No mires arriba es una superproducción hollywoodense de catástrofes, pero también una comedia: una alegoría sobre el cambio climático y una sátira mordaz de la política y los medios de comunicación. Adam McKay, su guionista y director, ganador de un Óscar, contó al pódcast Radio Davos por qué sintió la necesidad de hacer la película.
No mires arriba: planteamiento
Un meteorito gigantesco está a punto de acabar con toda la vida en la Tierra. ¿Tomarán quienes están al mando las medidas urgentes necesarias? Leonardo DiCaprio y Jennifer Lawrence interpretan a los científicos que han descubierto la amenaza. Meryl Streep es la presidenta de Estados Unidos, que en una película típica de Hollywood sería la encargada de salvar la Tierra.
En un mundo donde los políticos persiguen índices de audiencia a corto plazo, los medios informativos están obsesionados con los cotilleos de famosos y parte de la población niega deliberadamente los hechos, ¿se puede evitar el desastre?
Una entrevista con Adam McKay, guionista y director
Robin Pomeroy: Es un placer dar la bienvenida al programa a un cineasta ganador de un Óscar, guionista y director de La gran apuesta y de El vicio del poder y ahora de No mires arriba, una película épica de catástrofes, una sátira, una comedia, una tragedia: Adam McKay. Hola, Adam. ¿Cómo estás?
Adam McKay: Estoy bien, Robin. Gracias por invitarme.
Robin Pomeroy: Es un placer tenerte aquí. Para esas pocas personas que nos escuchan y aún no han visto tu película, ¿cómo se la presentarías? ¿De qué trata?
Adam McKay: Diría que es una comedia disparatada y grandiosa sobre dos científicos que intentan advertir al mundo de que un cometa mortal va a impactarlo. Intentan alertar a un mundo muy parecido al que vivimos ahora, en 2022. Así que sí, es una comedia, aunque también tiene elementos dramáticos y trágicos.
Siempre pensé que [el cambio climático] era muy grave, pero de algún modo creía que faltaban 50 años... Empecé a leer sobre el tema y pensé: «¡Dios mío, esto está pasando ahora!»
Robin Pomeroy: Tengo entendido que el cambio climático fue la inspiración para esta película. Estabas leyendo un libro y de pronto comprendiste lo terrible que es la situación de la humanidad. Quizá puedas contarnos un poco sobre eso. Pero me da curiosidad: ¿por qué no hiciste una película sobre el cambio climático? ¿Por qué lo convertiste en una alegoría y en el impacto de un meteorito?
Adam McKay: Sí, había leído el informe de la ONU sobre el clima hacía unos cuatro años y había leído el libro de David Wallace-Wells, La Tierra inhabitable, que recomiendo encarecidamente. Y hubo un momento en que me di cuenta de que la crisis climática, que siempre había considerado muy grave y algo que teníamos que afrontar, pero que de algún modo creía que ocurriría dentro de 50 u 80 años, para mis nietos. Empecé a leer sobre el tema y pensé: «¡Dios mío, esto está pasando ahora!»
Todos los modelos han sido demasiado optimistas, y es imposible modelar un sistema tan complejo como el planeta Tierra cuando hablamos de elevar la temperatura como lo estamos haciendo. Me asusté muchísimo y muy rápido, y comprendí que, bueno, soy un tipo que hace películas, así que tenía que hacer una película. Quiero decir, da igual; si hiciera sándwiches... bueno, no acaba de funcionar. Iba a decir que habría hecho un «sándwich de crisis climática». Supongo que también se podría.
Robin Pomeroy: Seguro que sí. Depende de dónde obtengas los productos, ¿no?
Adam McKay: Sí, tienes razón, tienes razón. En fin, empecé a barajar ideas y se me ocurrieron unas cinco. Algunas parecían demasiado dramáticas; otras eran una especie de thrillers con un giro. Y en todos los casos no dejaba de pensar: sé qué público verá esto, pero no sé si será suficiente. Creo que, ya sabes, sabemos que podemos llegar a cierto público. Y fue mi amigo David Sirota, periodista y antiguo redactor de discursos de Bernie Sanders, quien compartía conmigo la frustración por la falta de cobertura de la crisis climática en los principales medios. Hizo una broma al pasar sobre cómo era como la película Armageddon, solo que el asteroide va a impactar y a nadie le importa. Me reí, pero luego no pude quitarme la idea de la cabeza durante unas dos semanas; no dejaba de pensar en ella. Al final lo llamé y le dije: «David, creo que esa es la idea». Se rio de mí, como diciendo: «¡Sí, claro!». Pero eso fue todo.
