El estudio de la evolución está cambiando: ¿es algo bueno?

The butterfly evolution in different stages.
Evolutionary biology today is a messy patchwork of several loosely connected subfields.Image: Unsplash/Suzanne D. Williams
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  • Los investigadores que estudian la evolución están observando cómo se adaptarán los ecosistemas al cambio climático en el futuro, a medida que el planeta se calienta.

  • Algunos biólogos y filósofos sostienen que la biología evolutiva necesita una reforma y argumentan que las explicaciones tradicionales están frenando nuevos hallazgos.

  • Algunos llegan a afirmar que la propia teoría de la evolución está en crisis y debe sustituirse por algo nuevo.

  • Aquí, un ecólogo explica por qué la biología evolutiva actual es un mosaico caótico de varios subcampos poco conectados entre sí.

En California, las nutrias marinas están ayudando a combatir el cambio climático.
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¿Cómo se adaptarán al cambio climático la vida en la Tierra y los ecosistemas que la sustentan? ¿Qué especies se extinguirán o evolucionarán hasta convertirse en algo nuevo? ¿Cómo desarrollarán los microbios una resistencia aún mayor a los antibióticos?

Estas preguntas, de importancia fundamental para nuestra forma de vida, son objeto de estudio para los investigadores que estudian la evolución y cobrarán cada vez más importancia a medida que el planeta se caliente.

Pero encontrar respuestas no es el único desafío al que se enfrenta la biología evolutiva. Las teorías de Charles Darwin pueden tener más de 150 años, pero las grandes preguntas sobre cómo funciona la evolución siguen lejos de estar resueltas.

La biología evolutiva atraviesa ahora uno de los debates más intensos de las últimas generaciones. La forma en que se desarrolle este debate podría tener un impacto significativo en el futuro de este campo científico.

Algunos biólogos y filósofos sostienen que la biología evolutiva necesita una reforma, y argumentan que las explicaciones tradicionales sobre cómo cambian los organismos a lo largo del tiempo, que los científicos han dado por sentadas desde la década de 1930 están frenando la incorporación de nuevos hallazgos.

Una minoría muy vocal sostiene que la biología evolutiva contemporánea argumenta, está incompleta. La perspectiva dominante y tradicional del campo se preocupa demasiado por cómo cambian con el tiempo los genes de una población. Según estos críticos, esto deja de lado cómo los organismos individuales moldean sus entornos y se adaptan a ellos a lo largo de su vida para sobrevivir y reproducirse.

Algunos llegan a afirmar que la propia teoría de la evolución está en crisis y debe ser sustituida por algo nuevo.

No todos los biólogos están convencidos. Algunos sostienen que los reiterados llamamientos a una reforma son erróneos y pueden incluso obstaculizar el progreso.

La forma en que los microbios desarrollan resistencia a los antibióticos es un ejemplo de la evolución en acción.Image: Pexels/ Edward Jenner

La teoría moderna de la evolución

La versión de la biología evolutiva que todavía se enseña en gran medida en las escuelas tiene su origen en la síntesis moderna. Esta fusionó la teoría de Gregor Mendel, según la cual los organismos heredan partículas discretas (lo que hoy llamamos genes), con la teoría de la selección natural de Charles Darwin. Darwin propuso que las condiciones ambientales eliminan los rasgos hereditarios que no son útiles y favorecen los que ofrecen una ventaja a los organismos.

La síntesis moderna pretendía unificar la biología, pero estuvo dominada por unos pocos subcampos, en particular la genética y la paleontología, y se centró en cómo cambia con el tiempo la composición genética de las poblaciones. Desde esta perspectiva, los organismos son objetos y materia prima para la selección natural.

Cabe destacar que la síntesis moderna no incorporó todos los campos. Dejó en gran medida de lado el estudio del desarrollo embrionario y de cómo interactúan los organismos entre sí y con su entorno (ecología).

Según los críticos de la síntesis moderna, los organismos no son objetos pasivos de la selección natural. En cambio, sostienen que son agentes que cambian esos entornos.

