Al absorber calor y dióxido de carbono, el océano ha mitigado hasta ahora los efectos del cambio climático causado por las emisiones de gases de efecto invernadero.
El calentamiento global implica mares más cálidos, menores niveles de oxígeno y acidificación, fenómenos que amenazan los ecosistemas marinos, las comunidades costeras y a las personas de todo el mundo.
Algunas soluciones a estos problemas podrían encontrarse en el propio océano.
El océano es el moderador natural del clima de la Tierra: regula el clima e influye en los patrones meteorológicos de todo el planeta, y nos afecta a todos, incluso si no vivimos cerca de la costa.
Como las actividades humanas han aumentado considerablemente las emisiones de gases de efecto invernadero, el océano ha moderado sus efectos al absorber más del 90 % del exceso de calor y aproximadamente el 30 % del exceso de emisiones de carbono, y nos ha librado de los impactos extremos que, de otro modo, sufriríamos en la Tierra.
Pese a esta moderación, los cambios se han sentido en todo el mundo: los mares más cálidos están vinculados al aumento de las sequías en África central, a cambios en los patrones de precipitación en el Medio Oeste de Estados Unidos y a inundaciones más intensas en el Sudeste Asiático.
El cambio climático afecta al océano y a nosotros
Aunque el océano ha protegido a las personas en tierra de todas las consecuencias de nuestras emisiones, el exceso de calor y carbono que absorbe está cambiando los ecosistemas marinos, en detrimento de los animales y las plantas que los habitan y de las personas que dependen de ellos.
Acidificación del océano
A medida que el océano absorbe más dióxido de carbono, disminuye el pH del agua, que se vuelve más ácida, y se dificulta la capacidad de los organismos marinos para formar las conchas y estructuras esqueléticas de las que dependen para sobrevivir. Esto afecta al plancton, los arrecifes de coral, las ostras, los erizos de mar, las almejas y muchas otras especies. Así, la acidificación del océano socava la base de la red trófica, los hábitats esenciales para los peces, la pesca comercial y los ecosistemas costeros que protegen nuestras costas.
Reducción de los niveles de oxígeno
El calentamiento de las aguas superficiales del océano aumenta la estratificación oceánica, lo que reduce la mezcla de las aguas, un proceso que normalmente ayuda a llevar oxígeno desde la superficie hasta las profundidades. Esta barrera física, ahora más intensa entre las aguas superficiales y profundas, ha contribuido a reducir los niveles de oxígeno en el océano, asfixiando a muchas especies marinas de aguas profundas o forzándolas a desplazarse. Entre las especies afectadas hay algunas que consumimos o de las que dependemos para nuestro sustento.
Olas de calor marinas
Aunque para nosotros son menos perceptibles de inmediato que las olas de calor que vivimos en tierra, las olas de calor marinas pueden perturbar los ecosistemas submarinos en igual medida, ya que la temperatura cambia rápidamente y los organismos marinos tienen poco tiempo para adaptarse o responder. A medida que aumenta la temperatura del océano, también observamos un incremento de las olas de calor marinas.
Deshielo marino
El hielo marino influye en los patrones meteorológicos mundiales: su superficie blanca refleja la luz solar y su calor de vuelta a la atmósfera. Sin embargo, debido al aumento de las temperaturas oceánicas y atmosféricas, el hielo marino se está derritiendo. En ausencia de hielo marino, el océano, más oscuro, absorbe el calor del sol, lo que genera una retroalimentación positiva: el agua y el aire más cálidos derriten más hielo marino y dejan al descubierto una mayor extensión del océano.
Este proceso tiene repercusiones climáticas en todo el mundo. La pérdida de hielo marino también afecta directamente a las personas y los animales que viven en él y en sus inmediaciones. Los inuit, que han vivido en el Ártico durante 20.000 años, están viendo cómo sus hogares y medios de vida cambian con una rapidez sin precedentes.
El océano se acerca a su punto de inflexión. Empezamos a observar cambios rápidos en la química oceánica, los ecosistemas marinos, los medios de vida ligados al océano y los patrones meteorológicos de todo el mundo, así como desastres naturales a escala mundial que nos afectan a todos.
Debemos actuar
Para muchas personas, estos cambios en el océano pueden parecer lejanos, pero su influencia no se detiene en la costa.
Los cambios en la temperatura y la química del océano amenazan la seguridad alimentaria mundial, con consecuencias especialmente devastadoras para los países en desarrollo que dependen en gran medida de los productos del mar como fuente esencial de proteínas. El deshielo de las capas de hielo y los glaciares acelera el aumento del nivel del mar y deja a las comunidades costeras y a infraestructuras costeras esenciales expuestas a inundaciones y erosión.
