Por qué combatir el cambio climático requiere soluciones verdaderamente «positivas para la naturaleza»

What are nature-based solutions for climate change crisis?
What are nature-based solutions for climate change crisis?Image: Unsplash/ David Clode
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  • Las soluciones basadas en la naturaleza y las soluciones positivas para la naturaleza promueven la idea de que proteger y acelerar los procesos naturales puede ayudar a resolver la crisis climática.

  • Esto puede lograrse eliminando gases de efecto invernadero de la atmósfera, almacenando carbono en la biomasa y reduciendo las emisiones de gases de efecto invernadero de la biomasa a la atmósfera.

  • Pero, como la naturaleza lo abarca todo, lo que se considera «basado en la naturaleza» o «natural» depende en gran medida de quién haga el recuento.

Hace décadas, el académico galés Raymond Williams escribió: «La naturaleza es quizá la palabra más compleja del idioma». Así que quizá no sorprenda que las organizaciones y las personas que trabajan en la intersección del cambio climático y la conservación de la biodiversidad tengan opiniones muy dispares sobre lo que suele denominarse soluciones basadas en la naturaleza (NBS, por sus siglas en inglés) y soluciones climáticas naturales (NCS, por sus siglas en inglés) para la crisis climática.

Soluciones basadas en la naturaleza para la crisis del cambio climático

La idea detrás de estas soluciones es que proteger y acelerar los procesos naturales puede ayudar a resolver la crisis climática mediante la eliminación de gases de efecto invernadero de la atmósfera, el almacenamiento de carbono en la biomasa y la reducción de las emisiones de gases de efecto invernadero de la biomasa a la atmósfera. Pero, como la naturaleza lo abarca todo —la tierra, el agua, el aire, el fuego y los seres vivos (incluidas las personas)—, lo que se considera «basado en la naturaleza» o «natural» depende en gran medida de quién haga el recuento.

Qué cuenta y qué no cuenta importa mucho ante la urgencia de la crisis climática y las respuestas que hasta ahora han sido inadecuadas, como deja muy claro el reciente informe del Grupo de Trabajo II del Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC) sobre los impactos del cambio climático, la adaptación y la vulnerabilidad. Si no logramos limitar el cambio climático, también perderemos la mayor parte del mundo natural tal como lo conocemos. Sin embargo, mientras algunos defensores de las NBS y las NCS se esfuerzan por garantizar una sólida alineación entre los resultados climáticos y los de biodiversidad, otros se conforman con atribuirse los beneficios de la naturaleza y eludir la responsabilidad por los costes que le imponen.

Si no logramos limitar el cambio climático, también perderemos la mayor parte del mundo natural tal como lo conocemos.

Daniel Zarin

En el primer grupo figuran organizaciones como la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN), que define las NBS como «acciones para proteger, gestionar de forma sostenible y restaurar ecosistemas naturales y modificados que afronten eficaz y adaptativamente los desafíos sociales, y que, al mismo tiempo, aporten beneficios para el bienestar humano y la biodiversidad». Del mismo modo, una publicación fundamental sobre las NCS amplió esa definición: «acciones de conservación, restauración y/o mejora de la gestión de tierras que aumentan el almacenamiento de carbono y/o evitan las emisiones de gases de efecto invernadero en bosques, humedales, pastizales y tierras agrícolas de todo el mundo».

En el segundo grupo figuran los defensores de proyectos de bioenergía y de políticas favorables a la bioenergía. Estas iniciativas suelen depender de los árboles como principal fuente de energía, devastando los bosques y su fauna silvestre, y socavando el papel de los bosques en la eliminación y el almacenamiento de dióxido de carbono a largo plazo.

Junto con la bioenergía, la continua expansión de plantaciones de monocultivo para producir alimentos y fibras va en contra de la conservación de la biodiversidad, pese al creciente interés de algunas empresas agroindustriales por revestir de un discurso de continuidad de las prácticas habituales los elogios a las NBS o las NCS.

Positivas de forma demostrable

El velo de ambigüedad ha permitido que este segundo grupo gane terreno, pero, al disiparse esa ambigüedad, queda claro que no es más que ecoblanqueo. Para corregirlo, debemos promover y poner en práctica soluciones que no sean simplemente «basadas en la naturaleza» de manera vaga, sino que sean, de hecho y de forma demostrable, «positivas para la naturaleza», es decir, que ayuden a detener y revertir la pérdida de ecosistemas naturales para 2030, tomando como referencia el año 2020, y que, al mismo tiempo, aporten beneficios para la mitigación y la adaptación al cambio climático.

En el ámbito del cambio climático, las NBS y las NCS ya están firmemente asentadas y tienen potencial para generar un impacto considerable, como demuestra el número y la importancia financiera de los anuncios realizados en la COP26 de Glasgow el año pasado. Se necesita con urgencia mucha más financiación, pero el impacto es el único indicador real del éxito o el fracaso. Por eso, parecen justificadas preguntas claras para la financiación climática positiva para la naturaleza: ¿Cómo ayudará a detener y revertir la pérdida de ecosistemas naturales? ¿Qué beneficios aporta para la mitigación y la adaptación al cambio climático? ¿Y contribuirá a reducir o a agravar las desigualdades existentes, incluidas las que afectan a los pueblos indígenas y las comunidades locales?

Más allá de la ambigüedad

De cara a la próxima conferencia mundial del Convenio sobre la Diversidad Biológica, ha llegado el momento de ir más allá de un lenguaje ambiguo que se puede estirar y retorcer fácilmente para que signifique lo que cada cual quiera.

Para abordar adecuadamente la emergencia climática, debemos reducir rápida y drásticamente las emisiones de gases de efecto invernadero en todos los sectores de la economía —incluidos la energía, la industria, el transporte, los edificios y la agricultura— y proteger los ecosistemas naturales. También debemos proteger especialmente los bosques y las turberas, los ecosistemas que más CO2 eliminan de la atmósfera, más carbono almacenan en la biomasa y más potencial tienen para reducir las emisiones de CO2 de la biomasa a la atmósfera.

Para lograrlo, necesitaremos que los líderes —de los gobiernos y las empresas, y especialmente del sector financiero, donde se decide cómo asignar billones de dólares de capital de inversión— adopten no solo soluciones basadas en la naturaleza, sino también soluciones positivas para la naturaleza. Ese liderazgo deberá apelar a lo mejor de nuestra naturaleza humana para dar prioridad a mantener y financiar el mantenimiento de la química de la fina envoltura atmosférica que nos sustenta, junto con el resto de la diversidad de la vida en la Tierra.

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