La frase “fracasar en la preparación o prepararse para fracasar” viene a la mente cuando entramos en una era en la que los gobiernos y las comunidades deben unirse para mitigar el cambio climático. Parte de lo que hace que nuestros próximos pasos sean tan inciertos es saber que debemos trabajar juntos de formas en las que, hasta ahora, hemos fracasado. Nos estancamos o recurrimos a estrategias de “muy poco, demasiado tarde”.
Estas estrategias incluyen programas de incentivos económicos de limitación y comercio de derechos de emisión, como el Protocolo de Kioto y otros tratados internacionales. Líderes perspicaces han llamado la atención sobre el problema, pero la tibia voluntad política hace que solo puedan aplazar los objetivos de reducción de emisiones de gases de efecto invernadero en el futuro. Una crisis mundial exige un compromiso mundial. ¿Cómo podemos trabajar juntos para afrontar una amenaza universal? ¿Qué ocurre con los complejos retos que exigen una supervisión y unas respuestas unificadas?
Un obstáculo principal es la falta de una infraestructura técnica coherente.
Actualmente, nuestro arsenal para facilitar la acción colectiva es insuficiente. Nuestras políticas no pueden provocar un cambio que marque un punto de inflexión porque carecen de una infraestructura cohesionada. Ante la falta de herramientas satisfactorias para hacerlas realidad, nuestras políticas y compromisos se quedan en iniciativas de cara a la galería en lugar de alcanzar plena eficacia. Nuestros torpes intentos a medio camino siguen dejando legados cuestionables en lugares como la ciudad de Flint, Míchigan, donde los residentes han sido envenenados por una infraestructura en deterioro y una gestión del agua compartimentada.1 O en Sudán, donde la política agrícola local se ve socavada por una gestión que cambia con demasiada frecuencia.
¿Qué herramientas podrían llevarnos a actuar colectivamente frente al cambio climático? Es fácil centrarse en la enorme escala de cooperación mundial necesaria o en las inversiones iniciales que exigirá mitigar la crisis. Pero, como recordó el escritor EL Doctorow, no debemos dejarnos intimidar por el proceso: «Escribir una novela es como conducir un coche de noche», dijo. «Solo puedes ver hasta donde alcanzan tus faros, pero así puedes hacer todo el viaje».
No tenemos que poseer todas las respuestas para empezar a salvar nuestras comunidades. No tenemos que saber exactamente lo que encontraremos por el camino. Como mínimo, solo debemos entender cómo usar nuestros faros para ver los primeros metros que tenemos por delante.
Entonces, ¿cuál es el primer paso en nuestro camino?
Es la sustancia que sustenta nuestra industria, nuestra salud y nuestra supervivencia. Sigue siendo una fuente central de conflicto en todo el mundo, aunque también crea alianzas. Nuestro primer paso es el agua.
El agua nos plantea problemas de escasez, calidad y distribución. Puede parecer un asunto local, pero, combinada con las tensiones locales y una economía globalizada, la gobernanza del agua está llamada a convertirse en una de nuestras mayores pruebas de habilidad diplomática y sinergia tecnológica. Si logramos alinear adecuadamente la gobernanza y la gestión del agua a nivel local y mundial, podremos preparar las herramientas, el modelo organizativo y el impulso político necesarios para resolver el cambio climático.

Gobernanza del agua: una imagen de cooperación
¿Por qué la gobernanza mundial del agua es el caso de estudio ideal para prepararse ante el cambio climático?
En primer lugar, la gobernanza y la gestión del agua requieren la cooperación de varias partes interesadas del ecosistema hídrico, entre ellas las empresas de servicios públicos, los gobiernos locales y las empresas privadas. Para hacerse una idea del número de partes interesadas en todo el mundo, basta considerar que a nivel mundial existen 300 acuíferos transfronterizos compartidos por más de 2000 millones de personas. (El término “transfronterizo” hace referencia a fuentes de agua compartidas por dos o más países). Fabio Farinosi, responsable científico del Centro Común de Investigación de la Comisión Europea, señala la probabilidad de que las interacciones entre las partes interesadas en el agua solo aumentarán en los próximos años, del 74,9 % al 95 %. “Esto no significa que cada caso vaya a derivar en un conflicto”, afirma. “Depende de lo bien preparados que estén los países para cooperar...”.
En segundo lugar, la distribución y el uso eficientes del agua siguen siendo complejos debido a la cantidad de componentes de información divergentes. En algunos países o regiones, hay poco intercambio de información. Las distintas partes interesadas en el agua tienen agendas diferentes; con frecuencia tienen poco terreno común sobre el que colaborar. Existen alianzas en torno a fuentes de agua compartidas en todo el mundo; sin embargo, la calidad y la disponibilidad de los datos siguen siendo un problema clave (y a veces un obstáculo) en estas alianzas.
