Los inversores pueden ayudar a salvar el planeta. Así es cómo

A fisherman holds an umbrella while watching his net as waves hit the Marunda beach in Jakarta February 1, 2007. Indonesia could lose about 2,000 islands by 2030 due to climate change, the country's environment minister said on Monday. A draft U.N. report due to be released in Paris on February 2 projects a big rise in temperatures this century and warns of more heat waves, floods, droughts and rising seas linked to greenhouse gases. REUTERS/Beawiharta (INDONESIA) - GM1DUNARXHAA
Temperature changes, the associated rises in sea-level, and extreme weather events are hitting communities around the world.Image: REUTERS/Beawiharta
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El cambio climático ya es tangible hoy en día, como demuestra el aumento de los fenómenos meteorológicos extremos en todo el mundo. Los cuatro años más cálidos registrados a escala mundial se han producido en los últimos cuatro años y, en muchos lugares, estos cambios de temperatura y las subidas del nivel del mar asociadas ya están ejerciendo presión sobre ecosistemas clave.

El informe de noviembre de 2017 sobre la brecha de emisiones del Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente tenía un mensaje clave: no se están cumpliendo los objetivos y, si seguimos emitiendo gases de efecto invernadero al ritmo actual, el clima mundial se encamina a un aumento de 3 °C para 2030 (muy por encima del objetivo máximo de 2 °C).

Las causas humanas del cambio climático —la quema de combustibles fósiles, la deforestación, la industria de la carne de vacuno y los productos lácteos, y la contaminación del transporte— gozan hoy de una aceptación bastante generalizada, y en los últimos años se ha intensificado considerablemente la presión sobre los gobiernos para que actúen. El Acuerdo de París de 2016 fue el primer gran avance político en este asunto, al lograr un consenso sobre lo que puede hacerse ahora para tender un puente hacia la neutralidad climática antes de que termine este siglo.

Image: Reuters

Sin embargo, aunque la acción gubernamental será un motor fundamental de nuestro éxito, hay otros agentes importantes cuya capacidad para impulsar el cambio suele subestimarse: las empresas y sus inversores financieros.

Un reciente informe de investigación elaborado en colaboración con CDP (antes Carbon Disclosure Project) identificó a los 250 mayores emisores cotizados del mundo: un grupo de empresas que, junto con sus cadenas de valor, representa aproximadamente un tercio de las emisiones mundiales anuales de gases de efecto invernadero.

Resulta bastante sorprendente que solo 250 empresas puedan influir en casi el 30 % de todas nuestras emisiones mundiales anuales. Pero esto también pone de relieve la diferencia que puede marcar un grupo pequeño, así como el poder de la comunidad inversora para impulsar el cambio.

Desde hace una década o más, los equipos directivos de estas grandes organizaciones reconocen las posibles limitaciones futuras que el cambio climático podría imponer a sus operaciones y perspectivas empresariales. Mientras muchas han aplazado un giro estratégico hacia un futuro con bajas emisiones de carbono, otras han reconocido una oportunidad histórica para innovar e impulsar un crecimiento duradero y una ventaja competitiva.

Empresas como Total, Ingersoll Rand, Toyota, Iberdrola y Xcel Energy forman parte de un grupo pequeño, pero cada vez mayor, que está aplicando estrategias para diversificar y descarbonizar sus modelos de negocio en sectores con una elevada intensidad de carbono. Sus planes han demostrado resultados empresariales y ofrecen una vía hacia un futuro rentable con bajas emisiones de carbono que se extiende hasta 2050 y más allá. Al observar en conjunto las 250 empresas, se acumulan pruebas de que las compañías que demuestran estar preparadas para liderar la economía poscarbono cuentan con una ventaja estratégica.

Las empresas con una elevada intensidad de carbono —ya sean grandes productoras o consumidoras de energía, o fabricantes de productos que requieren mucha energía— que puedan aprovechar la próxima ola de cambios tecnológicos y organizativos están en condiciones de prosperar en un mundo con restricciones de carbono. Las empresas que no estén dispuestas o no sean capaces de adaptarse acabarán rezagadas, a medida que la nueva lógica empresarial redefina lenta pero inexorablemente las reglas de la competencia.

Y aquí es donde la comunidad de inversión financiera puede desempeñar un papel clave. La inversión ESG (ambiental, social y de gobernanza corporativa) se está convirtiendo en una fuerza disruptiva en casi todos los sectores, a medida que los inversores la utilizan cada vez más como criterio de inversión, indicador de rendimiento o, incluso, motor de la inversión de impacto.

Los análisis muestran que avanzar hacia un futuro con bajas emisiones de carbono no solo es posible, sino también rentable. Los datos indican que las empresas que se encuentran en la parte alta de la curva de sostenibilidad, incluso en sectores con una elevada intensidad de carbono, ofrecen a sus accionistas y al planeta una prima de sostenibilidad. Comprender cómo detectar las empresas que avanzan en esa curva es una información importante para los inversores que buscan oportunidades en un entorno competitivo cambiante, y un reto que muchos analistas están abordando. Además, las empresas que aprovechan la innovación en nuevas tecnologías para crear soluciones contra el cambio climático también se están convirtiendo en una categoría de inversión importante por sí mismas.

Con la atención de los inversores ESG centrada en ellas, las organizaciones que están adoptando modelos de negocio con menos emisiones de carbono comprenden que están construyendo una ventaja competitiva y un capital reputacional a largo plazo. Saben que los inversores y los consumidores expresarán cada vez más sus preferencias con sus decisiones a medida que dispongan de más información.

A medida que el mundo entra en un nuevo capítulo en la lucha contra el cambio climático, destacan tres aspectos:

1. Se acorta el plazo para invertir la curva de emisiones de gases de efecto invernadero, lo que hace más urgente la necesidad de cambiar.

2. Ya se han logrado las reducciones de costes necesarias en las nuevas tecnologías respetuosas con el clima, lo que permite pasar de la adopción temprana a la demanda generalizada y a un crecimiento acelerado.

3. Los inversores, los consumidores y los organismos reguladores están acelerando las recompensas a quienes toman la iniciativa.

Está claro que las restricciones climáticas impulsarán poderosas fuerzas de mercado que nos afectarán a todos mientras trabajamos para cambiar los patrones de producción y uso de energía en todo el planeta. Las políticas públicas que antes respaldaban la explotación del mundo natural están cambiando de rumbo para permitir y recompensar la nueva lógica del carbono. Además, los nuevos datos y análisis relevantes ofrecen a los profesionales de la inversión una oportunidad única para influir en la estrategia empresarial en beneficio de todos. Con un 30 % del pastel en juego, así es como los inversores pueden marcar una verdadera diferencia para nuestro clima.

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