No es solo basura: por qué la contaminación por plásticos es una emergencia económica y ecológica

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  • La contaminación por plásticos es una crisis ecológica y económica que afecta a la biodiversidad, la salud pública y los medios de vida costeros, y socava sectores clave como el turismo, la pesca y la agricultura.

  • Indonesia e iniciativas globales lideradas por las comunidades demuestran que hay soluciones posibles, desde la acción nacional hasta modelos de base liderados por mujeres, jóvenes y pueblos indígenas.

  • Aunque las negociaciones del Tratado Mundial sobre los Plásticos están estancadas, el impulso crece gracias a los planes de acción nacionales, las políticas de diseño circular y otras iniciativas.

En las aguas de las islas Anambas de Indonesia, las tortugas marinas que antes anidaban sin ser molestadas ahora avanzan por costas cubiertas de plástico. En Ghana, las botellas de plástico llegan a lagunas que antes sustentaban la pesca local. Y en Colombia, las raíces de los manglares, viveros esenciales para la vida marina, están enredadas en bolsas y lodo de microplásticos.

Esta contaminación generalizada es una crisis de biodiversidad, una amenaza para la salud pública y una emergencia económica que se desarrolla a cámara lenta.

Se estima que 20 millones de toneladas métricas de residuos plásticos acaban en el medio ambiente cada año. Se descomponen en partículas diminutas que se infiltran en los ecosistemas, las cadenas alimentarias e incluso la sangre humana; asfixian los arrecifes de coral, envenenan a los peces y degradan hábitats esenciales, como las praderas marinas y los ecosistemas de manglares, que protegen las costas de las tormentas y alimentan a millones de personas.

Abordar conjuntamente la contaminación por plásticos y la pérdida de biodiversidad genera beneficios tanto ambientales como económicos.

La contaminación por plásticos se ha convertido silenciosamente en un factor de gran perturbación para las economías, los medios de vida y la biodiversidad, sobre todo en las naciones costeras que dependen del turismo y la pesca.

Esta pérdida de biodiversidad también afecta a las empresas, ya que el capital natural, en forma de recursos renovables y no renovables, sustenta las economías y las sociedades. Según una investigación de PwC, el 55 % del producto interno bruto (PIB) mundial depende directamente de la biodiversidad y los servicios ecosistémicos.

Se prevé que el turismo aporte 16 billones de dólares al PIB mundial para 2034, lo que generará oportunidades de empleo, innovación y crecimiento inclusivo. Sin embargo, sin medidas decisivas, el sector podría generar hasta 205 millones de toneladas de residuos al año —gran parte de ellos plásticos—, lo que pondría en peligro los mismos ecosistemas que lo sustentan.

La contaminación marina por plásticos ya cuesta a algunos países cientos de millones en ingresos turísticos perdidos, pesca mermada y limpieza, y la carga más pesada recae en las comunidades del Sur Global que menos capacidad tienen para gestionarla.

Al mismo tiempo, más del 90 % del plástico no se recicla, lo que representa una oportunidad económica desaprovechada. Con mejores sistemas, incentivos y tecnologías, estos residuos podrían transformarse en recursos valiosos, proteger la biodiversidad y, a la vez, impulsar el crecimiento sostenible.

Hacer frente a la crisis de contaminación por plásticos en Indonesia

Se estima que 600 000 toneladas de plástico llegan al océano desde Indonesia cada año. Esto llevó al Gobierno a actuar con urgencia para evitar más daños al rico patrimonio natural y los ecosistemas del país.

Como la segunda nación con mayor megadiversidad del mundo, solo por detrás de Brasil, los vastos ecosistemas marinos y terrestres de Indonesia también son esenciales para los medios de vida de millones de personas y para la seguridad alimentaria.

Los efectos directos de la contaminación por plásticos en los ecosistemas y la biodiversidad están bien documentados. Los microplásticos están muy extendidos en las aguas y los suelos de Indonesia, donde dañan los cultivos, degradan la salud del suelo y podrían reducir el rendimiento mundial de los cultivos alimentarios entre un 4 y un 14 %. En términos económicos, se estima que la fuga de plásticos al océano cuesta a Indonesia 225 billones de IDR (13 700 millones de dólares) al año.

GPAP - Financiación para solucionar la contaminación por plásticos
GPAP - Financiación para solucionar la contaminación por plásticos
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El Gobierno de Indonesia ha adoptado diversas políticas y medidas en respuesta:

Aunque la ronda más reciente de negociaciones mundiales sobre el tratado de los plásticos terminó sin un acuerdo sobre el texto definitivo, los avances están lejos de haberse estancado.

