La diplomacia y el diseño son tanto ciencia como arte: profesiones técnicas que se atienen a las reglas de la política y la física, pero celebran el carisma y la creatividad. Rara vez conversan entre sí estas dos disciplinas, que carecen de un lenguaje y unas instituciones comunes. Sin embargo, diplomáticos y diseñadores abordan cada vez más las mismas preguntas y desafíos, desde el terrorismo hasta el desarrollo sostenible y el cambio climático.
El Acuerdo de París sobre el cambio climático fue negociado durante años por destacados diplomáticos de todo el mundo, entre ellos Jonathan Pershing, exenviado especial para el Cambio Climático del Departamento de Estado de EE. UU. y principal negociador estadounidense ante la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático, y actualmente director del Programa de Medio Ambiente de la Fundación Hewlett.
El acuerdo debe ser aplicado no solo por los Estados nación, sino también por el sector privado, las ciudades y los diseñadores del entorno construido en estudios como el de San Francisco Future Cities Lab, cofundado y dirigido por Jason Kelly Johnson y Nataly Gattegno. Gattegno también preside los Programas de Posgrado en Arquitectura de California College of the Arts en San Francisco, donde Johson forma parte del cuerpo docente.
Juntos, conversamos sobre cómo conciben el cambio climático los diplomáticos y diseñadores, la importancia de crear prototipos y cómo actuar de forma «hiperlocal».
IAN KLAUS: ¿Cómo evalúan los diseñadores y los diplomáticos las tendencias mundiales?
NATALY GATTEGNO: En cierto modo, la necesidad de certificar cada edificio con algún sello de aprobación ambiental —esas certificaciones son casi un requisito básico para cosas que ya deberíamos estar haciendo—. También nos preguntamos qué ocurre más allá de la mitigación del cambio climático y la adaptación a este, por ejemplo, qué sucede después de la subida del nivel del mar. Sabemos que el cambio climático va a ocurrir. Cuando ocurra, ¿cómo podemos prosperar en esa situación? Nuestra práctica de diseño especulativo, el proyecto Hydramax, por ejemplo, explora ese tipo de escenario posterior a la subida del nivel del mar en San Francisco. ¿Cómo podemos prosperar en un escenario más distópico?
IK: Jonathan, trabajaste muy de cerca, obviamente, en el objetivo más famoso del ámbito climático, el objetivo de 2 °C.
JONATHAN PERSHING: El objetivo que fijamos es, de hecho, mantener el aumento de la temperatura media mundial por debajo de dos grados. Parece una cifra muy pequeña, pero uno de los problemas que solemos tener al hablar de este tema es que, en cualquier situación, es probable que la temperatura fluctúe mucho más de 2 °C a lo largo de un día. Así que, si lo piensas, ese objetivo parece absurdamente pequeño. Por eso, la comunicación resulta ser uno de los mayores problemas.
Lo primero que hacemos es ver qué tipo de agenda tenemos y qué objetivo a largo plazo buscamos. Lo hacemos examinando los daños y el impacto. Nos preocupan los daños por inundaciones en las zonas costeras y la intensidad de los huracanes, como hemos visto sin duda en esta última temporada de huracanes. Ese tipo de daños parece ser más frecuente —mucho más frecuente— cuando el calentamiento supera aproximadamente los 2 °C. Así que eso se convirtió en una especie de métrica, una señal, si se quiere, una manera de caracterizar los daños que no queríamos superar.
Si eres un pequeño Estado insular y vives en un país cuya elevación máxima sobre el nivel del mar es de apenas tres pies, por ejemplo, una isla del Pacífico, cualquier cambio climático da muchísimo miedo. En el otro extremo, si tu país vive de producir petróleo, consideras que todo tu PIB depende de tu capacidad para exportarlo. En realidad, no quieres que la gente reduzca demasiado el consumo de petróleo, porque eso no le conviene a tu PIB. Así que defenderás una agenda muy distinta. Y el objetivo de la comunidad diplomática es conciliar esos puntos de vista divergentes con la ciencia, la economía y la política.
IK: El Acuerdo de París se firmó entre países, pero también hace referencia explícita a otros «actores». ¿Cómo conciben las alianzas fuera de su disciplina habitual? ¿A dónde acuden para establecer, por ejemplo, un lenguaje común?

JP: Intentamos hacerlo en todos los ámbitos y de muchas maneras distintas. En primer lugar, el propio Gobierno cuenta con un grupo muy multidisciplinario del que procura valerse. Por ejemplo, trabajé en el Departamento de Estado, pero en mi equipo había personas del Departamento de Energía con conocimientos técnicos sobre energía, personas de la Agencia de Protección Ambiental con esa especialidad y gente del Departamento de Comercio con experiencia en comercio. En segundo lugar, solíamos organizar sesiones y reuniones periódicas. Invitábamos a académicos y a socios internacionales. Teníamos toda una serie de actividades para reunir tanta información como pudiéramos. Y, en tercer lugar, estábamos llevando a cabo esta gran negociación, y cualquiera que tuviera interés en ella nos buscaba.
