Según los delegados en Davos, el crecimiento de las energías renovables ya es irreversible, impulsado por la fuerte caída de los precios y su amplia asequibilidad frente a las alternativas fósiles.
Los sistemas alimentarios necesitan una transformación urgente para satisfacer el aumento previsto del 50% de la demanda para 2050; es fundamental brindar más apoyo a agricultores y pescadores.
El calentamiento global amenaza con sumir al planeta en un cambio climático desbocado; la carrera consiste en alcanzar primero puntos de inflexión positivos en las tecnologías verdes.
Davos 2026 será recordado como una semana en la que la geopolítica acaparó el protagonismo, mientras la crisis climática y de la naturaleza persistía entre bastidores.
Los líderes empresariales de la economía real —desde la agricultura y la biotecnología hasta la energía y la minería— afirmaron sin ambages que «lo que es inteligente para las empresas es inteligente para el clima». Al hacerlo, enterraron el mito de que la prosperidad y la sostenibilidad son fuerzas opuestas.
«La campana ha sonado», declaró Andrew Forrest — cuya empresa minera Fortescue calcula que puede ahorrar mil millones de dólares al año al pasarse a las energías renovables. «No somos progres de moda ni ecologistas sin sentido común», dijo Forrest. «Somos empresarios pragmáticos que entendemos el planeta».
Doble crisis: los sistemas terrestres críticos corren el riesgo de pasar de sumideros a fuentes de calor
«Nos encontramos en un momento realmente, realmente decisivo», anunció Johan Rockström, director del Instituto de Potsdam para la Investigación del Impacto Climático y uno de los científicos del clima más prestigiosos del mundo. «Se nos acaba el tiempo», dijo a los delegados en Davos, «pero aún no es demasiado tarde».
Durante los últimos 12.000 años, el planeta ha disfrutado de un clima extraordinariamente estable, con una temperatura superficial media de 14 °C —más o menos medio grado—, lo que ha brindado a la vida humana un espacio seguro para prosperar. Sin embargo, los científicos esperan que, en los próximos tres a cinco años, el planeta supere definitivamente el umbral de 1,5 °C, debido a concentraciones de CO2 que ahora están un 52% por encima de los niveles preindustriales. «Según la evidencia científica, en los próximos 75 años nos dirigimos hacia un mundo a 3 °C, catastrófico e inmanejable», advirtió Rockström.
Las emisiones de gases de efecto invernadero están provocando una doble crisis. A medida que se baten año tras año récords de temperatura, los desastres provocados por el clima —incendios forestales, tormentas de viento, inundaciones y sequías— se vuelven más frecuentes e intensos. A su vez, el calor que ya han absorbido los océanos y la atmósfera del planeta amenaza con empujar 16 sistemas biofísicos críticos más allá de puntos de inflexión sin retorno.
Cuando están sanos, estos sistemas —entre ellos la capa de hielo de Groenlandia, la selva amazónica y la corriente meridional de retorno del Atlántico (AMOC)— enfrían nuestro planeta y moderan los efectos del calor extremo. Pero, señala Rockström, «si cruzan ciertos umbrales, cambiarán los mecanismos de retroalimentación, amplificarán el calentamiento por sí mismos y socavarán las bases de unas economías estables».
Nuevas investigaciones muestran que estos sistemas críticos están más cerca de los puntos de inflexión de lo que se creía. Por ejemplo, hace mucho que los científicos advierten que la selva amazónica podría convertirse en una sabana seca. Antes se estimaba que el umbral se alcanzaría con un calentamiento de 3-5 °C. Ahora, al combinarse con los efectos de retroalimentación de riesgos ecológicos como la pérdida de bosques, el punto desencadenante es de 1,5 °C con una deforestación del 20-25%. La destrucción de la cubierta arbórea en toda la Amazonía ya ha alcanzado el 17-18%.
La pregunta ahora es contundente: ¿puede la economía mundial —que impulsa el cambio climático— alcanzar puntos de inflexión positivos mediante la adopción a gran escala de tecnologías con bajas emisiones de carbono antes de que los propios sistemas críticos de la Tierra alcancen puntos de inflexión sin retorno?
Combatir el cambio climático también es una batalla por el relato: la sostenibilidad tiene sentido económico
Pese a esta visión de un futuro apocalíptico, figuras destacadas del movimiento climático señalan noticias positivas. Christiana Figueres, una de las artífices del Acuerdo de París de 2015 y copresentadora del pódcast Outrage + Optimism, señala que hace una década las emisiones de carbono aumentaban un 2%. Hoy, la cifra ha bajado al 0,3%. Ni de lejos es suficiente, pero al menos vamos en la dirección correcta.