Personas de todo el espectro político [se están] riendo de esta representación del mundo como un espejo de feria disparatado y narcisista.
Me gustaba que fuera una comedia. Me gustaba que fuera grandiosa y disparatada. Me gustaba que no hablara del fin del mundo, que no fuera tan oscura y sombría. También pensé que, si miras los últimos 10 años, no se han hecho muchas comedias. Creo que parte de la razón es que el mundo está patas arriba y es muy cambiante. Pensé que quizá hay algo en lo que todos podemos estar de acuerdo, sean cuales sean nuestras ideas políticas o religiosas: el mundo está loco ahora mismo. Así que fue alentador empezar a proyectar la película y comprobar que, efectivamente, era así: personas de todo el espectro político se reían de esta representación del mundo como un espejo de feria disparatado y narcisista.
Robin Pomeroy: Es interesante esta idea de la falta de comunicación y de que la gente no logra comunicarse entre sí. Creo que un tema central de la película es: «Estos son los hechos: ¿qué vas a hacer al respecto?». Y mucha gente simplemente no acepta los hechos. Eso es lo que ocurre con el cambio climático y, supongo, también con la COVID. Leí esta cita tuya en otra entrevista: «La película obviamente se inspira en la crisis climática, pero en realidad trata de cómo hemos roto y hecho añicos las formas en que nos comunicamos». Cuando la escribías y la filmabas, ¿lo tenías muy presente?
Tuvimos que detener el rodaje por la COVID. Luego, durante seis meses no pudimos hacer nada y vimos cómo se hacía realidad, escena tras escena, lo que ocurría en la película.
Adam McKay: ¿Sabes qué es interesante? Nos dimos cuenta de algo mientras la hacíamos. Siempre pensé que trataba directamente de la crisis climática. Luego tuvimos que detener el rodaje por la COVID. Durante seis meses no pudimos hacer nada y vimos cómo se hacía realidad, escena tras escena, lo que ocurría en la película. Recuerdo que hablaba con (Leonardo) DiCaprio, (Meryl) Streep y Tyler Perry, y todos comentábamos que la película no trata realmente de cuál es la amenaza, sino de cómo la afrontamos. Así acabó convirtiéndose en la historia. Si miras los últimos 20 años, no ha habido un gran historial de información fiable que llegue a la gente. Piensa en la guerra de Irak, la epidemia de opioides en Estados Unidos, los préstamos abusivos, el colapso inmobiliario: muchos supuestos expertos nos decían —hablando del libre comercio— que esas medidas no tenían inconvenientes, que eran decisiones obvias, pan comido. Y todas resultaron desastrosas. Se perdieron millones de vidas. Así que ahora estamos en esta situación en que, sorpresa, sorpresa, una buena parte de la población no confía en los expertos. Pero, claro, la oscura ironía es que sí necesitamos confiar en los expertos en ciertos temas, sobre todo en la crisis climática. Es muy complicado. Pero de verdad creo que no hablamos lo suficiente de que esta desconfianza se debe a 20, 30 o 40 años de engaños por parte de las élites. Y no están locas las personas que no confían en la ciencia: entiendo por qué lo hacen. Ojalá confiaran, porque en algunos casos las pruebas son empíricas y claras; no me sorprende que desconfíen, pero sí me sorprende que hablemos tan poco de la causa.
La película no trata realmente de cuál es la amenaza, sino de cómo la afrontamos.
Robin Pomeroy: Hay un reparto enorme, en su mayoría celebridades de primera categoría. Uno de los personajes interesantes aparece bastante avanzada la película: el personaje de Chalamet, Timothée Chalamet, que interpreta a una especie de skater macarra y con estilo que no se cree nada, ¿no? No cree a nadie.
