Los residentes urbanos que viven en la pobreza se ven gravemente afectados por el cambio climático y son extremadamente vulnerables a riesgos para la salud, como la COVID-19.
La financiación para la adaptación de las ciudades al cambio climático es, en gran medida, insuficiente y requiere una revisión urgente para proteger a las personas de futuros desastres.
Nuevo informe Análisis de la financiación para la adaptación urbana al cambio climático identifica cómo crear soluciones de financiación resilientes para las zonas urbanas de todo el mundo.
En enero de 2020, 11.000 científicos advirtieron de que el planeta afronta una emergencia climática y la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (CMNUCC) calificó 2020 de «año decisivo para hacer frente al cambio climático». En marzo, la atención mundial se había desplazado a abordar los efectos inmediatos de la pandemia de COVID-19, mientras las economías se desplomaban, aumentaba el número de muertes y los gobiernos se enfrentaban a enormes dificultades para gestionar la crisis.
Los residentes de las ciudades, especialmente quienes viven en barrios marginales y asentamientos informales, son extremadamente vulnerables a los efectos de la pandemia: aumentan los índices de pobreza, disminuyen las redes de protección social (debido al ajuste de los presupuestos públicos) y la falta de acceso a servicios de saneamiento agrava los riesgos para la salud que plantea la pandemia. Los residentes urbanos, especialmente en las comunidades en situación de riesgo, también son extremadamente vulnerables a los efectos del cambio climático, como la exposición a la contaminación y al calor extremo. Sin embargo, observamos que en 2017-2018 las ciudades recibieron menos del 5 % de la financiación mundial destinada a abordar los riesgos climáticos.
La pandemia ha reafirmado la importancia de actuar de forma proactiva para abordar los riesgos que compartimos. Ha impulsado a responsables de la toma de decisiones de todo el mundo, incluidos los líderes urbanos, a responder a las crisis inminentes y planificar cómo afrontarlas. Los líderes deben actuar con la misma urgencia ante la crisis climática y trabajar para fortalecer la resiliencia, a fin de proteger vidas y medios de subsistencia frente a futuros desastres.
¿Qué está haciendo el Foro Económico Mundial frente al cambio climático?
El mes pasado, la Alianza de Liderazgo para la Financiación Climática de las Ciudades y el Centro de Resiliencia Adrienne Arsht-Rockefeller de la Fundación del Atlantic Council publicaron un informe breve, Análisis de la financiación para la adaptación urbana al cambio climático, que se centra en los habitantes de las ciudades y busca evaluar el volumen y la calidad de la financiación disponible actualmente para abordar los riesgos climáticos urbanos. El análisis también señala oportunidades para aumentar y mejorar esa financiación. Al evaluar los flujos de financiación para la adaptación destinados a las ciudades hasta 2018, concluyeron que:
Según las fuentes analizadas en el informe, en 2017-2018 se invirtieron menos de 4.000 millones de dólares al año en proyectos de financiación para la adaptación urbana.
La financiación registrada contrasta con la estimación del Banco Mundial de que, para 2050, se necesitarán entre 11.000 y 20.000 millones de dólares al año para proteger la infraestructura urbana mundial frente a los riesgos climáticos.
En casi todas las regiones, los gobiernos municipales señalaron el calor extremo y las inundaciones o el aumento del nivel del mar como los peligros más comunes.
Los proyectos de gestión del agua y las aguas residuales destinados a abordar los riesgos climáticos urbanos recibieron más financiación que cualquier otro sector, seguidos por los de gestión del riesgo de desastres.
Pese a la importante brecha entre las necesidades de financiación calculadas para abordar adecuadamente los riesgos climáticos urbanos y los flujos de financiación registrados, existen grandes oportunidades para aumentar la financiación destinada a la adaptación climática. El informe analiza estas oportunidades con más detalle e incluye:
Quienes implementan proyectos pueden aprovechar las mejores prácticas y las lecciones aprendidas de iniciativas de financiación exitosas que ya están en marcha y que han empleado mecanismos financieros innovadores para abordar los riesgos climáticos en las ciudades. Este informe incluye 12 ejemplos del uso de instrumentos financieros en el ámbito de la adaptación urbana, entre ellos bonos de resiliencia, fondos mancomunados de seguros contra desastres, alianzas público-privadas y bonos para catástrofes. También recomendamos elaborar una serie de estudios de caso accesibles para un amplio abanico de responsables de implementar proyectos en las ciudades. La iniciativa debería incluir además un conjunto de herramientas para las ciudades que buscan financiación para proyectos de adaptación.
Las ciudades y las partes interesadas deberían apoyar el fortalecimiento de la capacidad de los gobiernos para implementar medidas de adaptación urbana. Para mejorar la eficacia de la financiación destinada a abordar los riesgos climáticos urbanos, las ciudades deben evaluar rigurosamente sus riesgos climáticos y realizar análisis de escenarios climáticos físicos. Si un mejor análisis de los riesgos climáticos permite demostrar la relación entre los flujos financieros y la reducción de esos riesgos, también mejorará la precisión del seguimiento de la financiación para la adaptación en las ciudades. Un seguimiento más avanzado ayuda a las Instituciones Financieras de Desarrollo (IFD) y a los responsables de formular políticas nacionales e internacionales a dirigir los flujos de capital hacia los lugares que más lo necesitan, y permite establecer métricas de evaluación, lo que reduce las reticencias de los inversores.
Análisis de la financiación para la adaptación urbana al cambio climáticoEl informe identifica las deficiencias y los obstáculos a la financiación de soluciones de resiliencia en las zonas urbanas de todo el mundo y señala puntos de partida para impulsar la acción de inversores, ciudades, gobiernos nacionales y otras partes interesadas con el fin de aumentar la financiación para la adaptación urbana. La necesidad de actuar ahora es mayor que nunca mientras trazamos el camino hacia la recuperación de una pandemia mundial y nos preparamos para un futuro resiliente.