El calentamiento del océano no solo ha elevado el nivel del mar, sino que también ha aumentado la intensidad de las tormentas, haciendo que nuestras costas sean aún más vulnerables a los fenómenos meteorológicos extremos. Mientras tanto, los desastres climáticos pueden trastocar vidas y medios de subsistencia, provocar migraciones climáticas, desestabilizar países y amenazar la seguridad nacional.
Cómo pueden las soluciones oceánicas combatir el cambio climático
El océano puede ayudarnos a cambiar el rumbo y ofrece una variedad de opciones para combatir el cambio climático.
1. Mitigación
Los ecosistemas marinos pueden almacenar una cantidad significativa de carbono, lo que podría ayudar a compensar las emisiones de carbono mientras las industrias hacen la transición a prácticas con cero emisiones. Los mercados de «carbono azul» son complejos, y las inversiones deberían apoyar a las comunidades locales, esenciales para gestionar eficazmente los ecosistemas de carbono azul y garantizar el respaldo local, necesario para tener éxito. Según la ubicación, las energías renovables oceánicas, como la eólica marina, también podrían desempeñar un papel importante en la reducción de las emisiones de carbono.
2. Adaptación
Un océano saludable tiene más posibilidades de adaptarse a los efectos del cambio climático y recuperarse de ellos, lo que también aumenta las posibilidades de que las personas puedan adaptarse y recuperarse.
La variedad de algas marinas que alcanza un precio más alto ya no puede sobrevivir al aumento de las temperaturas en las aguas poco profundas del océano Índico occidental, señala la Dra. Flower Msuya, investigadora principal y presidenta de la Iniciativa del Clúster de Algas Marinas de Zanzíbar. Ahora, los cultivadores de algas marinas deben cosechar una especie de menor valor, mientras que quienes tienen acceso a embarcaciones pueden cosechar la especie de mayor valor que se encuentra en las aguas más profundas y frías mar adentro. La planificación de la adaptación puede ayudar a identificar medios de vida y fuentes de alimentos alternativos, así como respuestas eficaces a los cambios en los ecosistemas oceánicos, para preparar mejor a las comunidades locales y mundiales frente a los efectos del cambio climático.
3. Protección
La protección del océano permite que los ecosistemas marinos resistan mejor los cambios oceánicos, como la acidificación, la reducción del oxígeno y el aumento del calor, para que puedan seguir proporcionando los recursos de los que dependemos para vivir. El enfoque de la Década de las Naciones Unidas sobre la Restauración de los Ecosistemas pone de relieve cuán esencial es nuestro entorno natural, y las soluciones basadas en la naturaleza aprovechan estos beneficios naturales para proteger la salud y el bienestar humanos.
4. Fortalecimiento de la resiliencia
A medida que el sector privado evalúa las vulnerabilidades de las cadenas de suministro, la exposición a los riesgos climáticos y el valor de la resiliencia a largo plazo, quedarán patentes los beneficios de unos ecosistemas costeros saludables. Los ecosistemas costeros, desde los manglares hasta los arrecifes de coral, fortalecen nuestra propia resiliencia ante los efectos del cambio climático: nos ofrecen defensas naturales que nos ayudan a resistir mejor las marejadas ciclónicas y los fenómenos meteorológicos extremos, y mejoran nuestra capacidad para proteger infraestructuras esenciales y comunidades.
Por qué debemos incluir a todas las personas
Las medidas de adaptación, mitigación, resiliencia y protección deben ser inclusivas y justas si queremos lograr un cambio eficaz. Debemos garantizar que los beneficios de la transición a cero emisiones se distribuyan equitativamente y que todos aunemos esfuerzos para asumir los costos y las cargas, especialmente en apoyo de los países con menos recursos.
Sabemos que un océano saludable nos proporciona los recursos necesarios para sustentar la vida; los pueblos indígenas y las comunidades locales han transmitido este conocimiento de generación en generación. Esto subraya la importancia de incorporar los conocimientos ecológicos tradicionales a las iniciativas de respuesta al cambio climático. Debemos aprender de la experiencia local mientras desarrollamos soluciones para afrontar la gravísima crisis climática que vivimos e incorporar una perspectiva inclusiva en el Decenio de las Naciones Unidas de las Ciencias Oceánicas para el Desarrollo Sostenible.
Una mayor transparencia y rendición de cuentas también pueden sentar las bases de procesos de toma de decisiones más inclusivos que impulsen resultados más equitativos.
Los jóvenes que alzan la voz para exigir medidas climáticas lo hacen ante un futuro en el que se les ha arrebatado un planeta saludable. Para lograr resultados más equitativos, debemos tener en cuenta a las generaciones que heredarán las consecuencias de nuestras decisiones actuales.