Países desde América Latina hasta Australia, África y Asia están adoptando las energías renovables, lo que impulsa el nacimiento de «un nuevo cinturón industrial solar» en el Sur Global. En un mensaje desafiante que desvincula la acción climática de las maniobras de la COP y del Congreso de Estados Unidos, Figueres sostiene: «Aunque la política se haya estancado, la economía y la esperanza de la gente de todas partes siguen impulsando el cambio».
Mientras tanto, en Davos, pese a los titulares, ese espíritu de esperanza en la futura economía verde se percibía vivo. Ester Baiget, presidenta y directora ejecutiva de Novonesis, una empresa danesa de biotecnología, lo expresó así: «Lo que es inteligente para las empresas es inteligente para el clima: son dos caras de la misma moneda». Advirtió que la crisis climática se ve agravada por una «crisis del relato»: no se explica que la transición hacia una economía más sostenible «no solo tiene que ver con el clima, sino también con el crecimiento, la prosperidad y la resiliencia, porque esas soluciones ya son competitivas».

Baiget es copresidenta de la Alianza de Líderes Climáticos de CEO del Foro, cuyos más de 100 miembros demuestran la veracidad de sus palabras. Estas grandes empresas globales han reducido sus emisiones de CO2 un 12% y, al mismo tiempo, han aumentado sus ingresos un 20%. En diciembre, la Alianza anunció en su informe anual que la economía verde mundial ya está valorada en 5 billones de dólares.
Un análisis del Foro y Boston Consulting Group muestra que, en todo el mercado, los ingresos verdes han crecido, en promedio, el doble de rápido que los ingresos convencionales, y que las empresas que operan en estos mercados suelen acceder a capital más barato, desarrollar competitividad futura y obtener valoraciones más altas en los mercados de capitales. De hecho, entre 2016 y 2024, las empresas con más del 50% de ingresos verdes obtuvieron valoraciones, en promedio, entre un 12% y un 15% superiores a las de sus competidoras no verdes.
Como resultado de esta aceleración de la economía verde, hoy ya son competitivas en costos las soluciones para descarbonizar más del 50% de las emisiones totales —como la energía solar, eólica e hidroeléctrica, la eficiencia energética y los vehículos eléctricos—, mientras que otro 20% de las emisiones puede abordarse con soluciones que solo presentan una pequeña desventaja de costos.
La espectacular caída del precio de los paneles solares fotovoltaicos está bien documentada. Por ejemplo, ha permitido a China ampliar su capacidad solar instalada, de decenas de gigavatios (GW) en 2015 a más de 1 teravatio (1.000 GW) a mediados de 2025. La inversión mundial en energía limpia superó los 2 billones de dólares en 2025, y en 2024 se instalaron 600 GW de energías renovables en todo el mundo, lo que subraya que esta industria ya ha superado con creces el punto de inflexión de la viabilidad comercial.
La evolución de las ventas de vehículos eléctricos (VE) es similar: se están acelerando rápidamente. Stella Li, vicepresidenta ejecutiva del destacado fabricante chino de automóviles BYD, dijo en Davos que la penetración de los VE en China había alcanzado el 52% a finales de 2025. El sector despegó cuando el Gobierno chino decidió ofrecer durante una década subvenciones a la compra de «vehículos de nueva energía». Esos incentivos terminaron en diciembre de 2022 y, desde entonces, los VE compiten en igualdad de condiciones con las alternativas que utilizan combustibles fósiles. Según Li: «Cuando la penetración supera el 30%, el consumidor es quien impulsa el cambio».
La sostenibilidad no solo tiene sentido empresarial para las empresas emergentes tecnológicas; también se aplica a las industrias pesadas ya establecidas. Fortescue —una de las 10 mayores empresas mineras del mundo— anunció recientemente que sustituiría los camiones y trenes diésel por medios de transporte alternativos impulsados por energías renovables y baterías. «Cuando demostremos que podemos ahorrar hasta mil millones de dólares en costos operativos al eliminar el diésel de nuestras cadenas de suministro, y no solo mantener, sino ampliar nuestra posición competitiva y seguir superando a nuestros pares», añadió su fundador, Forrest, «la campana habrá sonado».

