En diciembre del año pasado —poco más de tres años después de que los líderes mundiales aprobaran por unanimidad la Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible y se comprometieran con el Acuerdo de París sobre la acción climática— concluyó la última Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (COP24). La habitual sesión de fotos con apretones de manos declaró que el encuentro había sido un éxito, después de que negociadores de casi 200 países acordaran las reglas para poner en práctica lo pactado en París.
¡Un momento! ¿Se me escapa algo? ¿De verdad hemos tardado tres años en decidir cómo demostraremos lo que estamos haciendo para reducir las emisiones de carbono? Y lo hemos anunciado apenas dos años antes de que los países deban demostrar que han cumplido sus objetivos de emisiones y comprometerse con metas nuevas y aún más exigentes.
Lamentablemente, esto no sorprende demasiado, pese a las advertencias cada vez más insistentes sobre lo que ocurrirá con nuestro planeta —y con nosotros— si no actuamos ya frente al cambio climático. Los científicos dicen que tenemos hasta 2030 para frenar el calentamiento global, o afrontar consecuencias catastróficas.
Como dijo sir David Attenborough: «El colapso de nuestras civilizaciones está en el horizonte». Sin embargo, en la cumbre del G20 de noviembre, el tema quedó prácticamente relegado mientras los líderes se centraban en el comercio y otras disputas polémicas.
Ya estamos viendo los resultados de nuestras acciones (y nuestra inacción): tormentas catastróficas, incendios forestales y otros episodios de fenómenos meteorológicos extremos; zonas muertas sin oxígeno en nuestros océanos; una atmósfera en la que 9 de cada 10 personas en el mundo respiran aire insalubre; y niveles sin precedentes de contaminación por plásticos.
La falta de coordinación internacional es manifiesta en países como India y China, donde la contaminación atmosférica en las grandes ciudades alcanza hasta cinco veces los límites seguros recomendados por la Organización Mundial de la Salud.
Pero el desafío va mucho más allá del cambio climático. La Agenda 2030 trazó un ambicioso plan para lograr la paz, la prosperidad y la sostenibilidad ambiental mediante 17 Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS). Sin embargo, pese a muchos logros, aún no se ha alcanzado el listón tan alto que se fijó en 2015.
Junto con el rápido cambio climático, los conflictos, la desigualdad, los persistentes focos de pobreza y hambre, y la rápida urbanización dificultan los esfuerzos por alcanzar los ODS, según el Informe sobre los Objetivos de Desarrollo Sostenible 2018.
En resumen, hemos creado un mundo en el que nuestros hijos y nuestros nietos sufrirán, si es que todavía no están afectados. No cabe duda. Pero, cuando miro a mi alrededor, veo una especie de letargo, o incapacidad para asumir colectivamente la responsabilidad por el futuro de nuestro planeta. Es como si hubiera una barrera invisible que nos impidiera conectar realmente los puntos.
¿A qué se debe? ¿Estamos dispuestos a caminar sonámbulos hacia el desastre? ¿O podemos cambiar el rumbo si actuamos ahora?
Creo que sí, pero solo si adoptamos un nuevo enfoque para completar la lista de tareas más importante de nuestro planeta. Es hora de despertar al mundo y de colaborar más ampliamente en todos los ámbitos de nuestra sociedad.
1. Responsabilidad individual: de todos
Tenemos que derribar la barrera invisible y ayudar a las personas a relacionar su modo de vida con el impacto que tendrán sus actos cotidianos —como elegir una botella de plástico en vez de una de vidrio, o quemar carbón en lugar de madera en la estufa— tanto a corto plazo como más adelante.
Quizá seamos como conejos deslumbrados por los faros: vemos el problema, pero no sabemos hacia dónde correr primero. Por eso, unas instrucciones claras sobre cómo podemos influir en la práctica, quizá junto con incentivos para hacer lo correcto, podrían contribuir mucho.
