Las universidades pueden ayudar a las comunidades a adaptarse al cambio climático. Así se hace

Universities can help communities learn about and address climate change through education. In picture: University of Pennsylvania in Philadelphia, Pennsylvania, U.S
Universities engage with communities, amplify knowledge and advocate for action.Image: REUTERS/Charles Mostoller
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  • Las universidades desempeñan un papel único en la lucha contra el cambio climático.

  • Como centros de aprendizaje e investigación, tienen la capacidad de llegar a un amplio abanico de personas.

  • Mediante la educación y la formación, la realización de investigaciones, la interacción con las comunidades y la defensa de la acción, las universidades pueden contribuir a construir un futuro más sostenible.

Como centros de aprendizaje, las universidades tienen el potencial de ayudar a comunidades enteras a conocer y abordar el cambio climático. La educación puede llevarnos a cambiar nuestras actitudes y comportamientos. También puede ayudarnos a gestionar la ansiedad o el temor a la catástrofe que puede paralizarnos e impedir que actuemos.

Sin embargo, existen aspectos del funcionamiento de las universidades que pueden generar una brecha entre ellas y las comunidades que viven y trabajan a su alrededor. Las universidades podrían impulsar la colaboración climática. Si bien muchas ya participan en labores de divulgación, necesitan hacer más para construir vínculos comunitarios y utilizar de forma más amplia los recursos que ya tienen.

Las universidades pueden considerarse instituciones de élite que no acogen a personas que no han sido educadas de una determinada manera, ni a quienes tienen formas diferentes de entender el conocimiento y las creencias.

Torres de marfil

Existen barreras para acceder a una universidad. Entre ellas figuran los requisitos de calificación para los estudiantes o las titulaciones exigidas a los profesores e investigadores que imparten docencia y generan nuevos conocimientos. Resulta más difícil para algunas personas, como las que tienen una discapacidad, sortear estas barreras. Aunque se celebren en una universidad eventos abiertos a todos, es posible que la institución parezca un lugar cerrado o poco acogedor para las personas de la comunidad local.

Esto significa que la mayoría de las personas del planeta no pueden participar ni contribuir al aprendizaje y al debate esenciales que tienen lugar en la educación superior sobre la crisis climática.

Esta separación resulta sumamente perjudicial a la hora de abordar un asunto tan multifacético y con tantas capas de complejidad. Es lo que se conoce como un “problema perverso”: abordar una faceta del problema puede generar nuevas complicaciones en otros ámbitos. Requiere que las personas trabajen de forma colaborativa para resolver los desafíos locales, al tiempo que piensan en las implicaciones a escala global.

Los debates en torno a la lucha contra el cambio climático están demasiado fragmentados con frecuencia. Los investigadores y las universidades analizan soluciones tecnológicas. Los gobiernos se centran en la innovación social y los activistas en el cambio de comportamientos. Pero debemos colaborar. Trabajar juntos como ciudadanos planetarios es la clave para garantizar que podamos abordar el problema perverso de la crisis climática.

Recursos valiosos

Las universidades cuentan con recursos tecnológicos, prácticos y sociales para respaldar el elemento fundamental de la colaboración. Tienen capital cultural, lo que significa que las personas prestarán atención a los eventos y las iniciativas puestos en marcha o desarrollados con una universidad. Tienen la influencia necesaria para impulsar a las comunidades, las empresas y los responsables políticos a acelerar la acción coordinada.

Cuentan con personal con conocimientos especializados que puede compartir dicho saber. Disponen de la infraestructura y la competencia necesarias para crear espacios y lugares de aprendizaje, así como para fomentar la participación comunitaria. Las universidades tienen el espacio físico para que las personas se reúnan, debatan y aprendan, y las instalaciones de aprendizaje en línea para hacerlo de forma virtual.

Para llevar esto a la práctica, las universidades deben hacer más por establecer vínculos con sus comunidades. Esto podría implicar la participación de la comunidad local en su práctica diaria de docencia e investigación. El aprendizaje puede tener lugar más allá del campus, de modo que los estudiantes y el personal universitario colaboren con las comunidades locales en la realización de investigaciones.

Y las universidades pueden —y deben— hacer más por promover el aprendizaje para todos. Con la llegada de las herramientas en línea, las universidades disponen de todos los ingredientes para respaldar el aprendizaje permanente centrado en la colaboración.

Las plataformas en línea permiten el aprendizaje colaborativo más allá del campus universitario.Image: Galina-Photo/Shutterstock

Las instituciones de educación superior podrían diseñar cursos centrados en el estilo de vida sostenible. Podrían formar a educadores comunitarios para que trabajen con los residentes locales y organizar en el campus eventos sobre estilo de vida sostenible en los que participen personas de la comunidad.

El entorno de aprendizaje universitario está diseñado para favorecer el desarrollo de “agencia epistémica”: asumir el control de nuestro propio aprendizaje y del desarrollo de nuestra propia comprensión. La agencia epistémica es una característica fundamental de nuestra humanidad y una herramienta útil que puede emplearse para reforzar la responsabilidad colectiva en la lucha contra los problemas perversos. Las universidades podrían respaldar la agencia epistémica de comunidades enteras, no solo la de los estudiantes.

Las universidades no pueden resolver por sí solas la crisis climática. Pero, como custodias y productoras de conocimiento, tienen las características y los recursos necesarios para respaldar el aprendizaje colaborativo y la acción colectiva.

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