La troposfera es la capa más baja de la atmósfera terrestre.
Los científicos han medido la expansión de la troposfera para aportar más pruebas del cambio climático.
Su investigación halló que alrededor del 80 % del aumento de la temperatura de la troposfera desde 2000 se debió al calentamiento causado por los seres humanos.
Esto demuestra que los efectos de los combustibles fósiles y de la actividad humana se están infiltrando en todo nuestro entorno, incluso en lo que está «muy por encima de nuestras cabezas».
Un equipo internacional de científicos ha aportado más pruebas del cambio climático al medir la expansión de la troposfera –la capa más baja de la atmósfera terrestre–, que está impulsada por el aumento de las temperaturas.
Los investigadores siguieron la altitud del límite superior de la troposfera, denominado tropopausa, desde 1980 hasta 2020. Descubrieron que en los últimos 20 años ha aumentado una media de entre 50 y 60 metros por década, un ritmo ligeramente superior al de las dos décadas anteriores y en marcado contraste con el período anterior a 1960, cuando la altitud de la tropopausa era generalmente estable.
Los científicos descontaron el efecto de las fuerzas naturales y determinaron que alrededor del 80 % del aumento de la temperatura de la troposfera desde 2000 se debió al calentamiento antropogénico –es decir, causado por el ser humano– impulsado por el aumento de los niveles de gases de efecto invernadero.
“Nuestra investigación aporta otra pieza de evidencia muy importante del cambio climático antropogénico y una prueba que puede observarse incluso en la tropopausa”, afirma Jane Liu, profesora asociada del departamento de geografía y planificación de la Facultad de Artes y Ciencias de la Universidad de Toronto y autora de correspondencia de un artículo que describe el resultado publicado en la revista Science Advances.
“Demuestra que el consumo de combustibles fósiles deja sus huellas, no solo en la superficie del planeta con fenómenos meteorológicos extremos, la subida del nivel del mar y el retroceso de los glaciares, sino en todas partes, incluso muy por encima de nuestras cabezas”.
El primer autor del artículo es Lingyun Meng, de la Universidad de Nanjing (China), mientras que el coautor de correspondencia es William Randel, del Centro Nacional de Investigación Atmosférica de Boulder (Colo.). Entre los demás autores hay investigadores de Canadá, Austria y China.
La tropopausa se encuentra a unos 10 kilómetros sobre el nivel del mar en los polos y a 20 kilómetros en el ecuador. Los investigadores analizaron los datos sobre la altitud de la tropopausa en el hemisferio norte entre los 20 y los 80 grados de latitud.
Las fuerzas naturales que tuvieron en cuenta incluyeron las grandes erupciones volcánicas de El Chichón en 1982 y del monte Pinatubo en 1991, así como el calentamiento del océano Pacífico debido al fenómeno climático conocido como El Niño.
Liu y sus colaboradores utilizaron datos recogidos por instrumentos transportados a gran altura sobre la Tierra por globos meteorológicos que miden la temperatura, la presión, la humedad y el viento. Otros datos procedieron de una técnica conocida como ocultación de radio, en la que las señales de los satélites del sistema de posicionamiento global (GPS) atraviesan la atmósfera y son recibidas por satélites situados al otro lado del planeta.
Además de su principal hallazgo, Liu y sus colaboradores observaron un cambio en las fuerzas que impulsan el aumento de la tropopausa.
Entre 1980 y 2000, el ascenso se debió tanto al calentamiento de la troposfera como al enfriamiento de la estratosfera, la capa situada encima de ella. El enfriamiento estratosférico anterior a 2000 fue consecuencia de la reducción del ozono atmosférico causada por la proliferación de sustancias químicas como los clorofluorocarbonos, de uso habitual en la refrigeración y el aire acondicionado.
Sin embargo, tras 2000 el enfriamiento estratosférico remitió a medida que descendía la concentración de clorofluorocarbonos. Según Liu, esto es una señal de que la capa de ozono atmosférica se está recuperando gracias al Protocolo de Montreal de 1987, que limitó el uso de clorofluorocarbonos.
Aunque la desaceleración del enfriamiento estratosférico es una señal positiva, el ascenso de la tropopausa no se ha ralentizado, lo que significa que el calentamiento troposférico impulsado por los gases de efecto invernadero ha compensado con creces ese cambio de tendencia.
“Aun así, esto demuestra que el Protocolo de Montreal ha funcionado”, afirma Liu. “Y podemos hacer lo mismo con el calentamiento global”.
Los resultados se publicaron mientras representantes de todo el mundo se reunían en Glasgow (Escocia) para la cumbre COP26 sobre la crisis climática. Muchos consideran que esta cita es la última y mejor oportunidad para hacer frente a la amenaza global, y Liu espera que los asistentes presten atención a este resultado y a todas las pruebas científicas.
“Creo que esta investigación envía un mensaje muy claro a los delegados de la COP26, así como a cualquiera que todavía tenga dudas sobre el cambio climático antropogénico y sobre lo que le está ocurriendo a nuestro planeta”.