También debemos abordar la desconexión que existe en el mundo empresarial. Es cierto que varias organizaciones globales tienen estrategias de sostenibilidad destacadas, pero demasiadas siguen causando al mismo tiempo graves daños al medio ambiente, la salud pública, las finanzas públicas, entre otros ámbitos. Parecen incapaces o reacias a cambiar de raíz sus modelos de negocio por temor a las consecuencias financieras negativas.
2. Colaboración auténtica
El 31 de octubre, 11 directores ejecutivos nórdicos dieron el paso sin precedentes de firmar una declaración conjunta de compromiso con los ODS, en la que afirmaban que «se han unido en un compromiso común» para incorporar los objetivos a sus respectivas estrategias empresariales y crear un foro para iniciativas compartidas e intercambio de experiencias.
Ya era hora: 20.000 científicos han firmado el documento Advertencia de los científicos del mundo a la humanidad, que sostiene que debemos dejar de centrarnos en promover el crecimiento y pasar a conservar el planeta. Esto solo será posible mediante nuevos niveles de colaboración, en particular entre los sectores público y privado, y hago un llamamiento a los directores ejecutivos de las empresas de Fortune 1000 para que sigan este ejemplo.
3. Consumo de nueva generación
Un estudio reciente de A.T. Kearney sobre las tendencias globales de consumo ha demostrado que los consumidores jóvenes —los compradores del mañana— no confían en las grandes empresas ni en las marcas consolidadas. De hecho, estarían dispuestos a pagar más por productos y servicios si sus proveedores «hicieran lo correcto».
Actualmente, las estrategias de las grandes empresas no tienen en cuenta estas opiniones. No abordar el problema tendrá un coste elevado, ya que los consumidores simplemente abandonarán a las empresas cuya ética sea cuestionable o incoherente. La falta de alineación entre las prioridades y los valores de las generaciones mayores y jóvenes debe gestionarse mediante un diálogo mejor, si las empresas quieren satisfacer las expectativas de sus futuros clientes.
4. La sostenibilidad como propuesta de inversión
David Blood y Al Gore fueron pioneros, en la práctica, de la idea de que la sostenibilidad constituye una propuesta de inversión seria, convencidos de que los gobiernos y las empresas no podrían resolver por sí solos nuestros problemas de sostenibilidad y de que también se necesitaría inversión institucional.
La trayectoria de su propio fondo, Generation Investment Management, que ha crecido rápidamente y ha superado el rendimiento de la mayoría de los demás fondos de capital privado, sin duda respalda esta filosofía. Aunque todavía estamos en las primeras etapas, la inversión sostenible parece encaminada a incorporarse a la corriente principal y a cambiar el papel del sector privado mientras intentamos resolver los mayores problemas del mundo.
5. Crear valor para todos
Numerosos estudios han demostrado que incorporar la sostenibilidad a las agendas empresariales guarda una estrecha correlación con la creación de valor para los accionistas. De hecho, el Índice Dow Jones de Sostenibilidad Global (DJSI) ha seguido de cerca al Dow Jones Industrial Average (DJIA) y lo ha superado ligeramente en los últimos años.
Esto desmiente la convicción de que debe existir una disyuntiva entre el valor para los accionistas y el valor para las partes interesadas. De hecho, cada vez está más claro que se trata de un falso dilema.
Dicho de otro modo, si tu empresa no ofrece de manera eficiente mayores beneficios a los consumidores (y ahora también a la sociedad), es probable que, con el tiempo, tampoco genere mayores rendimientos para sus accionistas.
¿Cómo podemos cambiar la situación? Evidentemente, no hay una solución mágica. Aun así, estoy convencido de que alcanzar los ODS de las Naciones Unidas requerirá una mayor determinación, metas más ambiciosas y una coalición amplia y contundente.
Con esto en mente y con el objetivo de hacer una contribución significativa, estoy trabajando ahora para crear una plataforma más amplia para las partes interesadas —incluidos los directores ejecutivos de grandes empresas, líderes jóvenes, políticos, dirigentes institucionales, inversores, académicos y medios de comunicación— a fin de que se unan, difundan el llamamiento a despertar y aceleren la agenda de los ODS.