Es algo que he visto. Llevo décadas trabajando como periodista. He ido a escuelas a enseñar sobre noticias falsas y alfabetización mediática. Y, claro, los chicos populares dicen: «Sí, todos son unos ladrones, todos ustedes son unos mentirosos. No confío en ninguno». Es como un reinicio con estilo. Eso es un problema, ¿no? Podemos tomarnos estos temas en serio y también reírnos, pero ¿cómo transmites ese mensaje a alguien que va de guay y no se cree nada? Cuéntanos algo sobre ese personaje y ese arquetipo.
En Matrix puedes elegir la pastilla roja o la azul. Bueno, hay gente que elige la negra, que significa «todo es cinismo, todo es mentira». Y quizá ese sea el camino más destructivo que podríamos tomar.
Adam McKay: Sí, es muy peligroso. Antes había una confianza compartida en la forma de recibir información, pero esa confianza se ha traicionado una y otra vez. Y lo lamentable es que hay gente como tú —científicos de verdad y periodistas de verdad que intentan comunicar la verdad—, pero a estas alturas todo está muy confuso. Hace 40 años se podía hablar de alfabetización mediática. ¿Y ahora? Tendrías que hacer una maestría y un doctorado para atravesar las sucesivas capas de desinformación, engaños y maniobras de distracción. Y luego está la publicidad. Dios mío, es el momento más difícil para distinguir lo que es real de lo que no. Tiene que serlo. Intento pensar en otra época histórica. Supongo que a principios del siglo XIX se vendía bastante bien el aceite de serpiente, así que quizá tampoco había entonces un gran flujo de información. Pero sí, el personaje de Timothée Chalamet representa eso y... tengo amigos así que, ya sabes, lo llaman «tomar la pastilla negra». Puedes elegir la pastilla roja o la azul en Matrix. Bueno, hay gente que elige la negra, que significa «todo es cinismo, todo es mentira». Y quizá ese sea el camino más destructivo que podríamos tomar.
Robin Pomeroy: Háblanos del papel de la comedia. Has hecho muchas películas tontas y divertidas a lo largo de tu carrera; lo digo en el mejor sentido. Películas entretenidas que te hacen reír a carcajadas. Creo que esta también lo es. Por cierto, la vi anoche por segunda vez y parece mucho más seria al verla de nuevo, porque ya sabes cuándo vienen los chistes y creo que te concentras más en la oscuridad. Me dejó agotado, en el buen sentido; me encanta la película. Pero ¿qué papel tiene la comedia? Optaste por hacer una sátira desmesurada. ¿Crees que eso ayuda a transmitir el mensaje? Uno de los personajes, la presentadora del programa de noticias diurno, parece molestar a los científicos haciendo bromas y diciendo que así la medicina entra mejor. Ya sabes, lo mantenemos divertido. ¿Hay peligro en mantenerlo divertido? ¿O es realmente una forma de hacer que la medicina entre mejor?
Adam McKay: Sí, creo que hay distintos tipos de risa, entretenimiento y humor; muchos, de hecho. Cuando Cate Blanchett dice: «Oye, lo mantenemos ligero; así la medicina entra mejor», habla más bien de una especie de novocaína. Habla de adormecer la percepción y los sentimientos reales. Creo que cuando la gente se ríe de verdad, cuando ves a grupos de personas reír, es algo maravilloso. Creo que pueden pasar cosas buenas. No me refiero a una sonrisa irónica de quien sabe algo o a asentir como diciendo «Ah, ya veo lo que haces». Tampoco hablo de una risita desdeñosa, de superioridad. Hablo de reír a carcajadas, sin contenerse. Nunca he visto que eso sea algo malo. Y creo que, además, enseguida crea comunidad. Requiere que estés en un grupo que tenga algo en común. Y sí, es raro que en los últimos cinco o diez años se hayan hecho tan pocas comedias y que haya tan pocos monologuistas de primer nivel. Cuando yo crecía, durante 20 o 30 años siempre había unos cinco grandes cómicos de monólogo; ahora ya no es así. Todo se ha vuelto muy de nicho. Creo que, en cierto modo, el populismo se convirtió en una mala palabra porque hemos visto cómo se retorcía y se llevaba a los extremos de la derecha. Puede volverse fascista muy deprisa. Pero, en su raíz, el populismo es algo maravilloso y poderoso. El populismo es, por ejemplo, cómo ganamos la Segunda Guerra Mundial. Así creamos el sistema de autopistas, aunque quizá ahora no sea tan bueno. Así creamos hospitales o, ustedes, el NHS. Eso es populismo. Creo que a las fuerzas oscuras les resulta muy difícil fingir la comedia. Simplemente no funciona. Las he visto intentarlo. Y creo que la comedia es una parte importante de cualquier movimiento populista positivo que vaya a surgir. Eso es lo que intentamos hacer con esta película.
