Los gobiernos han comprometido más de 12 billones de dólares para proteger sus economías de la COVID-19.
Sin embargo, la inversión en energía verde y desarrollo sostenible ha sido insuficiente.
Se prevé que la inversión actual no logre limitar el calentamiento global al objetivo de 1,5 °C fijado en el Acuerdo de París.
Dos expertos prevén que aún podríamos alcanzar el objetivo si se invirtiera anualmente solo una parte del estímulo fiscal por la COVID-19 en una recuperación «positiva para el clima».
En todo el mundo, los gobiernos han comprometido más de 12 billones de dólares para reactivar las economías devastadas por los efectos de la pandemia de COVID-19.
Esto equivale a alrededor del 15 % del producto interno bruto (PIB) mundial y a varias veces más que lo aportado tras la crisis financiera mundial de hace 10 años.
Al mismo tiempo, los esfuerzos de los gobiernos de todo el mundo por combatir el cambio climático son actualmente insuficientes para alcanzar los objetivos del Acuerdo de París. Las políticas actuales encaminan al mundo hacia un calentamiento de alrededor de 3 °C por encima de los niveles preindustriales y los graves efectos climáticos que esto conlleva.
Investigaciones recientes advierten que la caída temporal de las emisiones mundiales provocada por la pandemia no tendrá efectos climáticos detectables a largo plazo. Sin embargo, unas sólidas medidas de estímulo verde pueden convertir este bache a corto plazo en reducciones de emisiones a largo plazo que eviten 0,3 °C de calentamiento a mediados de siglo y podrían ayudar a limitarlo a 1,5 °C.
En nuestro nuevo análisis, publicado como artículo de «foro de políticas» en la revista Science, mostramos que se puede aprovechar la oportunidad de encaminarse hacia un mundo con un calentamiento de 1,5 °C si se invierte anualmente solo una parte del estímulo fiscal por la COVID-19 en una recuperación «positiva para el clima».
Una recuperación así estimularía la economía mundial y aceleraría el despliegue de fuentes de energía con bajas emisiones de carbono y de medidas de eficiencia energética.
Paquetes de estímulo
Los gobiernos de todo el mundo se preparan para una recuperación económica que, claramente, será dolorosa tras la pandemia de COVID-19.
Igualmente claro es que la forma en que el mundo salga de esta crisis tendrá consecuencias para la lucha contra el cambio climático. Sin embargo, los dos desafíos, el climático y el sanitario, también ofrecen una oportunidad mientras muchos gobiernos planifican sus respuestas a la recesión económica.
En nuestro análisis, nos centramos en hacer más ecológico el sector energético, responsable actualmente de aproximadamente dos tercios de las emisiones de gases de efecto invernadero de toda la economía.
Alcanzar los objetivos del Acuerdo de París depende de reducciones drásticas en el uso de combustibles fósiles y de una rápida transición a fuentes renovables con bajas emisiones de carbono, como la energía solar y eólica, así como de mejoras en la eficiencia energética.
Comparamos los paquetes de estímulo de todo el mundo con las inversiones anuales en energía que se necesitarían para encaminar al mundo hacia el objetivo de temperatura de 1,5 °C. Las estimaciones indican que estas necesidades de inversión ascienden a alrededor de 1,4 billones de dólares al año en todo el mundo entre 2020 y 2024.
Nuestro principal hallazgo es que una proporción de alrededor del 10 % de los paquetes de estímulo, invertida cada año, bastaría para financiar la transición a la energía limpia. Si se suma durante el período 2020-24, equivaldría a aproximadamente la mitad del estímulo mundial total comprometido hasta la fecha.
Esto se ilustra en la figura siguiente, que compara los paquetes de estímulo por la COVID-19 (barras de la izquierda) con la inversión anual necesaria para una trayectoria compatible con el Acuerdo de París (centro) y con el cambio requerido respecto de las políticas actuales (derecha).
La figura resume estas cifras para a) el mundo en su conjunto y c) Estados Unidos, la UE, India y China. El mapa (b) muestra el tamaño de los paquetes de estímulo individuales para cada región del mundo; las burbujas azules indican el estímulo como porcentaje del PIB.
Cabe señalar que se prevé utilizar la mayor parte del estímulo para la recuperación a lo largo de unos cinco años, una ventana de oportunidad clave si el mundo quiere mantenerse dentro del límite de 1,5 °C de calentamiento.
Inversión «verde»
Es evidente que las prioridades inmediatas de los gobiernos son apoyar los sistemas sanitarios, proteger los medios de vida y estabilizar el empleo. Sin embargo, por ahora, la gran mayoría de los países aún no ha aclarado exactamente cómo se gastará el resto del estímulo.
