Por qué el planeta necesita obligaciones jurídicamente vinculantes para limitar a los «polizones» de la mitigación climática

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  • El planeta Tierra está en crisis y, hasta ahora, los esfuerzos mundiales para mitigar el cambio climático han sido insuficientes.

  • El carácter voluntario de los acuerdos internacionales sobre el clima ha hecho que algunos países se conviertan en «polizones»: una nación recibe los beneficios de la reducción de las emisiones de GEI sin contribuir a los costes.

  • Por eso necesitamos obligaciones reconocidas a escala mundial y jurídicamente vinculantes para evitar la explotación del medio ambiente.

Las causas y los efectos del cambio climático son mundiales: las emisiones de carbono en cualquier lugar del mundo ponen en peligro a las personas en todas partes. Como resultado, desde 1979, los fenómenos climáticos y meteorológicos extremos han causado 2 millones de muertes y pérdidas económicas cada vez mayores. Además, se espera que en el futuro el cambio climático cause 250.000 muertes al año.

Sin embargo, pese a la urgencia del cambio climático, los esfuerzos mundiales para mitigarlo han sido ineficaces. ¿Por qué? En este artículo, recurrimos a principios económicos para comentar la arquitectura actual de la gobernanza climática internacional y explicar las razones de la ineficacia de la acción climática.

Los esfuerzos para mitigar el cambio climático van rezagados

La atmósfera es un recurso común mundial: funciona como sumidero de gases de efecto invernadero (GEI). Desde la Revolución Industrial, el aumento de las emisiones antropogénicas (debido principalmente a la quema de combustibles fósiles) ha alterado el equilibrio energético de la Tierra y ha provocado el calentamiento del planeta. Los informes muestran que las actividades humanas han calentado la Tierra aproximadamente 1,1 °C, en comparación con el siglo XIX. De hecho, 2021 fue uno de los años más calurosos jamás registrados.

En consecuencia, este calentamiento causado por la actividad humana contribuye de manera significativa a la frecuencia e intensidad de los fenómenos meteorológicos extremos que amenazan vidas y medios de subsistencia. Algunos ejemplos recientes son las intensas olas de calor en Australia, en Estados Unidos y Canadá, las inundaciones en Europa y China, las sequías extremas en Etiopía y los ciclones tropicales en el sudeste asiático. Sin embargo, pese a que el cambio climático es un problema acuciante, los esfuerzos mundiales para mitigarlo (medidas destinadas a evitar y reducir las emisiones de GEI que retienen el calor) no han dado los resultados deseados.

Además, entre 1995 y 2021 se celebraron 26 conferencias de las Naciones Unidas sobre el cambio climático. De ellas surgieron tratados climáticos como el Protocolo de Kioto y el Acuerdo de París. Aun así, el índice de GEI ha aumentado un 41 %, desde la década de 1990. En 2021, «las emisiones mundiales de dióxido de carbono relacionadas con la energía aumentaron un 6 %», hasta alcanzar 36,3 mil millones de toneladas, su nivel más alto hasta la fecha.

¿Por qué ha ocurrido esto? La respuesta está en la economía.

La mitigación del cambio climático (CCM) es un bien público mundial. (Crédito: Informe completo del IPCC de 2022)

¿Qué es el problema del «polizón» y cómo se aplica al cambio climático?

En la economía contemporánea, los bienes públicos tienen dos características: son «no excluibles» y «no rivales». En pocas palabras, están disponibles para todos, y que una persona los disfrute no impide que otras también los utilicen.

La mitigación del cambio climático (CCM) es un bien público mundial. Esto se debe a que, si India emprende esfuerzos de mitigación para reducir sus emisiones de GEI, no puede «excluir» a China del disfrute de los beneficios de esos esfuerzos, independientemente de que China adopte o no una política similar. Sin embargo, cabe destacar que los costes recaen únicamente en el país que aplica la política ecológica (por ejemplo, India).