La superficialidad de los medios: un fragmento de No mires arriba
Jack Bremmer, presentador de televisión diurna (Tyler Perry): ¿Qué tamaño tiene eso? ¿Puede destruir, por ejemplo, la casa de alguien? ¿Es posible?
Randall Mindy, astrónomo (Leonardo DiCaprio): Bueno, el cometa Dibiasky, que será su nombre oficial...
Jack Bremmer: ¿En honor a ella?
Randall Mindy: Sí.
Brie Evantee, presentadora de televisión diurna (Cate Blanchett): Oh, felicidades.
Jack Bremmer: Qué honor, ¿verdad? Felicidades.
Randall Mindy: Tiene entre seis y nueve kilómetros de diámetro, así que....
Brie Evantee: ¡Es grande!
Randall Mindy: Dañaría todo el planeta, no solo una casa. Ya sabes...
Jack Bremmer: Todo el planeta. De acuerdo, bueno, ya que va a causar daños, ¿podría impactar justo en esta casa de la costa de Nueva Jersey, la de mi exmujer? Necesito que la alcance. ¿Podemos hacer que pase?
Brie Evantee: (Ríe) Vamos. Tú y Jilly tienen una relación estupenda, ya sabes. ¡Basta! ¡Tienes que parar!
Jack Bremmer: Lo haré. Pero, para ser justos, yo pagué la casa...
Kate Dibiasky, astrónoma (Jennifer Lawrence): Perdón, ¿no estamos siendo claros? Intentamos decirles que todo el planeta está a punto de ser destruido.
Jack Bremmer: De acuerdo.
Brie Evantee: De acuerdo, bueno, es simplemente lo que hacemos aquí. Ya sabes, presentamos las malas noticias con ligereza.
Jack Bremmer: Claro. Así la medicina entra mejor.
Cuando la gente se ríe de verdad, cuando ves a grupos de personas reír, es algo maravilloso. Creo que pueden pasar cosas buenas.
Robin Pomeroy: Ya has tenido tiempo de recibir reacciones a esta película. Lleva varios meses en Netflix. Todavía se ve. Dices que ha cruzado las divisiones políticas. Me pregunto si el público entiende que trata del cambio climático. ¿Está inspirando a la gente a hacer algo al respecto? ¿Qué tipo de reacciones has recibido?
Los científicos del clima, ¡Dios mío!, algunas de sus reacciones fueron: «¡Por fin alguien entiende lo que hemos estado viviendo!»
Adam McKay: Fue algo extraordinario. Nunca había vivido nada parecido. Netflix es una plataforma realmente única porque, básicamente, pulsa un botón y la película llega a cientos de millones de personas. Hicimos una comedia y veo que está en el número uno de Netflix en Nigeria, Pakistán, Camboya, Canadá, Uruguay... en todo el mundo. Lo genial fue leer las redes sociales: puedes ver las respuestas aparecer a cada segundo, en todos esos idiomas, y hay una aplicación de traducción que puedes usar. Fue genial porque hubo un nivel de reacción compartida que no esperaba que llegara a tal grado. La gente sentía de verdad que se la veía y escuchaba. Los científicos del clima, ¡Dios mío! Algunas de sus reacciones fueron: «¡Por fin alguien entiende lo que hemos estado viviendo!». Y no solo los científicos del clima: también los epidemiólogos y los científicos en general. Fue maravilloso. Nunca había vivido algo así.
Robin Pomeroy: Porque va mucho más allá del cambio climático y abarca todos esos riesgos mundiales y la ciencia global a la que debemos prestar atención y ante la que tenemos que actuar. Esta es una pregunta que mi mujer me pidió que te hiciera: ¿por qué la presidenta, que es bastante mala, es una mujer?
