Olvídense de las palabras de moda: sencillamente es un buen negocio

Olvídense de las palabras de moda: sencillamente es un buen negocio
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Cuando yo era joven, la vida era fácil: estaban quienes estudiaban para hacerse ricos y quienes estudiaban para salvar el mundo. Desde entonces, las cosas han cambiado. Los mundos de los negocios y del sector sin ánimo de lucro se han ido acercando cada vez más, como ilustran los nuevos movimientos y las nuevas denominaciones, como emprendimiento social, negocio social e inversión de impacto.

Como consecuencia, las empresas están haciendo hincapié en los componentes de valor social y medioambiental de sus modelos de negocio. Impulsados por el movimiento de consumidores y por Internet, los asuntos de responsabilidad social corporativa y sostenibilidad están dejando poco a poco de ser excepciones para convertirse en parte del núcleo estratégico de una empresa. Estos cambios (tienen que) ir en profundidad.

Como señaló su colega de YGL Hannah Jones, vicepresidenta de Responsabilidad Corporativa de Nike, en una entrevista para la Stanford Social Innovation Review: «Cualquier empresa que crea que puede hacer RSC para las relaciones públicas o para manipular la información se engaña a sí misma, porque el mundo de hoy es muy transparente. A menos que se practique lo que se predica, es mejor no hablar en absoluto».

Pero los beneficios para las empresas son claros: las compañías que generan valor financiero, social y medioambiental resultan más atractivas para el talento de primer nivel. Una empresa como Patagonia ya recibió 900 solicitudes por cada oferta de empleo antes de la última recesión económica. Y el año pasado hubo más estudiantes de MBA de una universidad de la Ivy League que asistieron a una feria de empleo de emprendimiento social que el evento simultáneo organizado por una importante consultora de gestión.

Sin embargo, aprovechar las oportunidades que presenta la convergencia de los sectores empresarial y sin ánimo de lucro requerirá una nueva mentalidad. La formación de los emprendedores tiene que cambiar para derribar los viejos conceptos de sin ánimo de lucro y con ánimo de lucro. Tanto las empresas como el sector sin ánimo de lucro tienen que verse a sí mismos como parte del mismo sistema y centrarse en su interdependencia, no en sus diferencias. Y del mismo modo que cada vez más personas están dispuestas a ganar menos a cambio de un trabajo más significativo, es posible que las empresas tengan que estar preparadas para ganar menos con el fin de crear no solo valor financiero, sino también social y medioambiental.

Hay un tipo de empresa que desde hace cientos de años ha incorporado la propiedad responsable en su ADN y que ha convertido el arte de adoptar una perspectiva a largo plazo en una ventaja competitiva: la empresa familiar. Estas compañías, en las que la familia mantiene una presencia fuerte, aspiran a mantener la empresa en manos de la familia durante generaciones. Les interesan más las implicaciones a largo plazo de una acción que los logros rápidos. Impulsados por los valores familiares, a menudo existe un sentido de responsabilidad hacia los empleados y la comunidad que da lugar a una alineación natural de «personas, planeta y beneficios». Y eso parece dar resultados. En todo el mundo, las empresas familiares han superado durante años a sus competidores dirigidos por gestores.

En última instancia, mi sueño es que nos deshagamos de todas las etiquetas y palabras de moda de sin ánimo de lucro y con ánimo de lucro, y que nos centremos en lo esencial: el buen negocio.

Autora: Felicitas von Peter es fundadora y socia directora de Active Philanthropy, un foro benéfico que permite a familias e individuos generar el máximo impacto con sus donaciones e inversiones sociales, y es Joven Líder Global de 2010 del Foro Económico Mundial.

Crédito de la foto: Active Philanthropy

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