A medida que el planeta sigue calentándose, habrá consecuencias globales que se notarán en el trabajo manual, la productividad y la seguridad alimentaria.
En 2018 se perdieron 150.000 millones de horas de trabajo en India y Pakistán debido a las temperaturas extremas, según The Lancet.
Los investigadores afirman que reverdecer las ciudades de zonas con precipitaciones abundantes puede contrarrestar las olas de calor más intensas.
Entre los consejos para sobrevivir a una ola de calor figuran refrescarse remojando los pies en agua fría y beber agua incluso cuando no se tiene sed.
En los mapas de temperaturas con códigos de colores, el subcontinente indio aparece ahora de un malva enfermizo. Aunque aún faltan meses para el verano, una ola de calor inusualmente intensa amenaza a millones de personas allí. Se prevé que las temperaturas superen los 48 °C en la frontera entre Pakistán e India. En marzo de 2022, el calor batió un récord de 122 años. ¿Qué puede hacer la gente para soportar lo peor y prepararse para un futuro de calor extremo?
Para muchos habitantes de India y Pakistán, sobre todo en zonas rurales, el calor insoportable reducirá drásticamente las valiosas horas disponibles para trabajar al aire libre. Según una investigación publicada por The Lancet, en 2018 se perdieron más de 150.000 millones de horas de trabajo debido a las temperaturas y la humedad extremas. Esta tendencia tendrá consecuencias globales.
«La mitad de los alimentos del mundo se produce en pequeñas explotaciones agrícolas, y la mayor parte de la energía que se emplea procede del trabajo físico de los agricultores», afirma Mark Maslin, profesor de ciencias del sistema terrestre en UCL. «A medida que el mundo se calienta, habrá cada vez más días en los que será físicamente imposible trabajar al aire libre, lo que reducirá la productividad y la seguridad alimentaria».
En las ciudades, donde vive una proporción cada vez mayor de la población mundial, hay oportunidades para hacer que las calles sean más agradables durante los episodios de calor extremo. Una de las medidas más populares, que también puede beneficiar ampliamente a la fauna que busca hábitat, es reverdecer las ciudades: crear más espacio para árboles y otras plantas entre la expansión del hormigón.
Sin embargo, un estudio dirigido por Mark O. Cuthbert, de la Universidad de Cardiff, y publicado en febrero, concluyó que cubrir techos y paredes de vegetación y conectar las zonas verdes mediante corredores entre parques ampliados puede atenuar las inundaciones o mitigar el calor, pero no ambas cosas en una misma ciudad.
Según Cuthbert y sus coautores, Denis O'Carroll, de UNSW Sídney, en Australia, y Gabriel C Rau, del Instituto Tecnológico de Karlsruhe, en Alemania, las ciudades tienden a recalentarse con el tiempo caluroso y a inundarse durante las lluvias intensas por la misma razón. La abundancia de hormigón y acero absorbe y retiene el calor, mientras que esas mismas superficies selladas «no pueden actuar como una esponja que absorba y almacene la lluvia, a diferencia del suelo al que han sustituido».
Los investigadores sostienen que reverdecer las ciudades de zonas con precipitaciones abundantes —como el norte de Europa y las regiones cercanas al ecuador— probablemente contrarrestaría las olas de calor más intensas, porque las plantas liberan vapor de agua durante la fotosíntesis, lo que tiene un efecto refrescante.
El equipo de investigación prevé que los beneficios de reverdecer las ciudades serán menos evidentes en las zonas más secas, donde abunda la energía solar, pero las precipitaciones son más limitadas, como en ciudades de India y Pakistán. Aun así, merece la pena ampliar los espacios verdes en estos lugares, pues es donde los suelos tienen mayor potencial para retener agua, lo que puede ayudar a prevenir inundaciones.
Un informe publicado durante la COP26, la cumbre más reciente de la ONU sobre el cambio climático, celebrada en noviembre de 2021, indicó que África se está calentando más rápido que otras regiones del mundo. Abdu Mohiddin, profesor adjunto de la Universidad Aga Khan en Kenia, afirma que para 2030 hasta 118 millones de personas en situación de pobreza extrema sufrirán los efectos devastadores de la sequía y el calor intenso.
Mohiddin afirma que el continente necesita asistencia financiera y tecnológica inmediata para adaptarse al calentamiento del entorno, además de financiación para investigar quiénes son más vulnerables y dónde se encuentran.
En estas regiones y otras, los diseños y las técnicas de construcción inspirados en la arquitectura tradicional pueden ofrecer algunas de las formas de alivio más económicas y sostenibles. Amin Al-Habaibeh, profesor de sistemas de ingeniería inteligente en la Universidad Nottingham Trent, estudia cómo los constructores han ayudado a mantener frescas a las personas durante siglos en el golfo Pérsico (otro foco de olas de calor cada vez más intensas).
Allí, las viviendas construidas con piedra caliza y otros materiales naturales absorben humedad cuando hay humedad en el ambiente y la liberan por evaporación en los días calurosos y soleados. Esto produce un ligero efecto refrescante, afirma Al-Habaibeh. La textura y el color arenosos de los edificios también reflejan gran parte de la radiación solar.
Las calles y callejones estrechos maximizan las sombras, mientras que hay poco vidrio y las ventanas son pequeñas para mantener la circulación del aire y evitar el calor del sol. Al mediodía, cuando el sol está en su punto más alto, los patios interiores canalizan el aire caliente hacia arriba y lo sustituyen por aire más fresco de las habitaciones circundantes, explica.
Aunque el ingenio y la solidaridad pueden ayudar a las comunidades a adaptarse a olas de calor cada vez más brutales, hay un límite, afirman Tom Matthews y Colin Raymond, científicos del clima del King's College de Londres y del Instituto Tecnológico de California, respectivamente.
«La gama de condiciones meteorológicas que los seres humanos pueden encontrar en la Tierra —la “envolvente climática”— está cambiando a medida que el planeta se calienta», advierten. «Podrían surgir condiciones completamente nuevas para la civilización en las próximas décadas». Eso significa extremos de calor que superen lo que los seres humanos pueden soportar.
Un estudio de 2021 informó de que una de cada tres muertes causadas por el calor extremo desde 1991 puede vincularse al cambio climático. Si se encuentra en medio de una ola de calor, Chloe Brimicombe, doctoranda que estudia el cambio climático y sus consecuencias para la salud humana en la Universidad de Reading, ofrece algunos consejos para mantenerse a salvo: «Manténgase fresco. Si está en casa, pruebe a remojarse los pies en agua fría o a ducharse… Cierre las cortinas y abra las ventanas del lado que no da al sol», dice.
Otras medidas para que el aire circule por todo el edificio son abrir las puertas y encender ventiladores.
Brimicombe subraya que es muy importante mantenerse hidratado, ya que durante las olas de calor se pierde mucha agua al sudar. «Beba con más frecuencia de lo habitual, incluso cuando no tenga sed», aconseja. Y no olvide comprobar cómo están las personas que podrían necesitar ayuda adicional.
«Preste atención a las personas mayores de 65 años, las mujeres embarazadas, los niños menores de cinco años y quienes tengan problemas de salud. Todos estos grupos son más vulnerables al calor. También conviene evitar la luz solar directa entre las 12:00 y las 15:00, cuando el sol es más intenso».