Garantizar sistemas alimentarios e hídricos prósperos y sostenibles
Los sistemas energéticos —que suministran energía a la industria, el transporte y los edificios— son la mayor fuente de gases de efecto invernadero que calientan el planeta y representan la mayoría de todas las emisiones. Los sistemas alimentarios son el otro gran factor contribuyente: representan hasta un tercio de todas las emisiones de gases de efecto invernadero, si se tienen en cuenta la agricultura, el cambio en el uso del suelo y la cadena de suministro de alimentos (por ejemplo, el procesamiento, el transporte, la venta minorista y los residuos). Por eso, todo debate sobre cómo generar prosperidad dentro de los límites planetarios debe incluir cómo cultivamos, comerciamos y consumimos alimentos.
La seguridad alimentaria se está convirtiendo cada vez más en seguridad nacional. Los principales cultivos básicos de África afrontan caídas del rendimiento de aproximadamente un 33% con un calentamiento global de 2 °C, si no se aplican medidas para impulsar la adaptación. Las zonas arroceras del sur de la India afrontan caídas de productividad del 35% para 2040.
Mientras tanto, se prevé que la población mundial alcance casi los 10.000 millones de personas para 2050, lo que elevará la demanda de alimentos alrededor de un 50% en comparación con 2013. Esto significa que, en una sola generación, los sistemas alimentarios deberán producir la mitad de lo que producen ahora, además de su producción actual, en un contexto de rendimientos decrecientes debido al calentamiento global, la degradación de los suelos y el agotamiento de las fuentes de agua dulce.
Al dirigirse a los delegados en Davos, Kashim Shettima, vicepresidente de Nigeria, declaró: «No consideramos la seguridad alimentaria únicamente una cuestión agrícola; es una cuestión macroeconómica, de seguridad y de gobernanza». Identificó los tres pilares de la seguridad alimentaria de Nigeria: mejorar los rendimientos y la producción de alimentos, mejorar el desempeño ambiental y reforzar la integración de la cadena de suministro alimentario en África Occidental.
Las soluciones para restaurar los sistemas alimentarios son complejas y específicas de cada lugar. Incluyen desarrollar cultivos más resilientes al clima, reponer los suelos con los nutrientes adecuados, aumentar los rendimientos, reducir los residuos y mejorar la conexión con los mercados, todo ello potenciado por la capacidad de la IA para agregar y analizar datos.
Por complejas que sean las soluciones, todas giran en torno a una idea sencilla: los agricultores necesitan mucho más apoyo e inversión. «¿Cómo vamos a garantizar la seguridad alimentaria si no cuidamos primero de los agricultores?», preguntó Ana Carolina Zimmermann, ingeniera industrial y agricultora afincada en Goiás, Brasil, donde administra operaciones de cría de ganado vacuno en Fazenda Ribeirão.

Jai Shroff, presidente y director ejecutivo del grupo UPL, y reconocido líder mundial en desarrollo agrícola sostenible, sostuvo que los agricultores merecen mayores incentivos que recompensen los riesgos que asumen para alimentar al mundo de forma sostenible.
El vicepresidente de Nigeria propuso un enfoque sistémico centrado en los agricultores. Los pequeños agricultores y los pescadores, en particular, necesitan acceso a créditos asequibles para invertir en las semillas mejoradas y los fertilizantes que necesitan. A su vez, para poder optar a préstamos, necesitan títulos de propiedad de tierras y vías navegables.
Una vez que los cultivos han crecido y se han cosechado, los agricultores necesitan cadenas de suministro y mercados para comerciar con sus productos, desde cooperativas que agrupen su producción hasta oportunidades de comercio regional. El vicepresidente señaló que el comercio de productos alimentarios entre países africanos representa aproximadamente un 15%, frente al 70% en Europa.
Una idea planteada en Davos para abordar esta cuestión es designar regiones africanas como «graneros», por ejemplo, África Occidental para el arroz y África Austral para los cereales, y luego establecer una zona de libre comercio en todo el continente para impulsar el comercio regional y reducir la dependencia de las importaciones de alimentos.
El papel de los alimentos azules —que incluyen tanto la acuicultura de agua dulce como la pesca marina— es fundamental, especialmente en África. Según un reciente informe del Foro, los alimentos azules ya aportan alrededor del 18% de toda la proteína animal de África, a menudo a menor costo que la carne o las aves de corral. Duplicar esta producción podría generar 17.000 millones de dólares adicionales en PIB, reducir en un 25% la brecha proteica de África respecto del promedio mundial y crear millones de medios de vida sostenibles.
