La crisis climática afecta negativamente a la salud mental, lo que a su vez reduce nuestra capacidad para llevar a cabo los cambios necesarios para lograr un planeta sostenible.
En la COP27, la cuestión de la resiliencia humana se integrará en la iniciativa de las Naciones Unidas Carrera hacia la Resiliencia.
El grupo COP2 (Cuidado de las Personas y del Planeta) de organizaciones dedicadas al clima y la salud mental colabora para recomendar medidas de salud mental a los países como parte de su respuesta climática.
El Acuerdo de París de las Naciones Unidas, cuyo objetivo es mantener el calentamiento global muy por debajo de 2 °C con respecto a los niveles preindustriales —y los marcos jurídicos, financieros y de implementación que se derivan de él— significa que, colectivamente, sabemos qué hace falta y para cuándo a fin de crear un planeta sostenible.
Lo que aún no tenemos es un plan mundial para la resiliencia de las personas, incluidas las casi 4.000 millones de personas que viven en comunidades más vulnerables a los efectos de la crisis climática.
Esta es una carencia crítica. No solo por las crecientes pruebas del impacto del cambio climático en nuestra salud mental, sino también por el efecto que la mala salud mental tiene en nuestra capacidad colectiva para adaptarnos, transformarnos e impulsar los cambios de los que ahora depende un planeta sostenible.
El Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC) señaló en su sexto informe que «los ecosistemas saludables son más resilientes al cambio climático». Esto se aplica tanto a los ecosistemas naturales como a los ecosistemas humanos y sociales.
No invertir en los sistemas comunitarios y nacionales que fortalecen la salud mental y la resiliencia emocional puede crear un círculo vicioso: las personas tienen menos capacidad para afrontar y adaptarse a los efectos del cambio climático y, por tanto, se vuelven cada vez más vulnerables y menos resilientes ante nuevos efectos negativos.
En su más reciente Informe sobre Desarrollo Humano, el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) describe este cambio de paradigma y explica que «el bienestar mental está bajo asedio» hasta un grado que amenaza las perspectivas de sociedades pacíficas y cohesionadas, y de un desarrollo humano capaz de afrontar la incertidumbre y los desafíos del Antropoceno.
La creciente carga de la mala salud mental
La Organización Mundial de la Salud (OMS) define la salud mental como nuestra capacidad para afrontar las tensiones de la vida, desarrollar nuestras capacidades, aprender y trabajar bien, y contribuir a nuestras comunidades.
A pesar de la importancia de la salud mental para nuestro bienestar general, nuestra productividad y nuestra capacidad para desenvolvernos en un mundo complejo y en rápida transformación, sigue existiendo una grave brecha entre las necesidades de salud mental y la prestación de apoyo.
La OMS, en su Informe mundial sobre salud mental de 2022, concluye que «la mayoría de las sociedades y de los sistemas de salud y sociales desatienden la salud mental y no proporcionan la atención y el apoyo que las personas necesitan…».
La OMS también señaló que casi mil millones de personas en todo el mundo padecen un trastorno de salud mental; de ellas, el 80 % vive en países de ingresos bajos y medianos, donde más del 75 % no recibirá ningún tratamiento.
Esta situación es especialmente crónica entre niños y adolescentes, para quienes el personal especializado es «casi inexistente», pese a que el 50 % de todos los trastornos de salud mental comienza antes de los 14 años. La OMS prevé que, en la próxima década, la depresión impondrá a los países una carga mayor que cualquier otra enfermedad.
La conexión entre el clima y la salud mental
Para agravar la crisis mundial de salud mental que ya existe, en febrero de 2022, el IPCC informó con «un grado de confianza muy alto» que se espera que los efectos del cambio climático «amenacen aún más la salud mental». Citó «la exposición a altas temperaturas, los fenómenos meteorológicos extremos, los desplazamientos, la malnutrición, los conflictos, las pérdidas económicas y sociales relacionadas con el clima, y la ansiedad y la angustia asociadas a la preocupación por el cambio climático».
El IPCC señala que quienes corren más riesgo son los niños y adolescentes, en particular las niñas, las personas mayores y quienes ya enfrentan problemas de salud mental, física o médica.
Las conclusiones del IPCC reflejan el creciente conjunto de investigaciones sobre los efectos de la crisis climática en la salud mental, así como el aumento de la inversión en la ciencia que sustenta las intervenciones que están demostrando ser más eficaces para beneficiar tanto a las personas como al planeta.
Wellcomeencabezará en 2023 un importante esfuerzo para comprender y ayudar a consolidar esta investigación mundial. Para ello, identificará oportunidades para traducir la investigación sobre el cambio climático y la salud mental en políticas y acciones, y respaldar la labor de incidencia con datos y ciencia.
Es necesario tener en cuenta el lado humano del cambio climático
En todo el mundo, tanto expertos como activistas reconocen cada vez más la importancia de tener en cuenta el lado humano del cambio climático. En respuesta a este impulso creciente, se ha puesto en marcha una iniciativa para reunir y coordinar acciones.
COP2 (Cuidado de las Personas y del Planeta)es una red mundial de más de 250 organizaciones, entre ellas expertos en clima y salud mental, innovadores en sistemas, redes juveniles, profesionales de la sostenibilidad y el bienestar, líderes comunitarios e investigadores.
Esta red trabaja conjuntamente para integrar la salud mental en las iniciativas y compromisos climáticos existentes y, en la COP27, unirá fuerzas con la iniciativa Carrera hacia la Resiliencia, un esfuerzo dirigido por la Oficina de los Campeones de Alto Nivel de la CMNUCC para apoyar las iniciativas de adaptación de los miles de millones de personas que viven en comunidades más vulnerables a los efectos de la crisis climática.
La OMS, que se ha sumado a la iniciativa COP2 en calidad de observadora, destacó recientemente varias medidas que los países ya pueden adoptar para fortalecer la resiliencia y responder a los efectos negativos de la crisis climática en la salud mental.
Cuidar a las personas para cuidar el planeta
Mantener un tejido social sólido para las personas es fundamental para que, individual y colectivamente, podamos afrontar los próximos años de perturbaciones y traumas provocados por el clima.
Sin duda, la crisis climática afectará a nuestra salud mental. Pero aún está en nuestras manos decidir qué tan bien nos preparamos para afrontar la situación y hacerle frente.
Los sistemas que establezcamos ahora para proteger y fortalecer nuestra salud mental influirán profundamente en nuestro futuro y en nuestra capacidad colectiva para sostener la vida. Las personas y el planeta son inseparables. Es hora de abordar juntos los problemas que afectan a ambos.






