Un estudio de Harvard analizó por qué las personas no actúan, a pesar de su preocupación por el cambio climático.
Constató que la gente quiere políticas climáticas que sean eficaces, pero que no les supongan una carga financiera ni aumenten la desigualdad.
Proporcionar a la ciudadanía información clara y pertinente sobre las políticas climáticas es clave para ganar apoyo y fomentar la acción.
El cambio climático plantea un desafío monumental para nuestro planeta, que afecta a todos los aspectos de nuestro entorno, economías y sociedades. Nuestro planeta se encuentra en un punto de inflexión. El aumento de las temperaturas, la subida del nivel del mar y los fenómenos meteorológicos extremos señalan la necesidad urgente de actuar. Sin embargo, la respuesta de los gobiernos, las industrias y los particulares a menudo parece insuficiente.
Como investigador de Harvard y fundador del Social Economics Lab, me ha intrigado una pregunta crucial: a pesar de la creciente conciencia y preocupación de la ciudadanía por el cambio climático, ¿por qué no vemos una acción más eficaz para combatirlo?
Esta paradoja está en el centro de uno de nuestros recientes estudios realizados en 20 países con investigadores de la OCDE y de otras universidades. Profundizamos en la complejidad de la opinión pública sobre las políticas climáticas en estos países, con el objetivo de comprender las razones de fondo del apoyo o la oposición a estas iniciativas.
¿Qué hace que la gente apoye las políticas climáticas?
Encontramos varias razones para que la gente apoye (o no) las políticas climáticas (o la falta de ellas). Quizá no sorprenda que las personas tengan más probabilidades de apoyar políticas que crean que supondrán una diferencia real para mitigar el cambio climático.
Sin embargo, existe una clara brecha en la comprensión del impacto ambiental de estas políticas. Por ejemplo, ¿en cuánto se reducirían las emisiones de carbono si se impusiera un impuesto del 5 % sobre los precios de los combustibles? ¿Cuál es el efecto sobre la contaminación de prohibir los coches en los centros urbanos? Esta brecha de comprensión no sorprende, dado lo complejos que pueden ser estos efectos, incluso para los científicos del clima. Pero a menudo genera escepticismo y reticencia a respaldar las políticas climáticas.
También constatamos que a la gente le preocupa el impacto financiero personal de las políticas climáticas. Muchos temen que estas políticas puedan provocar un aumento del coste de la vida o de los impuestos, lo que afectaría a su día a día. Esta ansiedad económica supone un obstáculo importante para lograr un apoyo generalizado a las acciones climáticas necesarias, especialmente entre los hogares de menos ingresos o los que están condicionados por su lugar de residencia y por los medios de transporte o energía a su alcance.
Pero quizá nuestro hallazgo más interesante fue que las personas no se mueven solo por el interés propio. Existe una fuerte preocupación por cómo las políticas climáticas afectan a los menos favorecidos de la sociedad. El posible impacto en la desigualdad, especialmente la carga sobre las comunidades más pobres, es crucial para configurar la opinión pública sobre la política climática. Las personas tienen más probabilidades de apoyar políticas que perciben como progresivas; es decir, aquellas que asignan una mayor parte de la carga financiera a los hogares de altos ingresos.
Esto plantea tres implicaciones importantes para los responsables políticos que buscan actuar contra el cambio climático.
1) El diseño de las políticas climáticas debe orientarse hacia la progresividad
Los impuestos sobre el carbono suelen encontrar resistencia, por ejemplo. Pero su popularidad mejora significativamente cuando sus ingresos se destinan a causas progresistas. Cuando los fondos se utilizan para realizar transferencias directas de efectivo a hogares de bajos ingresos o vulnerables, por ejemplo, o se destinan a inversiones ecológicas, estos impuestos obtienen mucho más apoyo público que si se utilizaran para transferencias iguales para todos o se integraran en los ingresos generales del gobierno.
2) La gente tiende a preferir la regulación frente a los impuestos
Por ejemplo, muchos de los encuestados en nuestro estudio prefieren la prohibición directa de los vehículos contaminantes en las zonas urbanas densamente pobladas antes que imponer impuestos a dichos vehículos. Aunque los economistas puedan considerar este enfoque menos eficiente que los impuestos correctores o las subvenciones, responde al deseo de la gente de soluciones equitativas. Permitir que las personas más ricas "paguen por contaminar" resulta inaceptable para muchos, que, en cambio, apoyan normas aplicables a todos. Esto también refleja una profunda preocupación por la equidad y la justicia en la política ambiental.
3) La información específica es crucial
La gente ya está preocupada por el cambio climático, así que no es la falta de conocimiento sobre las consecuencias del cambio climático lo que les impide actuar o apoyar medidas. Lo que realmente marca la diferencia es explicar cómo las políticas específicas no solo reducirán las emisiones, sino que también serán de naturaleza progresiva. Las garantías de que las políticas no perjudicarán de forma desproporcionada a las personas de bajos ingresos, o de que se compensará adecuadamente a los hogares pobres afectados, pueden aumentar significativamente el apoyo público a estas iniciativas.
Comunicar las políticas climáticas
Esto nos lleva a una lección más amplia sobre el valor de una comunicación de políticas transparente y centrada. Proporcionar a la ciudadanía información clara y pertinente sobre las políticas climáticas que afectan a sus vidas es fundamental. Pero no se trata solo de informar; se trata de abordar inquietudes específicas y demostrar cómo se diseñan las políticas con equidad y eficacia en mente.
Nuestro estudio ofrece motivos para un optimismo prudente. Demuestra que podemos perfeccionar nuestro enfoque de la política climática para hacerla más eficaz y con mayor respaldo. Mediante el diseño de políticas progresivas y regulaciones equitativas, y explicándolas adecuadamente al público general, los gobiernos pueden fomentar un compromiso colectivo más sólido para afrontar el cambio climático.
El autor es miembro del Global Future Council on the Future of Growth, parte de la Iniciativa para el Futuro del Crecimiento. La iniciativa tiene como objetivo apoyar a los responsables políticos para equilibrar los objetivos de crecimiento, innovación, inclusión, sostenibilidad y resiliencia, gestionando las compensaciones y aprovechando sus sinergias. Para más información o para participar, póngase en contacto con cnes@weforum.org.




