En materia de acción climática, la inacción no es una opción, ya sea desde el punto de vista ambiental o económico y social.
Las políticas, las decisiones de inversión y las prácticas empresariales determinan si, tras la transición hacia un futuro sostenible, los trabajadores, las empresas y las economías quedarán rezagados o prosperarán.
En el centro de una transición justa está el reconocimiento de la complejidad de los cambios sistémicos necesarios para cumplir los objetivos climáticos y de sostenibilidad.
En todo el mundo, 1.2 mil millones de empleos dependen estrechamente de los sistemas naturales y los servicios ambientales. Un estudio reciente concluye que el cambio climático podría costarle al mundo el 10% del valor económico total para 2050. Prácticamente ningún país está exento, pero los países en desarrollo soportan la mayor parte de los efectos del cambio climático y otras crisis ambientales.
La inversión climática ofrece oportunidades
En materia de acción climática, la inacción no es una opción, ya sea desde el punto de vista ambiental o económico y social. Existe una oportunidad de inversión climática de 29.4 billones de USD en la construcción sostenible, los vehículos eléctricos, la mejora de la gestión de los recursos hídricos, las energías renovables y la gestión de residuos en ciudades de mercados emergentes. Se prevé que las medidas relacionadas con las energías renovables y la eficiencia energética, por sí solas, generen un impacto neto positivo de 18 millones de empleos en todo el mundo para 2030. El acceso a energía limpia, las prácticas agrícolas sostenibles y los pagos por servicios ambientales pueden beneficiar a las zonas rurales desfavorecidas.
La transición hacia un futuro sostenible debe ser inclusiva
Estabilizar el clima y hacer frente a otras emergencias ambientales puede impulsar la creación de empleo y el crecimiento inclusivo. Sin embargo, el cambio hacia la sostenibilidad es de gran alcance. Se perderán empleos en ciertos sectores con altas emisiones de carbono, y las nuevas oportunidades quizá no estén disponibles en el mismo lugar ni en el mismo momento que los empleos perdidos. Los proyectos de infraestructura verde mal diseñados y gestionados pueden amenazar los derechos de los trabajadores y las comunidades, y entrañar riesgos para las empresas y los inversores.
No está garantizado que, después de la transición, los resultados sociales y económicos positivos se distribuyan de manera justa. Las políticas, las decisiones de inversión y las prácticas empresariales determinan si los trabajadores, las empresas y las economías quedarán rezagados o prosperarán.
Para lograr una transición inclusiva, son cruciales tanto el resultado como el camino
Se trata de alcanzar las cero emisiones netas y un entorno natural más saludable, garantizando al mismo tiempo un desarrollo con trabajo decente y justicia social. También orienta el proceso y ayuda a reorientar nuestras economías, mercados laborales y lugares de trabajo.
El mundo afronta múltiples desafíos: desde las vulnerabilidades económicas hasta el aumento de las desigualdades y de las emisiones. Los enfoques limitados y aislados del crecimiento o la protección ambiental no pueden resolverlos. En el centro de una transición justa está el reconocimiento de la complejidad de los cambios sistémicos necesarios para cumplir los objetivos climáticos y de sostenibilidad.
Alcanzar las cero emisiones netas exige una transformación a gran escala de las economías y las empresas. Afectará a los trabajadores, los consumidores y las poblaciones locales. Ignorar sus efectos también entraña graves riesgos para los gobiernos y las empresas. Puede provocar reacciones adversas que descarrilen los planes de descarbonización. Puede alejar a financiadores y clientes que se desanimen ante los efectos sociales sin mitigar. Puede deteriorar las relaciones en la cadena de suministro.
Centrarse en los riesgos es engañoso: abundan las oportunidades
Ayuda a cumplir los objetivos climáticos y otros objetivos ambientales, sin dejar de cumplir las promesas de empleos de calidad y economías que funcionen para la mayoría. Es una forma de aprovechar las competencias y el apoyo necesarios para afrontar el cambio.
El interés por la transición justa ha ido creciendo, no solo entre las organizaciones de trabajadores y la sociedad civil, sino también entre gobiernos, empresas e inversores. Es un gran avance. Necesitamos que todos arrimen el hombro. La multiplicación de los compromisos no debe dar lugar a una proliferación de interpretaciones, especialmente si eso diluye la idea de una transición justa y compromete su eficacia.
Un plan de cinco pasos para una transición verde que incluya justicia social y crecimiento económico
Las Directrices para una transición justa de la Organización Internacional del Trabajo (OIT), sobre una transición justa hacia economías y sociedades ambientalmente sostenibles para todos, son de importancia fundamental en este contexto. Constituyen la principal referencia internacional y proporcionan un marco con principios y puntos de partida para una transición justa. Fueron acordadas por representantes de gobiernos e interlocutores sociales de todo el mundo. Este es un plan de cinco pasos:
1. Un proceso inclusivo y justo
Para que el resultado sea inclusivo y justo, el proceso debe serlo también. Dada la importancia central del trabajo decente, el diálogo social en el que participen representantes de trabajadores y empleadores es la base de una transición justa. El paso a las cero emisiones netas afecta a una amplia variedad de partes interesadas: desde el principio deben celebrarse consultas con los pueblos indígenas y los grupos de la sociedad civil. El diálogo social y la participación de las partes interesadas permiten una acción climática ambiciosa al movilizar un apoyo amplio. También ayudan a diseñar medidas pertinentes para las necesidades sobre el terreno.
