Ante los efectos de la pandemia actual, el cambio climático y la desigualdad, la incertidumbre sobre el futuro está muy extendida.
Los líderes deben poner en práctica sus compromisos de cero emisiones netas para limitar el calentamiento global al objetivo de 1,5 grados C.
El mundo debe continuar su transición del carbón a la energía limpia.
La descarbonización del transporte, la prevención de futuras pandemias y la erradicación de la deforestación también son fundamentales para cumplir los compromisos de cero emisiones netas.
En estos tiempos sin precedentes, existe una gran incertidumbre sobre el futuro. La pandemia de COVID-19 continúa haciendo estragos, los efectos del cambio climático ya se sienten en todo el mundo y las personas de todo el planeta siguen enfrentándose a la desigualdad. Y eso es solo lo que ocurre en el escenario mundial, por no hablar de cómo todos estos problemas se afectan entre sí. En este mundo que cambia rápidamente, donde las historias surgen y evolucionan a diario, ¿cuáles tendrán el mayor impacto en las personas y el planeta?
El evento anual Stories to Watch de WRI pone de relieve esta pregunta crucial. El evento se basa en la convicción de que comprender las historias más apremiantes de hoy —y los momentos que podrían cambiar el rumbo— permite a las personas dar forma a un mundo más sostenible.
En su 19.ª edición anual, Stories to Watch 2022 se centra en una de las preguntas más importantes de esta década de acción climática: ¿Será este el año en que los líderes conviertan las promesas en acción? En su primera vez como anfitrión del evento, Ani Dasgupta, presidente y director ejecutivo de WRI, analizará los compromisos recientes y los próximos momentos que determinarán si el mundo finalmente emprende un camino más sostenible.
Estas son las seis preguntas más importantes para 2022, así como los momentos y las acciones que ayudarán a responderlas:
1. ¿Actuarán los líderes mundiales para cumplir sus compromisos de cero emisiones netas?
La ciencia climática más reciente ofrece un panorama claro: el mundo está muy lejos de limitar el calentamiento global a 1,5 grados C y evitar los peores efectos del cambio climático. Aún es posible alcanzar este objetivo, pero solo si el mundo llega a cero emisiones netas de dióxido de carbono para mediados de siglo.
Los compromisos de cero emisiones netas han cobrado impulso en los últimos años. La cumbre climática COP26 celebrada a finales de 2021 generó aún más optimismo, con 81 países, cientos de empresas y más de mil ciudades que anunciaron compromisos de cero emisiones netas al concluir la cumbre. Sin embargo, muchos de estos compromisos han sido objeto de escrutinio debido a las dudas sobre su credibilidad y rendición de cuentas.
Este año, los líderes de todos los sectores deben respaldar sus compromisos con medidas contundentes. Una de las grandes preguntas es qué harán los países del G20 —que representan el 75 % de las emisiones mundiales de gases de efecto invernadero— para avanzar hacia sus objetivos antes de la COP27, incluido si China reforzará sus compromisos climáticos para 2030 y si Estados Unidos aprobará la Ley Build Back Better. Además, este año veremos si más empresas asumen compromisos de cero emisiones netas y si las instituciones financieras reducen drásticamente la financiación de los combustibles fósiles.
2. ¿Tendremos por fin una transición fluida y justa del carbón a las energías renovables?
El sector energético, en particular su actual dependencia del carbón, será un factor determinante para que el mundo pueda alcanzar las cero emisiones netas a mediados de siglo. El carbón causa el 40 % de las emisiones mundiales de CO2, lo que lo convierte en la mayor fuente de emisiones de CO2 del mundo.
Aunque está claro que el mundo debe abandonar el carbón, no es una tarea sencilla. El carbón representa el 25 % de la energía mundial, principalmente para la electricidad, y la demanda energética ha aumentado considerablemente durante la última década. Al mismo tiempo, casi 760 millones de personas en todo el mundo aún carecen de acceso a la electricidad, por lo que es probable que la demanda siga creciendo. Además, 7 millones de trabajadores trabajan en el sector del carbón en todo el mundo y se verán afectados por la transición hacia la energía limpia. Será esencial garantizar que reciban formación y apoyo a medida que disminuya el uso del carbón.
2022 ayudará a revelar si el mundo continuará la transición del carbón a la energía limpia. Este año será especialmente revelador para saber si los países cumplirán sus compromisos de poner fin a la financiación del carbón, incluidos los 39 países que se comprometieron con la transición a la energía limpia en la COP26. Este año también mostrará si aumentará la financiación de la energía limpia, si las inversiones en la red eléctrica garantizarán una transición fluida y si se apoyará a los trabajadores durante la transición a la energía limpia.
3. ¿Impulsarán los cambios en la toma de decisiones y la financiación la justicia climática?
Aunque el cambio climático afecta a todo el mundo, no afecta a todas las personas por igual. El cambio climático afecta de manera desproporcionada a los países con menos recursos, pese a que estos países contribuyen con una pequeña parte de las emisiones mundiales. Al mismo tiempo, el cambio climático podría sumir en la pobreza a hasta 130 millones de personas más para 2030. Dentro de los países vulnerables al cambio climático, las comunidades de bajos ingresos —a menudo marginadas por desigualdades sistémicas— tienen más probabilidades de verse afectadas por los desastres meteorológicos extremos y la escasez de recursos que el cambio climático agrava.
La justicia climática aborda estas desigualdades mediante cuatro preguntas fundamentales sobre los impactos climáticos: ¿A quién afecta? ¿Quién es responsable? ¿Quién tiene recursos? ¿Quién tiene poder? Aunque la justicia climática recibe cada vez más atención, los cambios reales en la distribución de recursos y en el poder de decisión siguen rezagados. Una de las cuestiones más importantes es si aumentará el apoyo a las comunidades locales, reconociendo que a menudo son las mejor preparadas para encontrar y desarrollar soluciones.
