Una nueva teoría sobre la evolución cognitiva humana propone que evolucionamos para especializarnos en formas distintas, pero complementarias, de procesar la información.
La «cognición complementaria» sustenta la capacidad de nuestra especie para resolver problemas, adaptarse y sobrevivir.
Los valores culturales dominantes de la sociedad moderna podrían estar impidiéndonos aprovechar toda nuestra capacidad colectiva para resolver problemas urgentes como el cambio climático.
Las investigaciones sobre la dislexia y una nueva teoría de la evolución cognitiva humana llamada «cognición complementaria». Esta teoría publicada recientemente propone que los seres humanos evolucionamos para especializarnos en formas distintas, pero complementarias, de procesar la información. Sugiere que la colaboración para combinar estas distintas especialidades permite a los grupos humanos ser más que la suma de sus partes complementarias, lo que aumenta nuestra capacidad para crear en conjunto, resolver problemas y adaptarnos.
En el nivel más fundamental, esta especialización cognitiva refleja hasta qué punto las personas están preparadas para aprovechar lo conocido o explorar lo desconocido. Esta nueva investigación propone que las personas con dislexia se especializan en explorar lo desconocido. La combinación de estas especializaciones cognitivas podría sustentar nuestro éxito como especie al hacernos excepcionalmente adaptables, si colaboramos. Se cree que este sistema evolucionó mediante la adaptación a un mundo muy variable durante cientos de miles de años.
Las investigaciones del profesor Richard Potts, fundador del Programa de Orígenes Humanos del Smithsonian, han demostrado que una considerable inestabilidad ambiental moldeó la evolución de nuestros antepasados. Por consiguiente, no evolucionamos para adaptarnos a un hábitat concreto; más bien, hemos podido sobrevivir a la variabilidad al desarrollar características que nos permiten adaptarnos mejor. Estas características nos han permitido sobrevivir en diversos hábitats.

Los seres humanos se adaptan principalmente mediante la cultura, que implica explorar, perfeccionar y consolidar comportamientos o inventos que contribuyen a nuestra supervivencia. Las distintas especializaciones cognitivas contribuyen de formas complementarias a este proceso de creación de conocimiento. La colaboración genera soluciones de gran calidad que no serían posibles para una sola persona ni para un grupo de personas similares. Esto nos hace interdependientes: las personas con distintas capacidades deben colaborar eficazmente para adaptarse y resolver problemas con éxito.
A la luz de esta teoría, podemos fijarnos en uno de los problemas más urgentes de la actualidad: el cambio climático. Para abordar este problema sumamente complejo, necesitaremos el poder colectivo de la cognición complementaria. Esto implicará reevaluar las prácticas culturales de nuestra sociedad moderna, incluida la marginación de las personas con dislexia, que nos impiden aprovechar toda nuestra capacidad colectiva de adaptación.
Dislexia: una mente exploradora
La mayoría de las personas, incluidos educadores, académicos y responsables de formular políticas, consideran que las personas con dislexia tienen un trastorno del desarrollo, que se manifiesta en dificultades para leer y escribir. Sin embargo, este supuesto trastorno afecta a una gran proporción (aproximadamente 10-20%) de la población mundial, independientemente de la cultura o el idioma. Esta presencia generalizada sugiere que, en lugar de tener un trastorno, las personas con dislexia poseen una forma ventajosa de cognición que nuestros antepasados nos transmitieron a lo largo de miles de generaciones.
Nuevas investigaciones muestran que los cerebros de las personas con dislexia están especializados en la exploración; es decir, tienden a explorar lo desconocido en vez de confiar en los conocimientos existentes. La exploración está asociada con la experimentación, la invención y el descubrimiento, y puede implicar la búsqueda de nuevos conocimientos en el espacio y el tiempo abstractos, así como en el espacio físico. Esta especialización se produce a expensas del procesamiento de información más detallada para ordenar y aprovechar lo conocido; esto ayuda a explicar por qué las personas con dislexia tienen dificultades para leer y escribir.

Dadas sus mayores capacidades exploratorias, no sorprende que las personas con dislexia tiendan a trabajar en distintas disciplinas, a menudo impulsadas por el deseo de descubrir y conectar ideas. La especialización exploratoria de las personas con dislexia parece manifestarse en fortalezas de nivel superior, como una mayor capacidad para identificar las causas fundamentales de los problemas y reconocer patrones sistémicos, anticipar tendencias a largo plazo e inventar soluciones estratégicas o tecnológicas muy originales.
Con estos nuevos conocimientos, apenas empezamos a comprender que estas capacidades tienen implicaciones importantes para abordar el cambio climático y crear un mundo más sostenible.
Cómo podrían ayudar las personas con dislexia a combatir el cambio climático
Además de sus fortalezas de nivel superior, las personas con dislexia tienen la capacidad de imaginar el futuro y el impulso de buscar nuevas formas de adaptarse. Quizá por eso hay una proporción tan elevada de personas con dislexia entre quienes trabajan en el sector de la sostenibilidad. Como dice Anthony Hobley, codirector ejecutivo de Mission Possible Partnership: «Las personas con dislexia son pensadoras sistémicas por naturaleza. Estoy convencido de que sus capacidades únicas las han llevado al ámbito del cambio climático. Creo que una pequeña parte de la humanidad está predispuesta a preocuparse por el panorama general y el futuro como parte de nuestra estrategia colectiva de supervivencia».
A pesar de sus impresionantes capacidades cognitivas, las personas con dislexia suelen quedar relegadas y ser estigmatizadas desde una edad temprana por sus dificultades de lectoescritura, y a menudo no se toman en serio sus ideas. Estas prácticas arraigadas en la cultura podrían estar debilitando involuntariamente nuestra capacidad para encontrar y aplicar soluciones innovadoras y creativas a grandes problemas sociales, incluido el cambio climático.
Adoptar la cognición complementaria
Imaginemos lo que podríamos lograr si rediseñáramos nuestros sistemas actuales. La cognición complementaria podría convertirse en un marco de uso habitual para garantizar que los grupos colaboren con éxito, lo que nos permitiría adaptarnos y resolver los desafíos de sostenibilidad con mayor rapidez y eficacia.
En este marco, normalmente se incorporaría a las personas a los llamados «grupos adaptativos»: equipos formados por personas con capacidades cognitivas muy complementarias, que les permiten colaborar eficazmente y generar las mejores ideas y soluciones posibles. La especialización exploratoria que observamos en la dislexia no se consideraría un trastorno, sino una capacidad importante que se valora y fomenta desde el primer día. Se animaría a los niños a aprender explorando, es decir, averiguando cómo funcionan las cosas, descubriendo e innovando, además de aprender de los conocimientos existentes.
Es probable que la resolución innovadora de problemas que surge de este sistema altamente cooperativo mejore considerablemente, e incluso acelere, nuestra capacidad para crear sociedades adaptativas y sostenibles en todo el mundo.
Un cambio para mejor
Como se trata de un campo de investigación y un enfoque completamente nuevos para adaptarnos al cambio climático, todavía estamos tratando de aclarar muchas cuestiones, como la mejor manera de aplicar la cognición complementaria a nuevas prácticas empresariales y de incorporarla eficazmente a la educación. Sin embargo, algo está claro: debemos adaptarnos más rápido. Un paso clave para lograrlo es modificar los valores culturales dominantes de nuestra sociedad moderna. Si damos prioridad a la colaboración frente a la competencia y acogemos distintas formas de pensar, podremos aprovechar la capacidad colectiva de la humanidad para crear una sociedad sostenible.
