Aún no se ha alcanzado un acuerdo sobre un tratado mundial relativo a los plásticos, pese a años de negociaciones.
La industria de los polímeros afronta un declive estructural a largo plazo que transformará la forma en que se producen y consumen los plásticos.
Un tratado sólido puede proteger a la ciudadanía de los costes ocultos de los polímeros y de la vulnerabilidad económica y financiera derivada del exceso de capacidad.
La segunda parte del quinto período de sesiones del Comité Intergubernamental de Negociación (INC-5.2) para elaborar un instrumento internacional jurídicamente vinculante sobre la contaminación por plásticos se celebró del 5 al 15 de agosto de 2025 en Ginebra, Suiza. Tras más de dos años de negociaciones, INC-5.2 no logró alcanzar un acuerdo.
Aunque las negociaciones continúan, el retraso pone de relieve la urgente necesidad de un instrumento mundial vinculante.
La industria de los polímeros afronta un declive estructural a largo plazo que transformará la forma en que se producen y consumen los plásticos, en particular los de un solo uso. Esto se debe a una desaceleración económica prolongada, al envejecimiento de la población en muchas economías y a un panorama geopolítico cada vez más inestable. Por lo general, las poblaciones más jóvenes usan más plásticos de un solo uso, pero en mercados clave, como China y Estados Unidos, se registra un menor crecimiento de la población joven. Las reconfiguraciones del comercio mundial y las interrupciones de las cadenas de suministro causadas por las guerras han debilitado la estabilidad histórica del sector, mientras se intensifican los esfuerzos para combatir la contaminación por plásticos.
La COVID-19 también golpeó duramente a la industria petroquímica. Aunque hubo una leve recuperación en 2021, esta no se mantuvo debido a la desaceleración económica mundial. Sin embargo, vemos que los países siguen invirtiendo en polímeros, en detrimento de sus economías.
La capacidad de producción superará la demanda
El etileno y el propileno son dos componentes básicos clave en la fabricación de plásticos. En noviembre de 2024, Bloomberg New Energy Finance (BNEF) proyectó que la capacidad mundial de etileno crecería a un ritmo récord durante esta década, con la incorporación de hasta 61 millones de toneladas métricas anuales entre 2024 y 2030. BNEF también estimó que alrededor del 70% de la capacidad prevista ya estaría en funcionamiento para 2024, y que el 30% restante se añadiría para 2030. De hecho, BNEF estima que para 2030 la capacidad de producción superará la demanda en un 20,7% en el caso del etileno y en un 26,6% en el del propileno.
En 2023, Independent Commodity Intelligence Services (ICIS) informó que se prevé que las tasas mundiales de utilización —la proporción de la capacidad de producción que realmente se utiliza— promedien entre 2022 y 2030 el 80% para el etileno y el 72% para el propileno, frente al 88% y el 81%, respectivamente, entre 2000 y 2021.
Estas tendencias han golpeado duramente a la industria. Según un informe de julio de 2025 del Boston Consulting Group, la rentabilidad media del capital empleado por las empresas petroquímicas mundiales cayó del 8% en 2019 a alrededor del 4% en 2024, mientras que el EBITDA de esas empresas se desplomó del 17% a cerca del 12% en el mismo período. La investigación, basada en datos de Bloomberg Intelligence, muestra que la rentabilidad de los activos es ahora inferior a los niveles de 2000.
Las empresas adoptan medidas para reducir costes
Para hacer frente a esta inestabilidad financiera, las empresas han adoptado medidas de reducción de costes, como mejorar la eficiencia de las plantas y de las operaciones administrativas, rediseñar procesos, ajustar los niveles de gasto a las condiciones macroeconómicas, reducir plantillas y cerrar plantas. En una encuesta realizada por el American Chemistry Council en 2024, el 18% de las personas encuestadas informó que sus decisiones de inversión de capital estaban orientadas a mejorar la eficiencia operativa.
La regulación de la producción de polímeros, propuesta y respaldada por 89 países e incluida en el artículo 6 del texto de la presidencia al término de INC 5.1, ayudará a la industria —que ya está racionalizando su oferta de productos— a recuperarse. De hecho, IEEFA considera que un límite de producción impuesto por el tratado sobre los plásticos propuesto puede servir para moderar y estabilizar los crecientes desequilibrios entre la oferta y la demanda, y facilitar a la vez la integración de productos y modelos de negocio más sostenibles, tanto a nivel regional como mundial.
La región de Asia-Pacífico, que albergará la mayor parte de la nueva capacidad de producción de polímeros para 2030 y es la mayor importadora del mundo, tiene motivos especiales de preocupación.
Según los datos de BNEF, nuestro análisis muestra que Asia-Pacífico (incluida China) representa el 56% de las adiciones de capacidad de etileno y el 77% de las de propileno entre 2010 y 2030. Asia Occidental representa el 20% y el 14% de las adiciones de capacidad de etileno y propileno, respectivamente, durante el mismo período. El estudio de IEEFA sobre el comercio de nueve monómeros y polímeros clave utilizados en la fabricación de plásticos indica que Asia se ha convertido en un centro clave de la industria petroquímica: 11 de los 17 principales exportadores y 18 de los 43 principales importadores están en la región.
Sin embargo, dada la falta de fiabilidad del mercado de productos químicos básicos y sus polímeros, las economías emergentes de Asia —que se espera que aporten el 60% del crecimiento económico mundial— serán vulnerables si dependen de los plásticos y polímeros para su desarrollo. Además, ante la contracción de los mercados y la acumulación de polímeros y sus materias primas, los países, sobre todo los países en desarrollo que dependen del comercio petroquímico, corren el riesgo de exponerse a inminentes crisis financieras.
Abordar la contaminación por plásticos desde su origen
La inclusión de dos medidas concretas en el tratado propuesto ayudaría a abordar la contaminación por plásticos desde su origen.
En primer lugar, la aplicación del concepto de uso esencial, cuyo precedente quedó establecido en el Protocolo de Montreal. Este enfoque eliminó eficazmente los clorofluorocarbonos que agotan la capa de ozono, salvo aquellos cuyo uso era esencial. Podría adaptarse para identificar y eliminar gradualmente los polímeros y plásticos peligrosos e insostenibles, excepto los reconocidos como esenciales para la salud y la seguridad.
En segundo lugar, para los polímeros y plásticos no esenciales, especialmente los envases y los plásticos de un solo uso, que representan aproximadamente el 40% de todos los plásticos, los materiales alternativos y los sistemas descentralizados de producción y consumo podrían reducir significativamente la contaminación por plásticos. Para lograrlo, el tratado sobre los plásticos tendría que establecer límites mundiales a la producción de polímeros, fijar objetivos para eliminar gradualmente las sustancias químicas peligrosas, exigir un diseño de productos que reduzca los artículos de un solo uso y establecer sistemas descentralizados de distribución. Estas medidas abrirían la posibilidad de que surgiera una economía alternativa y ayudarían a preparar a los países para el futuro, especialmente en Asia-Pacífico, donde dependen de las importaciones de petróleo crudo y materias primas para producir polímeros y plásticos.
Sin reformas, las economías mundiales corren el riesgo de asumir los costes financieros y sociales de una trayectoria insostenible en materia de plásticos. Un tratado sólido sobre los plásticos puede proteger a la ciudadanía de los costes ocultos de los polímeros y de la vulnerabilidad económica y financiera derivada del exceso de capacidad, a la vez que abre oportunidades en materiales alternativos y sistemas de consumo sostenibles.




