Un repaso al verano de calor, inundaciones y cambio climático en Estados Unidos: bienvenidos a la nueva anormalidad

Flooding in the United Kingdom
Climate change is helping amplify climate events.Image: Unsplash/Chris Gallagher
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  • Estados Unidos sufrió numerosos fenómenos meteorológicos extremos durante el verano de 2022.

  • Entre ellos hubo inundaciones históricas en Montana, una ola de calor sin precedentes en California e incendios forestales en todo el suroeste.

  • Los estudios más recientes sugieren que el cambio climático está amplificando e intensificando este tipo de desastres.

  • Sin un esfuerzo serio para frenar las emisiones de gases de efecto invernadero, los fenómenos de este verano podrían convertirse en la «nueva anormalidad», afirma un experto.

El verano de 2022 comenzó con una inundación histórica en Montana, provocada por las fuertes lluvias y el deshielo, que destrozó carreteras y obligó a evacuar grandes zonas del Parque Nacional de Yellowstone.

Terminó con una ola de calor sin precedentes en California y gran parte del oeste, que llevó a la red eléctrica al borde del colapso, provocó apagones, y fue seguida por una tormenta tropical que batió récords de precipitaciones en el sur de California. Un tifón inundó la costa de Alaska, y un huracán azotó Puerto Rico con más de 30 pulgadas de lluvia.

Mientras tanto, los incendios forestales arrasaron California, Arizona y Nuevo México en el contexto de una megasequía en el suroeste de Estados Unidos más grave que cualquier otra que haya vivido la región en al menos 1.200 años. Cerca de Albuquerque, Nuevo México, un tramo de cinco millas del río Grande se secó por primera vez en 40 años. Las olas de calor persistentes se prolongaron en muchas partes del país y batieron récords de temperatura.

Al mismo tiempo, durante un periodo de cinco semanas entre julio y agosto, se produjeron cinco episodios de lluvias con una probabilidad de ocurrir una vez cada 1.000 años en San Luis, el este de Kentucky, el sur de Illinois, el Valle de la Muerte de California y Dallas, con inundaciones repentinas devastadoras y, en ocasiones, mortales. Las lluvias extremas también causaron graves inundaciones en Misisipi, Virginia y Virginia Occidental.

En el verano de 2022 se produjeron fenómenos meteorológicos extremos en todo Estados Unidos.Image: The Conversation

Estados Unidos está lejos de ser el único país que sufre desastres climáticos.

En Pakistán, las lluvias monzónicas batieron récords e inundaron más de un tercio del país, causando la muerte de más de 1.500 personas. En India y China, las prolongadas olas de calor y sequías secaron ríos, alteraron las redes eléctricas y amenazaron la seguridad alimentaria de miles de millones de personas.

En Europa, las olas de calor batieron récords de temperatura en Gran Bretaña y otros lugares, lo que provocó graves sequías e incendios forestales en muchas partes del continente. En Sudáfrica, las lluvias torrenciales causaron inundaciones y deslizamientos de tierra que acabaron con la vida de más de 400 personas. Puede que el verano haya terminado según el calendario, pero los desastres climáticos sin duda continuarán.

No se trata solo de un verano excepcional: con los años, estos fenómenos extremos se producen con frecuencia e intensidad cada vez mayores.

El cambio climático intensifica estos desastres

La evaluación internacional más reciente sobre el clima del Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático de las Naciones Unidas constató aumentos significativos tanto en la frecuencia como en la intensidad de los fenómenos extremos de temperatura y precipitación, que provocan más sequías e inundaciones.

Un estudio reciente publicado en la revista científica Nature concluyó que las inundaciones extremas y las sequías también son más mortíferas y costosas, pese a la mejora de la capacidad para gestionar los riesgos climáticos. Esto se debe a que estos fenómenos extremos, intensificados por el cambio climático, suelen superar los niveles para los que se diseñaron esas estrategias de gestión.

Las precipitaciones extremas provocan más inundaciones y deslizamientos de tierra, con consecuencias sociales y económicas devastadoras.Image: Unsplash/jim gade

Por definición, los fenómenos extremos son poco frecuentes. Una inundación que ocurre una vez cada 100 años tiene un 1 % de probabilidad de producirse en un año determinado. Por eso, cuando estos fenómenos ocurren con frecuencia e intensidad cada vez mayores, indican claramente que el estado del clima está cambiando.