En tercer lugar, cuando los países o las partes interesadas intercambian datos, practican una forma de diplomacia. Los datos son la mejor herramienta para trazar un camino hacia la optimización de los esfuerzos. Los intercambios de datos son en gran medida voluntarios entre gobiernos o entidades públicas. Es comprensible que ninguna administración esté obligada a compartir sus propios datos soberanos. Sin embargo, esto sí tiene consecuencias en torno a la gestión de datos sobre el agua y, por tanto, se extiende a la gestión de la información relativa al cambio climático.
¿Por qué son la calidad y la disponibilidad de los datos fundamentales para la gobernanza del agua y la mitigación del cambio climático?
Aprovechar los datos en beneficio común no es una idea moderna; hace mucho tiempo que los datos se convirtieron en un factor principal de unión de la comunidad mundial. Aunque las Naciones Unidas puedan ser la primera iniciativa que viene a la mente, la organización internacional más antigua es la Unión Internacional de Telecomunicaciones (UIT), estab- lecida en 1865. La UIT normalizó el intercambio de datos, allanando el camino para la coordinación de las órbitas de los satélites, el espectro radioeléctrico y la infraestructura de telecomunicaciones. Aunque se creó hace más de 150 años, la UIT proporciona el marco de cómo vivimos nuestras vidas en el siglo XXI.
Respaldadas por el legado de la UIT, otras organizaciones establecieron el sistema de cooperación internacional y la infraestructura en torno al agua. La Organización Meteorológica Mundial, por ejemplo, facilita el establecimiento de redes que miden observaciones meteorológicas, hidrológicas y geofísicas. El Panel Global de Alto Nivel sobre el Agua y la Paz, lanzado en 2015, tiene como objetivo reforzar el marco mundial para prevenir y resolver los conflictos relacionados con el agua. Nuestra próxima tarea, apoyados en los hombros de su trabajo y en el de muchos otros, consiste en crear la infraestructura técnica y organizativa mundial para la gestión del agua, con la participación de todas las partes interesadas en el proceso.

Sincronizarse o naufragar
El proceso de medición, recopilación y comunicación coherente del agua nos informa sobre el desarrollo de las herramientas organizativas y técnicas que necesitamos para prepararnos ante el cambio climático. Sincronizar la forma en que múltiples partes interesadas miden y gestionan el agua a través de las fronteras nos prepara para trabajar colectivamente en la lucha contra el calentamiento global. El proceso de sincronización incluye el intercambio de datos e información, así como la creación de una estructura organizativa de las partes interesadas.
Los datos en sí no son el objetivo final. Tim Berners-Lee, el inventor de la World Wide Web, suele citarse como autor de la siguiente frase: «Los datos no son información, la información no es conocimiento, el conocimiento no es comprensión, y la comprensión no es sabiduría». La calidad y la accesibilidad de los datos en los ámbitos del agua y del cambio climático son el catalizador para elaborar recomendaciones tangibles para las comunidades locales y las organizaciones mundiales.
Dos medidas inmediatas que podemos adoptar
Estas son dos medidas directas y alcanzables para mejorar la gestión del agua.
Estandarizar los datos: Solo en marzo de 2018 la ONU publicó oficialmente y animó a sus Estados miembros a estandarizar las mediciones de datos sobre el agua. Aunque varios países utilizan WaterML2, este estándar de intercambio de información sigue siendo solo una recomendación. Debemos abogar por que todos los países adapten sus normas internas de datos sobre el agua a WaterML2. Al estandarizar, obtenemos una mayor comprensión y estamos mejor preparados para planificar acciones futuras.
Integrar la infraestructura digital: Muchos desafíos modernos pueden afrontarse hoy con soluciones modernas. Combinar nuestra familiaridad digital con las soluciones de gestión del agua es una de esas posibilidades. Por ejemplo, amplias capas de la población africana ya tienen acceso a un teléfono móvil, pero menos disponen de acceso a una fuente de agua segura. Nuestra infraestructura puede diseñarse para el cambio climático, sobre todo porque ahora cuenta con los recursos de tecnologías de menor coste.
Las nuevas tecnologías podrían combatir el cambio climático integrando los sistemas hídricos con otras áreas. Steam Energy Labs, por ejemplo, trabaja en termostatos de calentamiento de agua interactivos con la red y con seguimiento del consumo, que calientan el agua cuando hay energía renovable disponible, convirtiendo los calentadores de agua residenciales en almacenamiento de energía a escala de servicios públicos. Integrar solo esta tecnología podría reducir las emisiones de carbono en un 3 %.
Agradecimientos especiales a David Alkaher, Jarrett Goetz y Dominque Beród.