Adam McKay: (Ríe) ¿Sabes qué? Surgió simplemente de esto: muchos de los mejores personajes que se pueden interpretar son ruines, malvados, perversos y ridículos. En el pasado, creo que tendíamos a decir: «No voy a elegir a una mujer para este papel porque no quiero decir que las mujeres son horribles». En este caso, simplemente pensé: es un papel estupendo, démoselo a Meryl Streep. Lo mismo con Cate Blanchett. Creo que las mujeres pueden interpretar personajes virtuosos y personajes horribles. Hoy en día, cada vez más, esa línea se está borrando. Pero tu mujer no se equivoca: la presidenta Orlean es un desastre. Meryl Streep estuvo graciosísima. Me dijo: «Nunca he interpretado a la presidenta». Y yo le dije: «¿De verdad?». Y ella: «Sí. ¡Y soy una pésima presidenta!». Lo único que puedo decir, y puedes decírselo a tu mujer, es que a Meryl Streep le encantó y se lo pasó en grande interpretando ese papel. Y para mí eso es lo mejor.
La debilidad de los políticos: un fragmento de No mires arriba
Janie Orlean, presidenta (Meryl Streep): No puedes andar diciéndole a la gente que hay un 100 % de probabilidades de que vaya a morir. (Ríe) Ya sabes, es una locura. Y deberíamos hacer que algunos de nuestros científicos se ocuparan de esto, ¿sabes? Sin ánimo de ofender, pero ustedes son solo dos personas que entraron aquí con...
Teddy Oglethorpe, director de defensa planetaria de la NASA (Rob Morgan): El doctor Oglethorpe.
Presidenta Orlean: El doctor Ogilvy, sí.
Robin Pomeroy: La preocupación por el cambio climático te quitaba el sueño; te angustiaba. Hiciste lo que haces: no preparar sándwiches, sino películas. Hiciste una película sobre el cambio climático o, en sentido metafórico, supongo, sobre el cambio climático. ¿Ya está? ¿Has terminado tu trabajo? ¿Has exorcizado tu angustia climática o todavía te desvela? ¿Qué más podrías hacer al respecto?
Adam McKay: Sí, creo que ya terminé. Creo que hice todo lo que podía. Construí, a falta de un término mejor, una fortaleza en la montaña, en los Andes, con varias pistas de tenis y de squash y canchas de baloncesto. Voy a subir allí con mis 14 hijos, mis siete nietos, mi descendencia, como la llamo. Y voy a... ya sabes, asar bistecs. (Ríe). No, no. Desde luego que no he terminado. Va a ser algo largo; requerirá que cada persona aporte su granito de arena. El otro día leí algo de un grupo llamado Climate Analytics que elabora modelos sobre el cambio de temperatura. Decían que para 2030, dentro de ocho años, la mitad de nuestros días serán episodios de calor que ocurren una vez cada 100 años. [El informe dice: «temperaturas medias anuales que en la época preindustrial solo se habrían experimentado una vez cada 100 años, y que ahora se producen cada dos años].
Esta es una de esas noticias que leí y que no vi en los medios principales. No dejaba de comprobarla: ¿es fiable? Hablé con algunos científicos que conocemos y me dijeron: «Sí, es fiable». Y pensé: Dios mío, ¿entendemos lo que eso le hará a la red eléctrica, con los episodios de temperatura de bulbo húmedo? Es inimaginable. Así que irá a más y más. Aún creo que mucha gente piensa que es «un problema», en vez de verlo como una sombra abrumadora que cubre todos los demás problemas, pero eso cambiará en los próximos años.
Robin Pomeroy: ¿Puedo preguntarte algo? Me interesa el mundo de los pódcast y sé que tienes algo de experiencia. ¿Hay pódcast que te encanten y recomiendes? Acabo de escuchar el pódcast sobre la realización de la película, llamado La última película jamás hecha, que es muy divertido porque cuenta cómo pudiste hacer una película tan enorme durante el confinamiento. ¿Qué pódcast escuchas, te encantan y recomendarías?
Adam McKay: Soy un adicto a los pódcast. Mi mujer se burla de mí porque todas las noches me duermo escuchando uno. Durante la pandemia hice un pódcast. Hice uno llamado Muerte en la banda. Es muy interesante: hay algo extraño en la NBA, donde varios jugadores jóvenes murieron en los años 80 y 90, y eso coincidió con un cambio político en nuestro país. Es casi como una historia de Adam Curtis, pero sobre baloncesto. Estoy muy orgulloso de él. Me encanta. Así que ahí tienen la promoción de algo que he hecho.