El término «calentamiento global» puede inducir a error, pues parece sugerir que, a medida que los seres humanos emiten más gases de efecto invernadero que atrapan el calor a la atmósfera, el mundo se calentará un poco en todas partes. Lo que no transmite es que el aumento de las temperaturas también da lugar a un mundo más violento, con desastres climáticos más extremos, como vimos el verano pasado.

Los modelos climáticos ya mostraban que estos riesgos se avecinaban

Gran parte de esto se conoce bien y los modelos climáticos lo reproducen de forma sistemática.

A medida que el clima se calienta, cambia la distribución de las temperaturas y aumentan los fenómenos extremos. La magnitud de los cambios en las temperaturas extremas suele ser mayor que la de los cambios en la media. Por ejemplo, a escala mundial, un aumento de 1 grado Celsius en la temperatura media anual está asociado a un aumento de entre 1,2 °C y 1,9 °C (entre 2,1 °F y 3,4 °F) de la temperatura máxima anual.

Además, el calentamiento global modifica el perfil vertical de la atmósfera y los gradientes de temperatura entre el ecuador y los polos, lo que altera el movimiento de la atmósfera y los océanos. La diferencia de temperatura entre el ecuador y los polos impulsa los vientos globales. Como las regiones polares se calientan a un ritmo mucho mayor que el ecuador, la menor diferencia de temperatura debilita los vientos globales y da lugar a una corriente en chorro más sinuosa.

Algunos de estos cambios pueden crear condiciones, como sistemas persistentes de alta presión y bloqueos atmosféricos, que favorecen olas de calor más frecuentes e intensas. Las cúpulas de calor sobre las Grandes Llanuras del Sur y el sur en junio, y sobre el oeste en septiembre, son ejemplos de ello.

El calentamiento inicial puede amplificarse aún más mediante retroalimentaciones positivas. Por ejemplo, el calentamiento acelera el deshielo y deja al descubierto el suelo oscuro, que absorbe más calor que la nieve y, con ello, intensifica aún más el calentamiento.

El calentamiento de la atmósfera también aumenta su capacidad para retener vapor de agua, que es un potente gas de efecto invernadero. Por lo tanto, una mayor cantidad de vapor de agua en el aire provoca más calentamiento. Las temperaturas más altas tienden a secar el suelo, y la menor humedad del suelo reduce la capacidad del terreno para almacenar calor, por lo que se calienta con más facilidad.

Estas retroalimentaciones positivas intensifican aún más el calentamiento inicial y dan lugar a más episodios de calor extremo. Las olas de calor más frecuentes y persistentes provocan una evaporación excesiva que, sumada a la disminución de las precipitaciones en algunas regiones, causa sequías más graves e incendios forestales más frecuentes.

A medida que suben las temperaturas, aumenta la intensidad de las tormentas.Image: The Conversation

Las temperaturas más altas aumentan la capacidad de la atmósfera para retener humedad a un ritmo de alrededor del 7 % por cada grado Celsius.

Este aumento de la humedad provoca episodios de lluvias más intensas. Además, los sistemas de tormentas se alimentan del calor latente, es decir, de la gran cantidad de energía que se libera cuando el vapor de agua se condensa y se convierte en agua líquida. El mayor contenido de humedad de la atmósfera también potencia el calor latente en los sistemas de tormentas, aumentando su intensidad. Las lluvias extremas, intensas o persistentes, provocan más inundaciones y deslizamientos de tierra, con consecuencias sociales y económicas devastadoras.

Aunque es difícil relacionar directamente fenómenos extremos concretos con el cambio climático, cuando esos fenómenos supuestamente raros ocurren con frecuencia cada vez mayor en un mundo que se calienta, es difícil ignorar que el estado de nuestro clima está cambiando.

La nueva anormalidad

Así pues, el verano pasado quizá nos ofrezca un vistazo de nuestro futuro próximo, a medida que estos fenómenos climáticos extremos se hacen más frecuentes.

Sin embargo, decir que esto es la nueva «normalidad» induce a error. Sugiere que hemos alcanzado un nuevo estado estable, y eso está muy lejos de la verdad.

Sin un esfuerzo serio para frenar las emisiones de gases de efecto invernadero, continuará esta tendencia hacia fenómenos más extremos. La situación seguirá empeorando, y dentro de unos años o décadas este verano pasado se convertirá en la norma; con el tiempo, incluso parecerá benigno, como uno de esos «veranos agradables» que recordamos con cariño y nostalgia.

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