NG: En el ámbito del diseño, partimos de la premisa de que diseñar implica incorporar múltiples perspectivas y fuentes distintas para colaborar. En nuestro caso, hemos trabajado con campos afines, como la ingeniería, la ingeniería climática y la biología. También hemos colaborado con biólogos marinos para entender cómo cambian la flora y la fauna de nuestro entorno y cómo responder a esos cambios desde el diseño.
Me ha encantado escuchar a Jonathan: es como un gran paraguas bajo el que puedes contar con quien necesites. En el ámbito del diseño, nos encantaría disponer de esos recursos para tener un paraguas más amplio y una reserva de la que poder nutrirnos. Pero en el diseño hay un denominador común interesante —y no lo digo en el sentido de un mínimo común denominador—: hay un diseño concreto sobre la mesa al que todos sienten que pueden aportar.
JASON KELLY JOHNSON: Nataly mencionó antes el proyecto Hydramax. Algunas personas ven ese proyecto y esa idea y piensan que son pura ciencia. Es un edificio que filtra agua, capta energía y cumple funciones muy prácticas. Pero también ayudará a San Francisco a hacer frente a la subida del nivel del mar dentro de treinta años. Además, es un parque. También busca fomentar la cohesión comunitaria como parte de una agenda social más amplia.
Una de nuestras ideas es incorporar a la gente a la conversación sobre infraestructura para que empiece a entenderla no solo como un problema científico o de ingeniería, sino también como un problema social, cultural y ecológico. Tenemos la costumbre de no rodearnos únicamente de arquitectos. Eso no significa necesariamente que haya que reunir a expertos todo el tiempo. Creo que es muy valioso empezar a ampliar el círculo e incorporar a personas de distintas edades.
JP: Una de las cosas que me han llamado la atención del enfoque de Jason, y que también parece ser un hilo conductor de nuestro trabajo, es que todos trabajamos con plazos distintos.
NG: Sí.
JP: Uno de esos plazos corresponde al proceso formal de desarrollo del proyecto. En tu caso, es el edificio o la renovación de una manzana. En el nuestro, es el acuerdo más amplio. Pero dentro de eso hay toda una serie de elementos secundarios que involucran a distintas comunidades de práctica. Me llama la atención la coincidencia con la forma en que lo planteaste. Por ejemplo, cerramos un acuerdo. Celebramos una gran reunión y de ella surge algo. Luego tenemos que volver a casa y, básicamente, salir a acercarnos a la comunidad. Ustedes elaboran el plan y, una vez terminado, tienen que salir a contarle a la comunidad lo que van a hacer, para que pueda respaldarlo o exigirles que lo cambien.
NG: Me encanta cómo lo llamaste: «comunidades de práctica». Me parece una forma interesante de pensar en estas alianzas y colaboraciones, casi como pequeños remolinos y ramificaciones que se llevan las ideas y luego las traen de vuelta para recibir comentarios.
IK: No es la parte fácil, pero lo natural en un acuerdo internacional es pensar desde una perspectiva geopolítica. En cambio, Nataly y Jason, sobre todo cuando se acercan a una comunidad concreta de una ciudad, trabajan en un ámbito muy localizado. Pero, por supuesto, para abordar el problema del que hablamos, los acuerdos internacionales deben aplicarse localmente en todo el mundo.
JP: Sin duda lo veo en las negociaciones sobre el cambio climático: se va y viene, y se manifiesta de manera algo distinta en cada localidad. En Estados Unidos se debate ahora cuánta importancia debe darse al cambio climático en la agenda. Pero el debate no se desarrolla a escala macro, sino localmente. Si estoy en una manzana de Texas que se está inundando por el huracán Harvey, mi perspectiva sobre lo que me importa hoy es muy distinta. Probablemente se parece más a lo que me habría ocurrido con Sandy en Nueva York o Katrina en Nueva Orleans que a mi situación si viviera en Denver, donde me preocuparían los incendios forestales. Puede haber comunidades de práctica en lugares distantes que hayan vivido exactamente la misma experiencia.
JKJ: Creo que ese ir y venir nos resulta sumamente interesante. Estamos sobre el terreno. Intentamos entender qué ocurre a escala mundial y, por supuesto, seguirlo de cerca. Nuestro mayor desafío es cómo trasladarlo a la vida cotidiana. ¿Cómo hacerlo de manera práctica cuando eres diseñador, tienes un presupuesto y tratas de sacar adelante el trabajo de cada día?
NG: Hay, por así decirlo, trayectorias y aspiraciones globales, pero también existe una especie de microclima hiperlocal, muy específico de un lugar y un barrio determinados. Así que hemos estado lidiando con una escala que va de lo local a lo hiperlocal, sin perder de vista los parámetros globales. Hoy podemos ajustar prácticamente cualquier aspecto del entorno construido con una precisión extraordinaria, y eso plantea un desafío interesante. Pero también retoma lo que decía Jonathan y lo desglosa aún más, con un enfoque local y comunitario.
