Las tradiciones y los modos de vida de muchas comunidades tribales se enfrentan a la amenaza del cambio climático.
El videojuego Skábma: Snowfall, protagonizado por el pueblo indígena sámi, intenta ayudar a preservar esta cultura vulnerable.
Las comunidades indígenas pueden desempeñar un papel fundamental para ayudar a reconstruir nuestra relación con la naturaleza.
¿Cómo se protege una cultura que está desapareciendo? Esta pregunta está en el centro de un nuevo videojuego que ayuda a preservar una cultura nórdica indígena en peligro de extinción.
Skábma: Snowfall es un videojuego pionero basado en las tradiciones, los mitos y las lenguas del pueblo sámi, una comunidad de alrededor de 100.000 personas repartidas por Noruega, Suecia, Finlandia y Rusia.
En el juego, las creencias y los cuentos populares de la cultura sámi cobran vida digital. Áilu, el protagonista, es un joven pastor de cabras muy unido a la naturaleza que encuentra un tambor olvidado desde hace mucho tiempo. Con poderes especiales que reflejan los mitos sámi, emprende la misión de salvar su aldea ártica convirtiéndose en chamán.
La historia pone de relieve las amenazas al modo de vida del pueblo sámi: el cambio climático y el avance del mundo moderno erosionan medios de vida tradicionales del Ártico, como la cría de renos y la venta de artesanías.
A medida que las familias y los miembros más jóvenes de la comunidad migran a las ciudades, se destruyen los vínculos con sus raíces tradicionales. Una de las 10 lenguas sámi ya ha desaparecido, y las nueve restantes se consideran en peligro de extinción.
Situar las tradiciones y creencias sámi en el centro de los videojuegos y otros formatos ofrece a las generaciones más jóvenes una forma de «reivindicar la cultura y renovarla en sus propios términos», declaró a NME la guionista del juego, Eira-Teresá Joret Mariánná.
Sobre hielo frágil
Además de los proyectos mineros y forestales en expansión, el cambio climático supone una grave amenaza para el modo de vida del pueblo sámi. Sápmi —como se conoce a sus tierras natales árticas— se está calentando; el deshielo hace desaparecer terrenos de caza que antes eran abundantes y provoca inseguridad alimentaria.
La reducción del hielo marino está aumentando el tráfico marítimo en la zona y, a medida que los buques acceden a estas áreas antes congeladas, el aumento del ruido y la contaminación alterará la vida de las especies marinas y las alejará de sus terrenos de caza preferidos.
Según el Informe sobre el Ártico: actualización de 2021. Como resultado, la tundra ártica está reverdeciendo y la cubierta vegetal alcanza su segundo nivel más alto desde que comenzaron los registros, mientras que el volumen del hielo marino en todo el Ártico después del invierno se encuentra en su nivel más bajo registrado.
El deshielo eleva el nivel del mar, mientras que el deshielo del permafrost libera a la atmósfera gases de efecto invernadero que antes estaban almacenados de forma segura en el suelo congelado.
«A menudo, los habitantes del Ártico tienen que soportar la mayor carga al hacer frente a unos impactos de los que apenas son responsables, o no lo son en absoluto», señala el Informe sobre el Ártico.
La perspectiva indígena
Los conocimientos tradicionales de los pueblos indígenas protegen y preservan el 80% de la biodiversidad mundial, afirmó en las recientes conversaciones climáticas de la COP26 la activista medioambiental Hindou Oumarou Ibrahim. Sin embargo, explica, muchas de estas comunidades también son las más vulnerables y están más expuestas a los efectos del cambio climático.
Las comunidades indígenas suelen depender de un profundo conocimiento y respeto por la naturaleza para sostener su modo de vida. Siglos de adaptación a los patrones meteorológicos, los paisajes y los ecosistemas han dotado a los pueblos indígenas, desde el Pacífico hasta el Amazonas, de los conocimientos que necesitan para sobrevivir, sin flujos de datos, televisión ni computadoras.
Las comunidades indígenas pueden desempeñar un papel fundamental para ayudar a reconstruir nuestra relación con la naturaleza; por eso, preservar sus conocimientos sobre el mundo natural es clave en los esfuerzos por combatir el cambio climático.
Oumarou Ibrahim pide que se escuche mejor a las voces indígenas en la lucha contra el cambio climático, para ayudar a orientar las políticas climáticas y proteger la biodiversidad mundial. Los videojuegos como Skábma: Snowfall pueden ser una forma de lograrlo.