Además, esta característica «no excluible» de la mitigación del cambio climático genera un problema de polizones – una situación en la que un país recibe los beneficios de la reducción de las emisiones de GEI sin contribuir a los costes. Un país que aplica una política ecológica asume el 100 % de los costes, ya sea en forma de adopción de tecnologías con bajas emisiones de carbono o de otros costes de transición a corto plazo para cambiar a energías más limpias, pero recibe menos beneficios (en comparación con los costes asumidos). Esto se debe, principalmente, a que los beneficios de mitigar el cambio climático trascienden las fronteras nacionales por la naturaleza mundial de la atmósfera.

Este efecto de desbordamiento crea fuertes incentivos para que muchas naciones se aprovechen de los esfuerzos de las demás. Irónicamente, las impulsa a invertir recursos en objetivos nacionales cuyos beneficios no trascienden las fronteras del país. Cuando varios países actúan siguiendo ese interés propio racional, el resultado es un desastre colectivo: la explotación insostenible del medio ambiente. Además, es lamentable que la arquitectura actual de la gobernanza climática internacional no haya logrado abordar este comportamiento parasitario.

El problema de los acuerdos climáticos internacionales y los cambios necesarios

En virtud del derecho internacional, no existe ningún mecanismo jurídico para abordar el comportamiento parasitario – porque los acuerdos internacionales son pactos voluntarios. Por ello, no ofrecen incentivos sólidos para penalizar la retirada de un acuerdo ni el incumplimiento de los compromisos. En el ámbito climático, el resultado es la anarquía.

Los países poderosos deciden cooperar solo si el nuevo acuerdo propuesto responde a sus intereses. Por ejemplo, Estados Unidos, uno de los principales emisores, no ratificó el Protocolo de Kioto alegando que era injusto para los países industrializados, lo que contribuyó a su desaparición silenciosa. Asimismo, debido a la falta de incentivos, el actual Acuerdo de París —cuyo objetivo es limitar el calentamiento mundial, preferiblemente, a 1,5 °C por encima de los niveles preindustriales— se basa principalmente en que los países elaboren y actualicen compromisos (o contribuciones determinadas a nivel nacional) que no son jurídicamente vinculantes.

¿Qué está haciendo el Foro Económico Mundial respecto al cambio climático?

Como resultado, la mayoría de los países anuncian grandes compromisos en las conferencias, pero muchos carecen de respaldo en las políticas nacionales. Por ejemplo, en la 26.ª sesión de la Conferencia de las Partes, celebrada en Glasgow (Reino Unido), China (el mayor emisor del mundo) se comprometió a alcanzar la neutralidad de carbono para 2060, pero apenas dio detalles sobre cómo hacerlo, lo que suscitó dudas sobre la viabilidad del compromiso. No es de extrañar que el mundo vaya camino de un calentamiento de 2,7 °C que tendrá profundas repercusiones en la vida de las personas de todo el mundo.

Sobre todo, el marco actual carece de mecanismos eficaces para abordar el comportamiento parasitario, pues no impone sanciones por incumplir sus términos. Tampoco cuenta con un órgano rector ni con un tribunal internacional que exija su cumplimiento. En 2020, Estados Unidos se retiró del acuerdo sin consecuencias y volvió a adherirse 107 días después. La propuesta del profesor William Nordhaus de crear un modelo de club climático para eliminar el parasitismo —mediante los incentivos adecuados para promover la cooperación— podría ser un paso en la dirección correcta para resolver el problema. El modelo muestra cómo un club de naciones puede fijar un precio para el carbono e imponer sanciones comerciales (mediante un arancel porcentual uniforme) a todos los países que no participen, a fin de internalizar las externalidades transnacionales.

El Mecanismo de Ajuste en Frontera por Carbono (CBAM) de la Unión Europea, diseñado para evitar las fugas de carbono, es bastante similar, ya que utiliza la política comercial para crear los incentivos adecuados para la protección del clima. Sin duda, es un paso en la dirección correcta para alcanzar las emisiones netas cero de GEI para 2050. Sin embargo, la invasión rusa de Ucrania afectará al ritmo de las negociaciones sobre el CBAM. Por tanto, se requieren cambios estructurales inmediatos para desincentivar los actos de interés propio racional y garantizar que los esfuerzos de bloques como la Unión Europea no sean en vano.

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