2. Respeto de los principios y derechos fundamentales en el trabajo
Deben garantizarse los derechos de los trabajadores: los derechos laborales fundamentales son esenciales para un enfoque que evite causar daño y una condición para alcanzar los objetivos de trabajo decente.
3. Seguimiento y evaluación
Cualificar y cuantificar los efectos es necesario para tomar decisiones basadas en pruebas, formular políticas sólidas y desarrollar proyectos de inversión robustos. También es esencial para el seguimiento, la evaluación y la rendición de cuentas.
4. Planificación
Algunos de los peores resultados se deben a cambios imprevistos y sin gestionar. Una transición justa se basa en la planificación. Los planes de transición justa permiten establecer objetivos y prioridades y lograr la coordinación entre distintos ámbitos y actores. También son fundamentales los planes gubernamentales sólidos respaldados por financiación, que proporcionen señales claras sobre las políticas y estimulen las inversiones y la acción del sector privado.
5. Coherencia de las políticas
Se necesitan medidas en distintos ámbitos de las políticas, desde las políticas macroeconómicas y de crecimiento hasta las estrategias climáticas y sectoriales, las políticas de empleo, competencias y otros aspectos del mercado laboral, el desarrollo empresarial, la protección social, los derechos y el diálogo social, con la perspectiva de género como eje transversal. La coherencia de las políticas es clave. Las inversiones en infraestructura pueden diseñarse para apoyar los objetivos climáticos, generar trabajo decente y maximizar los beneficios económicos a lo largo de las cadenas de suministro. Los sistemas universales de protección social capaces de responder a los riesgos climáticos y a las medidas climáticas son fundamentales para la resiliencia de los trabajadores y las comunidades. Las competencias y la formación para la reconversión adaptadas a la transición pueden facilitar el empleo de los trabajadores que podrían verse desplazados, dotar a los jóvenes de las competencias adecuadas para los nuevos empleos verdes y ayudar a atraer inversiones.
Los acuerdos internacionales tienen un impacto importante
El preámbulo del Acuerdo de París reconoce la necesidad de una transición justa y de trabajo decente, y las directrices de la OIT sobre transiciones justas ofrecen un marco para poner esos compromisos en práctica. El ámbito internacional también debe facilitar asistencia técnica y financiación para una transición justa en los países en desarrollo, cuyo apoyo debe incrementarse urgentemente.
Los planes nacionales deben tener en cuenta la estructura de las economías y los mercados laborales, las vulnerabilidades, los objetivos climáticos y los efectos de la transición. Requerirán un esfuerzo coordinado entre los ministerios competentes y las organizaciones de trabajadores y empleadores, mediante el diálogo social y la participación de otras partes interesadas. Como las distintas regiones de un país suelen verse afectadas de maneras diferentes, las vías hacia una transición justa deberán tener una dimensión local. Los planes de transición justa a escala regional y las inversiones basadas en el lugar permiten un análisis más detallado y priorizar medidas que respondan especialmente a factores económicos, sociales y ambientales específicos.
Las empresas y los lugares de trabajo están en primera línea del cambio
Una transición justa a nivel empresarial implica abordar los riesgos y aprovechar las oportunidades. Se trata de garantizar los derechos laborales y humanos cuando las empresas ingresan en sectores verdes. Es lo ético y ayudará a conservar a consumidores y financiadores, ya que los sectores verdes están cada vez más sometidos a escrutinio desde una perspectiva amplia de sostenibilidad. Las empresas pueden contribuir a maximizar los beneficios sociales y laborales. Esto respaldará su licencia para operar y las situará en condiciones de beneficiarse de incentivos y nuevas fuentes de financiación.
La transición justa se aplica a los cambios en los procesos y modelos de negocio relacionados con actividades de altas emisiones o con la reducción progresiva del uso de combustibles fósiles. Se trata de minimizar y mitigar los efectos laborales negativos mediante la reasignación de puestos, la recapacitación o la jubilación anticipada, sobre la base del diálogo social, y de explorar maneras de contribuir a reconvertir activos y regenerar la economía local. Los planes de transición justa a nivel empresarial son un instrumento eficaz para impulsar este proceso: pueden ayudar a evitar enfrentamientos y a gestionar el cambio mediante la confianza y la cooperación.
Necesitamos trazar nuevos y audaces cursos de acción para asegurar un clima estable y sistemas naturales saludables. Usar la transición justa como brújula es clave para llegar allí sin dejar a nadie atrás.




