La COP26 dio lugar a un acuerdo de 10 páginas conocido como Pacto de Glasgow, que traza la siguiente etapa de la lucha mundial contra el cambio climático.
De la reunión se desprenden muchas conclusiones clave, como que los países económicamente más desarrollados no apoyaron a los países menos desarrollados.
Ahora todos los países tienen la responsabilidad de cumplir sus promesas.
La COP26, la mayor cumbre sobre el cambio climático de los últimos cinco años, concluyó en Glasgow el 13 de noviembre. El acuerdo que produjo —10 páginas conocidas como el Pacto de Glasgow, que trazan la siguiente etapa de la lucha mundial contra el cambio climático— decepcionó a muchos activistas, pero aun así representa un avance en cuestiones clave.
Este pacto da seguimiento al Acuerdo de París de 2015 y no modifica su estructura básica: el acuerdo en sí no es jurídicamente vinculante, pero exige que cada signatario —que ahora incluye a todos los países del mundo— elabore sus propias leyes y políticas nacionales para reducir las emisiones. Todo lo que contiene el pacto es voluntario —las palabras «insta» y «solicita» aparecen con frecuencia—, pero, como requirió el consentimiento unánime, los países quedan registrados como comprometidos con sus directrices y deben esperar que otros países y grupos de la sociedad civil examinen su actuación antes de la COP27 del próximo año en Egipto si no las cumplen.
Cada palabra se negoció minuciosamente y dependía de todas las demás; los delegados suelen comparar la diplomacia climática con una partida de ajedrez tridimensional. Estas son algunas de las líneas más importantes, en el orden en que aparecen.
Los compromisos informales cobran protagonismo
Expresa su agradecimiento a los jefes de Estado y de Gobierno que participaron en la Cumbre de Líderes Mundiales en Glasgow, por los objetivos más ambiciosos y las medidas anunciadas, y por los compromisos asumidos para trabajar conjuntamente y con las partes interesadas ajenas a la Convención, a fin de acelerar la acción sectorial de aquí a 2030.
En cada COP, entidades de los sectores público y privado (ajenas a la Convención) asumen diversos compromisos relacionados con el clima, algunos más serios e impactantes que otros. Sin embargo, la COP26 destacó especialmente por la avalancha de estos compromisos, que técnicamente quedan fuera de la estructura formal del acuerdo. Entre ellos figuran promesas de algunos países de frenar la deforestación, reducir el consumo de carbón y eliminar la financiación de proyectos de combustibles fósiles mediante ayuda exterior, entre otras. Por un lado, reconocer estos compromisos en el pacto recompensa a las entidades que los asumieron. Por otro, advierten algunos grupos ambientalistas, la referencia a compromisos informales y no vinculantes les confiere una apariencia de formalidad injustificada, pese a que no hay forma de exigir que rindan cuentas por ellos.
Los países deberían volver el próximo año con compromisos más ambiciosos
Solicita a las Partes que revisen y refuercen, según sea necesario, los objetivos para 2030 incluidos en sus contribuciones determinadas a nivel nacional, a fin de ajustarlos al objetivo de temperatura del Acuerdo de París antes de que termine 2022, teniendo en cuenta las diferentes circunstancias nacionales.
El núcleo del Acuerdo de París es un concepto llamado «mecanismo de trinquete»: en esencia, exige que los países actualicen periódicamente sus planes climáticos nacionales con objetivos más ambiciosos. El plazo original para estas actualizaciones es de cinco años, pero, dada la velocidad de la crisis climática, muchos países en desarrollo presionaron para que el mecanismo se activara cada año. Incluir una referencia al año 2022 fue una gran victoria en Glasgow para este grupo, aunque el Pacto no aclara qué debería ocurrir después.
Eliminación gradual de los combustibles fósiles
Exhorta a las Partes a acelerar el desarrollo, el despliegue y la difusión de tecnologías, así como la adopción de políticas, para avanzar hacia sistemas energéticos con bajas emisiones, entre otras cosas, ampliando rápidamente el despliegue de la generación de energía limpia y las medidas de eficiencia energética, y acelerando los esfuerzos para reducir gradualmente la generación de energía con carbón sin medidas de reducción de emisiones y las subvenciones ineficientes a los combustibles fósiles, reconociendo la necesidad de apoyar una transición justa.
El pacto es la primera vez en casi tres décadas de negociaciones climáticas mundiales que se mencionan expresamente las palabras «combustibles fósiles» o «carbón» en un documento de este tipo. Los primeros borradores del pacto eran aún más contundentes: omitían las palabras «sin medidas de reducción de emisiones» e «ineficientes». Y, en uno de los momentos más dramáticos de la COP, la delegación de la India cambió «eliminación gradual» por «reducción gradual» en el último momento posible. Aun así, el hecho de que importantes exportadores de combustibles fósiles, como Arabia Saudita, aprobaran una formulación dirigida a los combustibles fósiles representa un avance histórico.
Señalamiento a los países ricos por la financiación climática
Observa con profunda preocupación que aún no se ha alcanzado el objetivo de que las Partes que son países desarrollados movilicen conjuntamente 100.000 millones de USD al año para 2020, en el contexto de medidas de mitigación significativas y transparencia en la implementación, y celebra los compromisos más ambiciosos asumidos por muchas Partes que son países desarrollados, así como el Plan de Ejecución de la Financiación Climática: Cumplir el objetivo de 100.000 millones de USD, y las acciones colectivas que contiene.
Los países en desarrollo solo aceptaron el Acuerdo de París porque dejaba claro que los países ricos tenían la obligación de ayudarlos a pagar la transición a la energía limpia y a adaptarse a los efectos climáticos. Sin embargo, esos pagos todavía están muy por debajo de lo que deberían ser. La financiación para la adaptación al cambio climático fue uno de los asuntos más polémicos de la COP26 y, aunque los países en desarrollo habrían preferido que se pusiera mucho más dinero sobre la mesa, al menos lograron que se incluyera una condena formal del déficit.
Una pérdida para las «pérdidas y daños»
Insta a las Partes que son países desarrollados, a las entidades encargadas del funcionamiento del Mecanismo Financiero, a las entidades de las Naciones Unidas y las organizaciones intergubernamentales, así como a otras instituciones bilaterales y multilaterales, incluidas las organizaciones no gubernamentales y las fuentes privadas, a que proporcionen un apoyo mayor y adicional a las actividades destinadas a abordar las pérdidas y los daños asociados a los efectos adversos del cambio climático.
Además de la financiación climática habitual, los países en desarrollo también han solicitado repetidamente pagos por «pérdidas y daños»: en esencia, reparaciones de los países ricos por aquellos impactos climáticos a los que no es posible adaptarse, que podrían ascender a cientos de miles de millones de dólares al año. El Acuerdo de París creó un sistema para facilitar la entrega de financiación destinada a pérdidas y daños, pero sigue prácticamente sin fondos ni personal. Que el pacto siquiera mencione las pérdidas y los daños es una victoria, pero ofrece poca orientación adicional sobre cómo hacerla realidad y no aporta dinero nuevo.