Pero el que me encanta se llama La caída de las civilizaciones. ¿Lo conoces? Lo hace un historiador, creo que del Reino Unido; creo que su apellido es Cooper. Es increíble. Repasa civilizaciones fascinantes, como el Imperio jemer y el Imperio bizantino, y sigue su trayectoria. Empieza descubriendo sus ruinas y luego cuenta toda la historia de cómo surgieron y por qué se desmoronaron. No me canso de escucharlo. Estaba hablando con el cineasta Barry Jenkins en una proyección que hicimos; lo mencioné de pasada y Barry dijo: «¿Me estás tomando el pelo? Es el mejor pódcast de la historia». Me encanta. También escucho, creo, uno de los mejores programas de Estados Unidos. Se llama The Dan Le Batard Show, y en teoría es un programa deportivo, pero habla de raza, política e historia. Y luego es disparatado y divertido. No hay ningún programa como ese. Así que esos dos están ahora mismo entre mis prioridades. Pero me encantan los pódcasts.
Robin Pomeroy: Los escucharé. Última pregunta absurda de todas. Y no sé si siquiera sabrás de qué estoy hablando. Bob Monkhouse? Al principio de la película hay un chiste de un cómico que supongo que la mayoría de los espectadores de Netflix nunca han oído nombrar. Los ingleses o británicos de mi generación conocerán muy bien ese nombre. Pero es el último cómico al que esperaba ver citado en una película de Hollywood. ¿Cómo llegó Bob Monkhouse a No mires arriba?
«Quiero morir plácidamente mientras duermo, como mi abuelo... y no gritando de terror como sus pasajeros». Ese era el chiste. Y pensé: bueno, esa es toda la película.
Adam McKay: Sabes, fue gracioso. Encontré esa cita. Y se le atribuía a un amigo mío, Jack Handey, uno de los mejores guionistas de comedia de todos los tiempos. Escribió Deep Thoughts, Toonces the Driving Cat, Unfrozen Caveman Lawyer. Sencillamente, uno de los mejores guionistas de comedia de la historia, y una persona encantadora, encantadora. En internet se le atribuía por todas partes. Vi la cita en 40 sitios distintos y pensé: bueno, esto es genial, porque me parecía perfecta para abrir la película. ¿Recuerdas el chiste?
Robin Pomeroy: ¿Recuerdas el chiste? ¿Podrías contárnoslo?
Adam McKay: Ah, sí, claro. «Quiero morir plácidamente mientras duermo, como mi abuelo... y no gritando de terror como sus pasajeros». Ese era el chiste. Y pensé: bueno, esa es toda la película. Así que pensé: qué genial. Luego recibí una carta de Jack Handey en la que decía: «Yo no escribí eso». Así que tuvimos que emprender una gran búsqueda, que dirigió nuestro productor, Kevin Messick. Al final quedaron dos cómicos. Había un tipo llamado Mike Lee en Estados Unidos y luego estaba Monkhouse aquí, en el Reino Unido. Así que tuvimos que investigar a fondo, y Netflix dijo: «Parece que es Monkhouse. Lo más probable es que sea Monkhouse». Así que dije: «De acuerdo, atribuyámoselo a él». Pero cambiamos ese crédito. La película se estrenó con Jack Handey como autor de la cita, y lo bueno del streaming es que pudimos cambiarlo sin más. Jack Handey quedó contento y, espero, el patrimonio de Monkhouse también esté orgulloso.
Robin Pomeroy: Estoy seguro de que sí. Quiero decir, hay muchísimo en la película. Esa es solo una curiosidad. Ha sido un auténtico placer y un privilegio conocerte. Gracias por acompañarnos en Radio Davos. Adam McKay,
Adam McKay: Muchas gracias por invitarme. Ha sido un placer.
Pódcasts relacionados:
Encuentra todos nuestros pódcasts aquí.
Suscríbete: Radio Davos; Meet the Leader; Book Club; Agenda Dialogues.
Únete al World Economic Forum Podcast Club en Facebook.