En todo el mundo, países, empresas y comunidades impulsan cambios reales mediante acciones voluntarias. Indonesia es un ejemplo destacado gracias a su Alianza Nacional para la Acción sobre los Plásticos (NPAP), que tiene como objetivo reducir un 70 % la fuga de plásticos al mar para 2025, en consonancia con las estrategias nacionales sobre residuos y desechos marinos.

Como parte de la Alianza Mundial para la Acción sobre los Plásticos del Foro Económico Mundial (GPAP), la NPAP Indonesia demuestra cómo la colaboración global puede apoyar y ampliar la acción nacional, y asegurar que las enseñanzas y las soluciones circulen en ambos sentidos.

Con el apoyo del Gobierno de Canadá, la GPAP está reforzando esta labor al abordar el vínculo fundamental entre la contaminación por plásticos y la biodiversidad, para garantizar que las iniciativas protejan los ecosistemas y los medios de vida, además de reducir los residuos.

¿Qué está haciendo el Foro Económico Mundial para abordar la contaminación por plásticos?

Acción sobre el terreno

Financiada por Canadá y puesta en marcha a través de la GPAP, la Iniciativa de Pequeños Fondos para la Biodiversidad apoya a grupos de base que combaten la contaminación por plásticos y la pérdida de biodiversidad. Al empoderar a actores locales, protege los ecosistemas, fortalece los medios de vida e impulsa soluciones climáticas inclusivas.

Con la equidad, la ciencia y la circularidad en su esencia, la acción colectiva puede cambiar el rumbo.

En la Conferencia de las Naciones Unidas sobre los Océanos de 2025 (UNOC-3), celebrada en Niza, se anunciaron los ganadores de esta iniciativa: 20 proyectos dirigidos por comunidades de Asia (ocho de ellos de Indonesia), África y América Latina. Sus enfoques innovadores muestran nuevas formas de gestionar los residuos plásticos, restaurar los ecosistemas y crear medios de vida.

Entre ellos:

  • Fundación Carvajal: Las piangüeras —mujeres que conservan los ecosistemas de manglar y recolectan pianguas— recuperan en Colombia 3000 kg de plástico al mes de los manglares.

  • Sustainable Actions for Nature: jóvenes nigerianos restauran manglares y transforman los residuos plásticos en ladrillos y esteras comercializables.

  • Project Nomad: las «fábricas de plástico» de Indonesia convierten los residuos en productos reutilizables y créditos de plástico.

  • REGEN: comunidades indígenas de Perú crean alternativas biodegradables a partir de materiales naturales.

No se trata de limpiezas puntuales, sino de modelos regenerativos y circulares liderados por mujeres, jóvenes, pueblos indígenas y trabajadores informales. Demuestran que quienes más sufren la contaminación por plásticos también están en mejor posición para impulsar las soluciones.

A pesar de su diversidad, todos los proyectos destacaron una idea común: abordar conjuntamente la contaminación por plásticos y la pérdida de biodiversidad permite obtener beneficios ambientales y económicos.

Cambiar el rumbo juntos

Los líderes comunitarios han demostrado que la innovación impulsada desde las bases ya está propiciando cambios, pero ampliar su impacto requiere apoyo desde las instancias superiores mediante financiación, armonización de políticas y marcos globales.

Aunque las negociaciones sobre un Tratado Mundial sobre los Plásticos están estancadas, el impulso crece gracias a los planes de acción nacionales, las políticas de diseño circular y el Marco Mundial de Biodiversidad de Kunming-Montreal, que vincula los plásticos con una protección más amplia de los ecosistemas.

Para las empresas, los gobiernos y las comunidades, invertir en estas soluciones ya no es opcional: es una medida necesaria de gestión de riesgos, una política inteligente y un camino hacia la resiliencia.

A medida que la atención se desplaza hacia las Reuniones sobre el Impacto del Desarrollo Sostenible de la Semana del Clima de 2025, la tarea está clara: llevar el espíritu de la UNOC-3 a acciones concretas. Se trata de una oportunidad única en una generación para armonizar la ambición global con las realidades locales y pasar de las promesas a las vías de acción.

Con la equidad, la ciencia y la circularidad en su esencia, la acción colectiva puede cambiar el rumbo, proteger la biodiversidad, restaurar los ecosistemas y hacer posible una economía justa y regenerativa.

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