipitaciones: por lo general, en menos de seis horas. A menudo las causan lluvias intensas o excesivas y ocurren en zonas próximas a ríos o lagos, aunque también pueden producirse en lugares sin masas de agua cercanas.
Las inundaciones repentinas ocurren tanto en zonas rurales como urbanas, como sucedió a finales de julio de 2022 en St. Louis y el este de Kentucky. Cuando cae más lluvia de la que el suelo puede absorber, o cuando llueve en zonas con muchas superficies impermeables, como el hormigón y el asfalto, que impiden que el suelo absorba las precipitaciones, el agua tiene pocas vías de escape y puede subir muy rápido.
Si ha llovido recientemente en una zona, es posible que el suelo esté saturado y no pueda absorber más agua. También puede haber inundaciones después de una sequía, cuando el suelo está demasiado seco y endurecido para absorber las precipitaciones. Las inundaciones repentinas son habituales en paisajes desérticos tras lluvias intensas y en zonas con una capa de suelo poco profunda sobre roca madre sólida, que limita la capacidad del suelo para absorber la lluvia.
Como el agua fluye cuesta abajo, la lluvia se dirige al punto más bajo de su posible recorrido. En las zonas urbanas, suelen ser las calles, los aparcamientos y los sótanos de las zonas bajas. En las zonas rurales con terreno escarpado, como los Apalaches, las inundaciones repentinas pueden convertir arroyos y ríos en torrentes impetuosos.
Las inundaciones repentinas suelen sorprender a la gente, aunque los meteorólogos y los servicios de emergencia intentan avisar a las comunidades y prepararlas. Estos fenómenos pueden arrastrar automóviles e incluso desplazar edificios de sus cimientos.
La mejor manera de mantenerse a salvo durante una inundación repentina es ser consciente del peligro y estar preparado para responder. Las zonas bajas corren riesgo de inundación, tanto si esta se produce de forma lenta como rápida, y tanto en entornos urbanos como rurales.
Es fundamental saber dónde consultar información meteorológica actualizada sobre la zona. Si estás al aire libre y encuentras lugares inundados, como carreteras cubiertas de agua, siempre es más seguro esperar a que baje el nivel del agua o dar la vuelta y buscar una ruta más segura. No intentes cruzar. Las aguas de una inundación pueden ser mucho más rápidas y caudalosas de lo que parecen y, por tanto, más peligrosas.
Construir para un futuro más lluvioso
Los ingenieros diseñan sistemas de control de aguas pluviales para limitar los daños que pueden causar las precipitaciones. Las alcantarillas canalizan el agua y ayudan a controlar por dónde fluye, a menudo desviándola por debajo de carreteras y vías férreas para que las personas y las mercancías puedan seguir desplazándose sin peligro. Los estanques de retención de aguas pluviales y las cuencas de detención almacenan agua para liberarla más adelante, una vez que haya cesado la inundación.
Muchas ciudades también utilizan sistemas de infraestructura verde, como jardines de lluvia, techos verdes y pavimentos permeables, para reducir las inundaciones repentinas. La restauración de humedales a lo largo de ríos y arroyos también ayuda a mitigar las inundaciones.
A menudo, las normas y los criterios de diseño que usamos para construir estas estructuras se basan en datos históricos de precipitaciones del lugar donde trabajamos. Los ingenieros utilizan esa información para calcular el tamaño necesario de una alcantarilla, un estanque u otra estructura. Siempre incorporamos cierta capacidad adicional para afrontar inundaciones excepcionalmente grandes.
Sin embargo, hoy en día muchas zonas de Estados Unidos están experimentando tormentas más intensas, que descargan cantidades considerables de lluvia sobre una zona en muy poco tiempo. Tanto las recientes inundaciones de St. Louis como las de Kentucky tuvieron una magnitud que, estadísticamente, se esperaría que se produjera en esas zonas una vez cada 1.000 años.
Con el cambio climático, esperamos que esta tendencia continúe, lo que significa que los planificadores y los ingenieros tendrán que reconsiderar cómo diseñar y gestionar las infraestructuras en el futuro. Sin embargo, es difícil predecir con qué frecuencia se producirán las tormentas futuras en un lugar determinado o cuál será su intensidad. Aunque, según las proyecciones climáticas, es sumamente probable que haya tormentas más intensas, diseñar y construir para el peor escenario posible no resulta rentable cuando compite con otras necesidades de financiación.
Actualmente, ingenieros, hidrólogos y otros profesionales trabajan para determinar la mejor manera de planificar el futuro, lo que incluye modelar las inundaciones y las tendencias de desarrollo, con el fin de ayudar a las comunidades a ser más resilientes. Para ello se necesitarán más datos actualizados y normas de diseño que se adapten mejor a las condiciones futuras previstas.