Como muestra el rastreador de Carbon Brief sobre las medidas de estímulo destinadas a reducir las emisiones, algunos gobiernos han reservado parte del estímulo para inversiones verdes.
Por ejemplo, el apoyo a la descarbonización de los sistemas energéticos puede canalizarse mediante inversiones directas en infraestructura y políticas de apoyo, incentivos, reembolsos y garantías.
Sin embargo, conviene tener presente que los criterios para calificar las acciones de «verdes» están en gran medida sin definir. En nuestro análisis presentamos argumentos concretos sobre cómo la recuperación de la columna vertebral de cada economía puede alinearse con esfuerzos ambiciosos para reducir las emisiones.
Queda claro que, dado que las políticas actuales ya destinan una inversión considerable a la energía limpia, no sería necesario dedicar a la inversión con bajas emisiones de carbono la totalidad del 10 % de los paquetes de estímulo. Además, no se espera que los gobiernos realicen todas las inversiones en energía con bajas emisiones de carbono; esta proporción indica la diferencia de órdenes de magnitud entre los paquetes de estímulo y las inversiones necesarias para descarbonizar los sistemas energéticos.
Por ejemplo, se estima que satisfacer las necesidades energéticas mundiales de una manera no compatible con el Acuerdo de París requeriría 1,1 billones de dólares al año de inversión en energía limpia durante los próximos cinco años, más otros 1,1 billones de dólares al año invertidos en combustibles fósiles. Así pues, alcanzar los 1,4 billones de dólares de una trayectoria compatible con el Acuerdo de París solo requeriría 300.000 millones de dólares adicionales al año para energía con bajas emisiones de carbono. Esto equivale a bastante menos del 3 % del estímulo total comprometido hasta la fecha, o al 12 % acumulado durante los próximos cinco años.
Estos «cambios en la inversión» se aprecian en las columnas de la derecha de los gráficos de la figura anterior.
Esto no significaría que los sistemas energéticos se descarbonizaran por completo en cinco años, sino que, con estas inversiones anuales, la economía mundial habría dado un paso importante y positivo para limitar el cambio climático.
Desinversión
Como muestra el ejemplo «no compatible con el Acuerdo de París», todavía se destinan grandes sumas de dinero a los combustibles fósiles. Por tanto, encaminar al mundo hacia el cumplimiento de los objetivos de París también exige desinvertir en combustibles fósiles.
En otras palabras, evitar quedar atrapados en fuentes de energía contaminantes es tan importante como aumentar las inversiones en energías renovables.
Además del aumento anual de 300.000 millones de dólares en energía con bajas emisiones de carbono, las inversiones en combustibles fósiles deben reducirse en 280.000 millones de dólares al año para seguir una trayectoria compatible con el Acuerdo de París.
La diferencia anual de 20.000 millones de dólares entre estas dos estimaciones —que, en esencia, representa el cambio neto de la inversión total en el sistema energético, desde las proyecciones de las políticas actuales hacia el objetivo de 1,5 °C del Acuerdo de París— supone apenas el 0,2 % del estímulo mundial actual. En total, es solo el 1 % durante los próximos cinco años.
Una recuperación positiva para el clima generaría varios otros beneficios que interesan a los gobiernos, al tiempo que estimularía la economía, como la creación de empleo y el impulso a la innovación y al desarrollo tecnológico. Varios informes recientes lo han destacado, entre ellos una encuesta a más de 230 expertos de todo el mundo y la última edición de World Energy Outlook de la Agencia Internacional de la Energía (AIE).
Nuestro análisis también señala grandes disparidades regionales entre países, tanto en su capacidad para hacer frente a la crisis de la COVID-19 como en las necesidades de inversión en sistemas de energía limpia, especialmente si se consideran como proporción de sus economías.
Por ejemplo, Estados Unidos y la Unión Europea han comprometido la mayor parte de los fondos para su recuperación tras la pandemia, pero tienen, proporcionalmente, las menores necesidades de inversión en energía con bajas emisiones de carbono para encaminarse hacia una trayectoria compatible con el Acuerdo de París.
Mientras tanto, economías emergentes como India han destinado menos fondos a la recuperación tras la pandemia, pero necesitan proporcionalmente más inversiones para descarbonizar su sistema energético y, a la vez, proporcionar a su población energía fiable, limpia y asequible.
Estos desequilibrios subrayan la importancia de la cooperación internacional y de compartir esfuerzos para alcanzar los objetivos climáticos mundiales.
En términos muy concretos, nuestro análisis muestra que el objetivo más ambicioso del Acuerdo de París, limitar el calentamiento global a 1,5 °C, sigue estando al alcance. Un liderazgo decidido, una acción rápida y un uso adecuado del asesoramiento científico parecen ser una buena fórmula para afrontar tanto la crisis de la COVID-19 como el calentamiento del clima.
