Los fenómenos meteorológicos extremos son cada vez más intensos y frecuentes, y afectan cada vez más a las personas, sus gobiernos y las empresas de todo el mundo.
Se está impulsando la vinculación de las economías y las operaciones empresariales con la información climática de forma pertinente y significativa, con el fin de mejorar el seguimiento y la resiliencia.
Las empresas deben desempeñar un papel, y una mayor colaboración con los gobiernos y los científicos ayudará a crear sistemas que salven vidas y también ofrezcan oportunidades empresariales.
Si parece que las noticias están cada vez más llenas de sucesos provocados por fenómenos meteorológicos extremos, probablemente se deba a que su número se ha quintuplicado en los últimos 50 años. Olas de calor, olas de frío, inundaciones, ciclones tropicales, incendios forestales: nos estamos acostumbrando demasiado a las imágenes de devastación y a los informes que las acompañan sobre el aumento de los costes económicos y humanos. Es necesario actuar, pero ¿qué se puede hacer frente a un adversario tan formidable como los fenómenos meteorológicos extremos?
La huella humana en el clima
El clima presenta una variabilidad natural (como demuestran los fenómenos de El Niño y La Niña), pero los análisis científicos han vinculado explícitamente la causa antropogénica con fenómenos extremos como las inundaciones o los incendios forestales. El cambio climático ha provocado cambios en la duración, frecuencia, intensidad y momento en que se producen los fenómenos meteorológicos extremos.
Según Johan Rockström, director del Instituto de Potsdam para la Investigación del Impacto Climático (PIK), quien habló en la Reunión Anual durante la sesión titulada ¿Qué está pasando con el clima?, no hay fenómenos extremos que carezcan de una huella humana. Para él, es imposible hablar de fenómenos extremos naturales. En cambio, la pregunta debería ser: ¿hasta qué punto han influido los seres humanos en estos fenómenos?
Dado que el año pasado fue el primero en que alcanzamos el umbral de 1,5 °C, y que, según Rockström, lo habremos superado en 5-10 años, reflexionó que quizá en el futuro miremos atrás y consideremos 2024 —oficialmente el año más cálido de los últimos 100.000 años— relativamente armonioso, porque la ciencia sugiere que la situación solo empeorará antes de mejorar.
¿Qué medidas podemos tomar?
Ante esta perspectiva poco halagüeña, la estrategia inmediata debe centrarse en adaptarse con la mayor rapidez posible para tratar de contrarrestar los efectos relacionados con los fenómenos meteorológicos extremos y, al mismo tiempo, aplicar estrategias de mitigación de amplio alcance.

Celeste Saulo, secretaria general de la Organización Meteorológica Mundial, quien habló junto a Rockström, pidió que se desarrollen y desplieguen cada vez más sistemas de alerta temprana (SAT), como elemento clave para salvar vidas.
Uso de los SAT para mejorar la resiliencia
Los SAT son sistemas complejos que incluyen sensores, herramientas analíticas, cadenas de comunicación y planes, diseñados para facilitar respuestas rápidas y eficaces a los fenómenos meteorológicos.
Las políticas deben propiciar estos avances. Saulo reveló que, aunque el calor extremo causa la muerte de más de 500.000 personas al año y se estima que, para 2035, la pérdida anual de productividad atribuible únicamente al calor será de 2,4 billones de dólares, solo 26 países del mundo tienen en cuenta el calor al tomar decisiones.
Los responsables de formular políticas también deberían invitar a las empresas a colaborar con ellos en esta cuestión y en el desarrollo de los SAT. De este modo, mejora el conocimiento sobre los peligros relacionados con el clima, lo que ayuda a las empresas a tomar decisiones mejor fundamentadas. Las empresas también aportan innovación, perspectivas diferentes e inversión, elementos valiosos para desarrollar sistemas destinados a proteger mejor a las personas y las economías de todo el mundo.
Saulo dio a conocer los resultados de una investigación que indican que el rendimiento de la inversión en SAT ofrece sólidos argumentos empresariales: el análisis sugiere que, por cada dólar invertido en los países más desarrollados, las empresas obtendrían un rendimiento de 9 dólares, cifra que asciende a 19 dólares en algunas zonas de África y Asia.
Sin embargo, las empresas también tienen otras funciones que desempeñar en relación con estos sistemas. Además de invertir en los SAT y producirlos, también los utilizan. Cada vez hay más oportunidades para que las empresas exploren el uso de los SAT a fin de reforzar la solidez de sus operaciones y cadenas de suministro frente a fenómenos meteorológicos extremos. A su vez, una mayor colaboración puede propiciar avances en la tecnología, así como en ámbitos como la disponibilidad y el intercambio de datos.
El giro hacia la mitigación
Rockström considera que las empresas tienen una gran oportunidad, pero también un alto grado de responsabilidad, para cartografiar los riesgos a lo largo de sus cadenas de valor y, a su vez, hacer pública esta información. Sostuvo que, dada la amenaza que los fenómenos extremos suponen para el valor de las empresas y su rentabilidad, estas tienen el deber de ser transparentes con sus accionistas, y señaló que esta información puede contribuir a orientar la regulación y la formulación de políticas.

Sin embargo, Rockström sostiene que, en última instancia, ya no deberíamos separar las estrategias de adaptación y mitigación. Define la resiliencia como capacidad de adaptación con cero emisiones de carbono y, para él, la atención debería centrarse por completo en desarrollar la resiliencia.
La ciencia demuestra que los fenómenos extremos no se producen de forma aislada. Los fenómenos meteorológicos extremos —cuya causa es, en última instancia, antropogénica— preceden a fenómenos extremos como los incendios forestales y las inundaciones. Tenemos la capacidad y las herramientas para abordar las causas de los fenómenos meteorológicos extremos. Es necesario acelerar las medidas de mitigación y, al mismo tiempo, desarrollar una mayor capacidad de adaptación. Así tendremos la mayor oportunidad de todas: cambiar los titulares.