Un ejemplo conocido es el castor, que construye presas para sobrevivir y reproducirse, y al hacerlo modifica su entorno. Este proceso de transformación influye a su vez en la selección natural que actúa sobre el propio castor y otras especies, y así cambia la evolución del castor a largo plazo.

Los organismos también heredan más que ADN. Esto cuestiona la suposición de la síntesis moderna de que los rasgos que un organismo adquiere a lo largo de su vida no pueden transmitirse a la descendencia.

También existe la transmisión cultural: las orcas enseñan a sus hijos y nietos técnicas de caza y preferencias alimentarias. Los pájaros cantores transmiten nutrientes a las nuevas generaciones a través de los huevos al igual que los seres humanos transmiten anticuerpos a sus hijos mediante la leche materna. Algunos biólogos sostienen que estas aportaciones pueden revitalizar el estudio de la biología evolutiva y desviar nuestra atención de la herencia genética estricta.

La transmisión de información entre generaciones puede influir en la evolución de una especie.Image: Pexels/Pixabay

La diversidad es una fortaleza

Como ecólogo evolutivo interesado en cómo se adaptan los organismos a sus entornos, no me preocupa tanto como a algunos que la versión actual de la biología evolutiva esté incompleta. Tampoco me inquietan especialmente las limitaciones de la genética de poblaciones.

Está claro que la evolución puede describirse como un cambio en las frecuencias génicas entre generaciones. Pero eso no significa que la genética de poblaciones sea la única forma útil de estudiar la evolución.

Los biólogos pueden discrepar sobre qué constituye un proceso evolutivo, siendo la selección natural y los cambios aleatorios en el ADN los dos procesos más estudiados. Sin embargo, los procesos evolutivos no son el único aspecto interesante de la evolución.

Los resultados de la evolución y sus productos —los organismos y su desarrollo— también ocupan a los biólogos. Hemos llegado a comprender mejor cómo interactúan los genes y los entornos para moldear el desarrollo de los organismos. Estos conocimientos de la biología evolutiva del desarrollo han enriquecido claramente nuestro campo.

Tampoco me preocupa que la biología evolutiva esté cada vez más fragmentada, siempre que reconozcamos que la pluralidad de enfoques no es una debilidad, sino una fortaleza. Si los físicos no logran ponerse de acuerdo sobre una teoría unificada del todo del universo, ¿por qué deberían esperar los biólogos llegar a un acuerdo que vaya más allá de lo que ya hemos conseguido? Al fin y al cabo, los organismos son mucho más complejos que las partículas y los procesos físicos.

Tomemos otro ejemplo de la física: la luz puede considerarse una partícula o una onda. Esta dualidad refleja que una sola descripción no basta para explicar plenamente el complejo fenómeno de la luz.

Si esto funciona para los físicos, ¿por qué los biólogos evolutivos no pueden utilizar también múltiples formas de estudiar un proceso tan complejo como la evolución y cosas tan complejas como los organismos? ¿Por qué no podemos ver a los organismos como agentes capaces de modificar sus entornos o como objetos sujetos a la selección natural, según el contexto? Son dos perspectivas valiosas y complementarias.

Los organismos influyen en la selección natural y, a su vez, esta influye en ellos.Image: Unsplash/ Jude Infantini

La biología evolutiva actual es un mosaico caótico de varios subcampos poco conectados entre sí. Esto refleja la enorme diversidad de fenómenos que estudiamos y la variedad de intereses de los biólogos.

Coincidimos en aceptar que la selección natural sobre la herencia y los factores aleatorios han moldeado conjuntamente a los organismos, pero no mucho más. Mantener una visión general coherente, ya sea de la síntesis moderna o de alguna ampliación de esta, parece cada vez más una tarea imposible.

Abandonar la búsqueda de una teoría evolutiva unificada no perjudicará nuestro campo; al contrario, nos liberará. Permitirá que los biólogos piensen con más libertad en las formas infinitas, las más bellas que evolucionan constantemente y seguirán haciéndolo.

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