Los cambios en el poder de decisión y la financiación pueden hacer de 2022 un año decisivo para la justicia climática. Estos cambios deberían incluir apoyo a la adaptación liderada localmente y la restauración de los ecosistemas, financiación para las pérdidas y los daños causados por el cambio climático y el reconocimiento de los derechos de los pueblos indígenas sobre sus tierras. Como ocurre con todas estas historias climáticas, los líderes deben cumplir sus compromisos con la justicia climática mediante una aplicación significativa y eficaz.
4. ¿Será 2022 el año en que cambiemos el rumbo de la deforestación?
2021 terminó con buenas noticias para los bosques. La COP26 fue el escenario de el mayor compromiso de la historia para detener la deforestación: 141 países prometieron detener y revertir la pérdida y degradación de los bosques para 2030. Los países y las fundaciones también prometieron 19.200 millones de dólares para proteger y restaurar los bosques, y las instituciones financieras se comprometieron a eliminar la deforestación de sus carteras.
Aunque estos compromisos son prometedores, la deforestación sigue siendo motivo de preocupación. En 2021, los trópicos perdieron 12,2 millones de hectáreas de cobertura forestal, y solo uno de los tres principales bosques tropicales del mundo sigue siendo un sumidero de carbono. Esta pérdida forestal tiene consecuencias devastadoras: sin los bosques, el mundo no puede limitar el calentamiento a 1,5 grados C, por no hablar del enorme daño que causa a las personas y la biodiversidad.
Los compromisos de la COP26 son sólidos, pero desde luego no son los primeros. Para que 2022 sea el año en que realmente se rompa el ciclo de la deforestación, es necesario cambiar muchas cosas. Los países consumidores deben cerrar los mercados de materias primas vinculados a la deforestación, mientras que las empresas deben eliminar la deforestación de sus cadenas de suministro. Además, los países deben convertir sus compromisos de deforestación cero en políticas concretas. Por último, debe destinarse financiación a los bosques mediante mecanismos como la financiación de proyectos forestales y los créditos de carbono forestal de alta calidad.
5. ¿Redoblarán los líderes sus esfuerzos para prevenir futuras pandemias?
Durante los últimos dos años, las pandemias han acaparado la atención mundial y dominado la vida cotidiana. Aunque la pandemia de coronavirus sigue planteando grandes desafíos en todo el mundo, no será la última.
Las pandemias no son solo un problema de salud, también son un problema ambiental. La deforestación es un factor que impulsa las enfermedades infecciosas; hasta un 75 % de las enfermedades infecciosas son resultado de la transmisión de patógenos de animales a seres humanos, y la pérdida de hábitat causada por la deforestación acerca a las personas y los animales salvajes. Por ello, financiar la protección de los bosques también podría ayudar a prevenir pandemias y costar mucho menos que el enfoque reactivo de recuperación tras pandemias como la COVID-19.
Los sectores de la salud pública y el medio ambiente deberían aprovechar este año para derribar los compartimentos estancos existentes y prevenir futuras pandemias antes de que comiencen. Marzo y agosto de este año serán momentos clave para esta labor, ya que la Asamblea Mundial de la Salud celebrará reuniones para redactar un tratado internacional sobre pandemias. Además, los gobiernos pueden adoptar un Marco Mundial de Biodiversidad para ayudar a proteger los hábitats de la fauna silvestre y, de ese modo, prevenir el riesgo de transmisión de animales a seres humanos.
6. ¿Adoptará el mundo vías para descarbonizar el transporte?
El mundo está experimentando un enorme auge de los vehículos eléctricos (VE). En 2021, las ventas de vehículos eléctricos fueron aproximadamente un 83 % superiores a las de 2020, y un 168 % superiores a las de 2019, superando ampliamente a los vehículos tradicionales. En la actualidad circulan aproximadamente 12 millones de vehículos eléctricos de pasajeros y hoy hay más de 500 modelos de vehículos de cero emisiones disponibles.
Sin embargo, estos vehículos eléctricos representan apenas el 1 % del parque automotor actual. La proporción de VE debe aumentar considerablemente para cumplir los objetivos del Acuerdo de París. Al mismo tiempo, los VE por sí solos no descarbonizarán el sector del transporte. Este sector representa casi una cuarta parte de las emisiones directas de CO2 del sector energético. Para limitar el calentamiento a 1,5 grados C, las emisiones de CO2 del sector del transporte deben reducirse un 90 % para 2050.
Para aprovechar el impulso de la electrificación reciente, los líderes deben tomar medidas ambiciosas para descarbonizar el sector del transporte en 2022. Esto incluye acciones para acelerar la transición hacia la electrificación de todos los vehículos, instalar la infraestructura necesaria para respaldar los vehículos eléctricos y garantizar que funcionen con energía limpia. También debemos alejarnos de una cultura centrada en el automóvil y considerar las ciudades y el transporte en su conjunto. Además de los VE, los líderes deberían invertir más en transporte público, desplazamientos a pie e infraestructura para el ciclismo y construir ciudades más compactas y accesibles.
Acciones de hoy para los años venideros
Sin duda, 2022 estará lleno de momentos que darán forma al mundo este año y durante los años —y quizá las décadas— venideros. WRI observará de cerca cada una de estas historias, hará seguimiento de los avances y defenderá los cambios que el mundo necesita con tanta urgencia. Las respuestas que surjan este año revelarán si el mundo seguirá funcionando como siempre o si los líderes darán los pasos necesarios para dejar atrás las promesas y encaminar el planeta hacia una senda más sostenible para todas las personas.




