Los esfuerzos para salvar el planeta deben empezar por la Antártida

Penguins come ashore in Neko Harbour, Antarctica, February 16, 2018. REUTERS/Alexandre Meneghini
The ocean surrounding Antarctica contains a distinctive array of marine life.Image: REUTERS/Alexandre Meneghini
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«Confío en que la Antártida, con su simbólico manto blanco, brille como un continente de paz, al tiempo que las naciones que trabajan juntas allí por la ciencia den ejemplo de cooperación internacional».

Estas palabras del oficial naval estadounidense y explorador polar Richard E. Byrd, pronunciadas en 1957, están hoy grabadas en el Monumento Byrd, en la base estadounidense McMurdo, en la Antártida.

Dos años después, en plena Guerra Fría y con la amenaza de un holocausto nuclear acechando, la Antártida se ganó un lugar en los libros de historia y se convirtió en este símbolo de cooperación internacional.

Argentina, Australia, Bélgica, Chile, Francia, Japón, Nueva Zelanda, Noruega, Sudáfrica, la Unión Soviética, el Reino Unido y Estados Unidos se unieron y consagraron el continente a la paz y la ciencia mediante la firma del Tratado Antártico. Congeló las reivindicaciones territoriales, desmilitarizó la zona y estableció la cooperación pacífica y la libertad para la investigación científica.

El Tratado Antártico y sus instrumentos conexos son un símbolo decisivo del poder del multilateralismo y de la buena gobernanza que es posible alcanzar incluso en momentos de intensa tensión política.

Muchos de sus principios se han incorporado al conjunto más amplio de la gobernanza y el derecho mundiales, y allanó el camino para el desarrollo de otros instrumentos internacionales, como la Comisión para la Conservación de los Recursos Vivos Marinos Antárticos (CCRVMA), que tiene como objetivo la protección de la vida silvestre oceánica del continente.

También ha permitido llevar a cabo una gran cantidad de investigaciones multinacionales que han aportado conocimientos de enorme importancia sobre nuestro planeta en transformación.

Amenazas a la AntártidaImage: WWF

La Antártida es un continente cubierto de hielo y nieve. Su hielo contiene el 70 % del agua dulce del planeta, y el océano que rodea la Antártida alberga una variada gama de vida marina, como corales, cangrejos, ballenas, focas y pingüinos.

Las algas microscópicas y pequeñas criaturas similares a camarones –el krill– sirven de alimento a todo el ecosistema. Las poderosas corrientes que circulan alrededor de la Antártida concentran nutrientes y renuevan las aguas antes de dispersarse para alimentar al océano a escala mundial.

Aunque el océano Austral pueda encontrarse en la parte inferior del planeta (desde la perspectiva del hemisferio norte), se encuentra en pleno centro de este. Si queremos restablecer la salud del océano y del planeta, ese es el punto de partida.

En 2019 se cumple el 60.º aniversario de este histórico Tratado Antártico. En estos tiempos turbulentos, como en 1959, nos enfrentamos a otra emergencia mundial: la crisis climática y la destrucción de la biodiversidad.

Aunque la Antártida pueda parecer tan vasta, poderosa y remota, también es frágil. Se perciben los efectos de la actividad humana, y también está en primera línea de la crisis climática y la pérdida de biodiversidad.

Las señales de alarma son claras: el deshielo del hielo marino antártico se ha triplicado en los últimos cinco años; la pesca industrial de krill amenaza la fauna de la región; desde hace tres años casi no han nacido pingüinos emperador en la segunda colonia de cría más grande de la Antártida; existe un mayor riesgo de que especies invasoras crucen la última frontera de las invasiones biológicas marinas, debido a un aumento de diez veces del tráfico marítimo antártico desde la década de 1960. Necesitamos liderazgo para proteger esta región prístina.

Del 1 al 11 de julio, las partes se reunirán en la XLII Reunión Consultiva del Tratado Antártico, en Praga. Esta reunión será una oportunidad para que los miembros del Tratado Antártico envíen un mensaje firme a la CCRVMA, antes de su reunión de octubre, sobre la importancia de adoptar ya medidas de protección marina.

El año pasado, los 25 miembros (24 países y la Unión Europea) del organismo oceánico de la Antártida (CCRVMA) no lograron alcanzar un consenso sobre una mayor protección de los océanos. Hay tres propuestas de áreas marinas protegidas sobre la mesa: en la Antártida Oriental (950 000 km²), el mar de Weddell (1,8 millones de km²) y la península Antártica (450 000 km²).

El avance se ve frenado por unas pocas naciones poderosas, aunque todos los miembros de la CCRVMA acordaron desarrollar una red integral de áreas marinas protegidas (AMP) en el océano Austral para 2012. Hasta la fecha, solo se han creado dos AMP: alrededor de las islas Orcadas del Sur en 2009, y la mayor reserva marina del mundo, el AMP del mar de Ross, en 2016.

La protección del océano Austral debe intensificarse. Esta es la misión de nuestro grupo Antarctica2020, que pide que más de 7 millones de km² del océano Austral estén protegidos para 2020.

Solo el 4,8 % de nuestro océano mundial se encuentra actualmente protegido, de los cuales solo el 2,2 % está totalmente protegido. La ciencia nos indica que debemos aumentar la protección oceánica al menos al 30 % para 2030. Hacer realidad estas propuestas de AMP en la región daría un impulso importante a la protección de los océanos y a los esfuerzos mundiales para combatir la crisis climática y la pérdida de biodiversidad.

El marco de gobernanza está establecido, el imperativo científico es claro y los gobiernos responsables han acordado crear una red de AMP en la región. Solo la voluntad política se interpone en el camino.

Pese a las enormes tensiones de plena Guerra Fría en 1959, las naciones lograron consagrar esta área a la paz y la ciencia. ¿Podrá el mundo volver a unirse para trabajar en una mayor protección de la Antártida en beneficio de todos? Como nunca antes, existe conciencia de la urgencia de hacerlo. Nunca habrá un momento mejor para actuar. Sería un regalo perfecto para el 60.º cumpleaños de la Antártida y un regalo de esperanza para el futuro de la humanidad.

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