JP: Me llaman la atención los distintos niveles en los que trabaja la gente. Por lo que entiendo del mundo de la arquitectura y el diseño, se han desarrollado buenas prácticas que conforman un corpus de trabajo que abarca siglos. ¿Cómo se diseña una ciudad? ¿Cómo se hace que sea transitable a pie? Y dentro de eso, las operaciones son muy específicas, detalladas y locales. Creo que la diplomacia climática está al comienzo de ese proceso. Intentamos diseñar las buenas prácticas. Todo eso tendrá que traducirse en acciones concretas, y serán los diseñadores quienes las lleven a cabo. Tenemos que reducir las emisiones: de acuerdo, ¿cómo construyo mi edificio en el lugar donde estoy para emitir menos? Pero esas decisiones se basan en el corpus de prácticas de la arquitectura. Mi recomendación se basa en el corpus de prácticas que estamos desarrollando para hacer frente al cambio climático.
JKJ: En nuestra disciplina hay ideas más amplias: por ejemplo, todos entendemos que hay que promover la densidad y ofrecer muchas maneras de desplazarse por una ciudad. Un desafío adicional es incorporar esas ideas a nuestra práctica y examinar nuestros propios proyectos de diseño, de pequeña escala. En realidad, trabajas en todas estas escalas. Resulta asombroso pensar que las abarcas todas, pero no ocurre muy a menudo. Es bastante complicado.
NG: Es casi como si esta conversación estuviera cortocircuitando esas escalas. Jason y yo trabajamos en lo minucioso, a pequeña escala, mientras que Jonathan trabaja en la gran escala de las políticas. Y una conversación como esta cortocircuita ese ciclo, por así decirlo, y plantea esta pregunta: si pudieras saltar de lo global a lo hiperlocal y viceversa, ¿qué oportunidades surgen al alterar así el sistema?
JP: Creo que es así. También me sorprende cuánto aprendo de estas conversaciones hiperlocales. En cierto modo, se podría pensar que trabajamos con el sistema únicamente para establecer el marco general de las negociaciones climáticas, pero en realidad este se compone de información anecdótica que recopilamos, y esa información cambia el resultado mundial.
IK: Traducir lo que hacen para que lo entiendan comunidades más amplias es un desafío para todos los expertos, ya sea volver con un acuerdo y tener que explicarlo a distintas comunidades, o explicar los límites y las tradiciones de la práctica arquitectónica y del diseño a comunidades que no conciben el diseño de esa manera. ¿Cómo lo abordan?
JKJ: Nataly y yo estamos trabajando en una cubierta escultórica al aire libre para conciertos, en el centro de San José. Se llama Levitt Pavilion. Como diseñadores de este pabellón, nos corresponde volver a reunirnos con las partes interesadas y con la comunidad para escuchar sus comentarios. Luego intentamos incorporarlos al ciclo general y asegurarnos de que los valores de la comunidad y los nuestros empiecen a coincidir. Una vez más, tenemos una intención de diseño. Queremos que sea una obra arquitectónica bella y poderosa, pero también queremos tener en cuenta estas múltiples escalas: la de algo como el Acuerdo de París y la del centro de San José.
NG: Otra forma de difundir esa información es mediante una serie de prototipos e instalaciones de prueba. Por eso hacemos mucho arte público en espacios públicos, precisamente para poner a prueba algunas ideas. A través de nuestras obras de arte público, intentamos propiciar conversaciones a una escala mucho menor, en esos mismos espacios.
JP: Me intriga, por un lado, cuántas similitudes hay y, por otro, cuán distintos pueden ser estos campos. Una de las dificultades de la diplomacia es que sus resultados no son tan tangibles como un edificio, una estructura o una obra de arte. Así que en nuestro ámbito intentamos comunicar por qué debería importar. Y a veces no se trata de por qué te importa a ti, sino de por qué podría importar a la próxima generación, dentro de 10, 20 o 30 años, y por qué tú, hoy, deberías preocuparte por esa agenda.
En ese sentido, hacemos algunas de las mismas cosas. A veces creamos prototipos. Decimos: «Imagina el siguiente escenario», y la gente lo representa. Últimamente se ha intentado incorporar a grupos algo distintos. ¿Podemos pedir a diseñadores o pintores que representen la idea mediante las artes gráficas o, como hacen ustedes, en edificios? Cada vez más, eso llega a otro sector de la comunidad. Creo que, desde el ámbito del cambio climático, intentamos impulsar una iniciativa colectiva porque la gente responde de muchas maneras distintas y este problema tiene muchas dimensiones.
Me parece interesante pensar en el problema desde la perspectiva de estos enfoques interdisciplinarios. También me interesaría seguir conversando sobre cómo pueden vincularse las cuestiones de diseño con la escala mundial y volver luego a la escala local.