El énfasis en los alimentos azules forma parte de una iniciativa más amplia: Blue Davos destaca el papel vital de los ecosistemas acuáticos —desde los océanos hasta las aguas dulces— en la estabilidad mundial, el comercio, los medios de vida, los sistemas alimentarios y la resiliencia climática.
Por otro lado, la contratación corporativa de alimentos puede mantener las prioridades económicas de calidad, disponibilidad y costo, y a la vez dar prioridad a la protección de la naturaleza para garantizar la continuidad del suministro. Un informe publicado por la First Movers Coalition for Food del Foro presenta soluciones probadas, desde prácticas agrícolas regenerativas para cultivos en hileras hasta la gestión del agua y métodos de cultivo de arroz con menos emisiones de metano. Para llevar estas iniciativas más allá de la fase piloto se necesita un liderazgo audaz desde el lado de la demanda: señales de mercado sólidas y creíbles que movilicen financiación, alineen a los socios de la cadena de valor y den confianza a los agricultores para invertir.
Prosperidad dentro de los límites planetarios, ¿pero para quién?
Una de las preguntas clave que el Foro planteó para su reunión anual es: «¿Cómo podemos generar prosperidad dentro de los límites planetarios?». Pocos cuestionarían el sentido de este objetivo, pero ¿prosperidad para quién? Poco antes de Davos, Oxfam publicó su Informe sobre la desigualdad global, que señaló que solo 12 multimillonarios han acumulado más riqueza que la mitad de la humanidad, es decir, más de 4.000 millones de personas. Mientras tanto, el Banco Mundial estima que 831 millones de personas intentan sobrevivir con menos de 3 dólares al día.
En cuestión de décadas, una minoría de la humanidad —y no solo los multimillonarios— se ha beneficiado a costa del planeta y de la mayoría de quienes lo habitan. Pero, más allá de los límites éticos que pone a prueba esta incómoda verdad, ahora hay que afrontar los límites planetarios. Dado el aumento explosivo de la demanda de alimentos y energía que provocará el crecimiento de la población mundial a mediados de siglo, la transición con bajas emisiones de carbono fracasará si no puede incluir a todas las personas del planeta. Y ese fracaso amenazaría con borrarnos a todos del mapa del mundo conocido, ricos y pobres por igual.
Por eso, esta agenda —generar prosperidad dentro de los límites planetarios— ofrece esperanza y la oportunidad de reequilibrar nuestra relación con la naturaleza, pero también entre nosotros. Dado el predominio de la lógica económica en la mayoría de las decisiones políticas y empresariales, el factor decisivo para la adopción generalizada de tecnologías verdes con bajas emisiones de carbono —por parte de multinacionales o de la gente común— es que sean asequibles.
Hasta 2024, Pralhad Venkatesh Joshi fue ministro del Carbón de la India. Pero durante el último año se ha convencido del potencial de su nueva cartera como ministro de Energías Nuevas y Renovables en la que hoy es la nación más poblada del mundo. En la última década, India ha multiplicado por 45 su capacidad solar, de apenas 3 GW a 136 GW en la actualidad. Durante el mismo periodo, el precio de compra de la energía solar ha caído casi un 80%, lo que la ha abaratado frente al carbón y el petróleo.
Cabe destacar que el Gobierno de la India ha puesto en marcha un ambicioso programa para instalar energía solar en los tejados de 10 millones de hogares, que proporciona a la gente energía barata y la posibilidad de vender el excedente a la red. El programa ya ha llegado a 2,7 millones de hogares. «No cabe duda de que la energía solar es asequible», declaró Joshi ante el público de Davos. «El futuro son las energías renovables; el debate ha terminado».
La transición a las energías renovables es irreversible, añade Elizabeth Thurbon, profesora de Economía Política Internacional en la Universidad de Nueva Gales del Sur, Australia. Esto se debe a que dos tercios de la inversión energética mundial se destinan ahora a la energía limpia y las renovables son la forma más barata de electricidad en casi todas partes. También es irreversible porque la transición energética refuerza la seguridad económica, energética, ambiental y social, y genera tres veces más empleos por cada dólar invertido que la economía de los combustibles fósiles. Al dirigirse a los delegados y líderes políticos en Davos, Thurbon dijo: «Es una noticia enormemente positiva: la transición energética multiplica de forma sustancial la seguridad nacional. Es un mensaje que los Gobiernos conservadores pueden respaldar».




