La precisión de las predicciones sobre la trayectoria de las tormentas ha mejorado enormemente en las últimas dos décadas, pero no así las predicciones sobre su intensidad.
Comprender los cambios en la intensidad de los huracanes es fundamental para evitar la pérdida de vidas y los enormes costes de las evacuaciones innecesarias.
Pero el cambio climático está haciendo menos certeras las predicciones sobre los procesos oceánicos y los pronósticos climáticos relacionados.
La cooperación mundial es clave para mejorar la observación oceánica y formular políticas y objetivos climáticos mejor fundamentados.
Un rápido examen de las posiciones de embarcaciones rastreadas por satélite en el Atlántico Norte el 22 de septiembre mostró que, en lo más profundo de los estrechos círculos concéntricos de presión del huracán Fiona, un «buque sin identificar» luchaba contra vientos de 150 kilómetros por hora y olas de 15 metros dentro del perímetro del ciclón de categoría 4.
Saildrone Explorer #1078 es un dron para huracanes, o velero autónomo, que opera actualmente en el Atlántico Norte. El dron se utiliza para recopilar información sobre el funcionamiento interno de los ciclones en sus intensos núcleos, a fin de predecir con mayor precisión los cambios en la intensidad de los huracanes.
Prepararse para los huracanes
Comprender los cambios en la intensidad de los huracanes es fundamental para evitar tanto la pérdida de vidas como los enormes costes de las evacuaciones innecesarias.
Aunque la precisión de las predicciones sobre la trayectoria de las tormentas ha mejorado enormemente en las últimas dos décadas, las predicciones de su intensidad no han mejorado de forma notable. Esto puede causar daños a las infraestructuras de ciudades costeras que no estén suficientemente preparadas, o enormes costes innecesarios por evacuaciones masivas ante una tormenta que pierde fuerza de repente.
La intensidad del huracán Irene en la región del Atlántico medio de Estados Unidos fue considerablemente sobreestimada en 2011, mientras que la rápida aceleración e intensificación del huracán Sandy, en la misma costa en 2012, se subestimó. La predicción erróneamente elevada de la intensidad de Irene hizo que se prestara menos atención y se tomaran menos medidas para prepararse para el huracán Sandy, lo que provocó alteraciones, pérdidas económicas e incluso víctimas mortales.
A partir de las mediciones de Saildrone en las profundidades del huracán Fiona, podemos descubrir qué desencadenó sus cambios de intensidad.
Aumento de las temperaturas oceánicas
Fiona nos recuerda que el océano controla mucho más que la intensidad de los huracanes: afecta a gran parte de nuestro clima y regula el sistema climático. Estudiar la circulación y la evaporación oceánicas a lo largo del tiempo puede ayudarnos a pronosticar con precisión fenómenos como las sequías y los monzones.
El océano es el mayor reservorio mundial de calor y carbono de la Tierra. Almacena la mayor parte del calor, contiene 50 veces más carbono que la atmósfera y secuestra más emisiones de carbono que todas las selvas tropicales del mundo juntas.
Un océano más cálido transfiere más calor, humedad y energía a los ciclones, lo que aumenta su potencia y duración. Mediciones anteriores de drones indicaron que el océano no se estaba enfriando tan rápidamente como predecían los modelos, lo que aumentó inesperadamente la intensidad de los ciclones.
Pero el cambio climático hace menos certeras nuestras predicciones sobre los procesos oceánicos y los pronósticos climáticos relacionados. En última instancia, es fundamental cartografiar los cambios provocados por el calentamiento del clima para poder prepararnos, por ejemplo, para la aparición de un ciclón de categoría 6 en el futuro con fuerza suficiente para arrancar la corteza de los árboles.
Por ejemplo, tanto la ralentización de la corriente del Golfo como el deshielo del Ártico reducirían por separado la cantidad de calor y carbono que el océano puede secuestrar de la atmósfera. Si estos procesos ocurrieran exactamente al mismo tiempo, su impacto en el clima mundial podría ser catastrófico. Ya es difícil predecir la probabilidad de cada fenómeno, y mucho más la probabilidad de que sus efectos coincidan.
La falta de observaciones oceánicas adecuadamente conectadas genera una incertidumbre creciente en los modelos oceánicos y climáticos. Esto limita la capacidad de los países para proteger a su población y establecer políticas y objetivos climáticos con confianza.
Para formular políticas y objetivos climáticos mejor fundamentados, necesitamos más observaciones oceánicas y conectar mejor las existentes. Estas observaciones incluyen el contenido de calor y carbono del océano, así como la forma en que las corrientes oceánicas permiten almacenar calor y carbono.
Colaboración internacional
El Sistema Mundial de Observación de los Océanos (GOOS) es una red internacional de instituciones dedicadas a la observación oceánica. El GOOS ha señalado que los flujos de carbono oceánico, los ciclones, las olas de calor y las corrientes limítrofes se encuentran entre los principales desafíos que requieren atención urgente en la observación oceánica mundial. Estos serán el eje del codiseño de la observación oceánica en el marco del Decenio de las Naciones Unidas de las Ciencias Oceánicas para el Desarrollo Sostenible.
La Organización Meteorológica Mundial (OMM) creó un nuevo Grupo de Estudio sobre gases de efecto invernadero para conectar la observación del carbono oceánico con la observación atmosférica y terrestre. Esto permitirá elaborar una visión global de cómo se desplazan el carbono y otros gases de efecto invernadero, y dónde se almacenan.
La creación de sistemas conectados de observación y predicción oceánica y climática depende en gran medida de la voluntad de cada país de apoyar la recopilación de esta información. También se basa en los esfuerzos incansables de científicos internacionales, que dedican voluntariamente parte del tiempo de sus investigaciones y labores docentes principales a participar en programas y grupos de trabajo.
Seguimos esperando que los países miren más allá de sus fronteras nacionales y se impliquen en la observación oceánica en alta mar. Allí donde el progreso debe ser rápido, ha sido lento.
Necesitamos más innovación en la observación oceánica y, sobre todo, un liderazgo gubernamental audaz que respalde y conecte las observaciones existentes y articule los avances graduales. Esto ayudará a transformar la acción climática a escala mundial.






