África ha sufrido enormes pérdidas y destrucción como consecuencia del cambio climático, pero el continente produce menos del 4 % de las emisiones de gases de efecto invernadero.
Con África como sede de la COP27, se espera que la atención a las necesidades climáticas del continente ocupe un lugar destacado en la agenda.
Las naciones africanas pueden tener un mayor impacto en la consecución de las emisiones netas cero a nivel mundial si se centran en tres áreas de cambio significativas.
Entre la sequía y la hambruna de este año en el Cuerno de África, las inundaciones catastróficas en Durban y las letales olas de calor en el norte de África, las esperanzas de un continente que lucha contra una crisis climática recaen en la próxima COP27 en Egipto. A medida que nos acercamos a la siguiente COP en suelo africano, es fundamental que los responsables políticos africanos tengan claro el papel del continente en la impulsión de las emisiones globales netas cero de carbono.
África sufre los efectos más destructivos del cambio climático. Sin embargo, el continente produce menos del 4 % de las emisiones de gases de efecto invernadero. Esta contribución tan mínima refleja el hecho de que al menos 75 % de la población mundial sin acceso a la electricidad vive en África subsahariana. Este déficit energético paralizante limita la industria y el desarrollo económico. También contribuye a las emisiones de gases de efecto invernadero a través de impactos que van desde la deforestación para obtener leña para cocinar hasta la contaminación derivada del transporte de materias primas para su fabricación en el extranjero.
COP27: mitigar los riesgos del cambio climático en África
Si bien reducir las emisiones es esencial para las regiones más desarrolladas y contaminantes, las naciones africanas con menores emisiones pueden tener un mayor impacto en las emisiones netas cero globales de carbono, al tiempo que combaten la pobreza mediante el desarrollo económico, centrándose en tres áreas de cambio significativas.
1. Localizar
Localizar el procesamiento y la fabricación en África elimina los envíos contaminantes de los minerales y las materias primas del continente. Estos suelen dirigirse a Asia, para luego ser reenviados como productos terminados a mercados de consumo, principalmente en Europa o América.
Localizar significa reducir de forma notable el déficit energético de África. Las principales necesidades energéticas del continente son para cocinar, y gran parte de la población local depende de la leña para esta necesidad. Como resultado, los vastos sumideros de carbono de África están amenazados por personas que dependen de los bosques para sobrevivir.
La primera prioridad urgente debería ser, entonces, salvaguardar esos sumideros de carbono vitales mediante la provisión de sustitutos, como el gas licuado de petróleo (GLP). Si bien las energías renovables son el objetivo último, el continente necesita, a corto plazo, utilizar sus abundantes reservas de gas natural, en consonancia con la reciente decisión de la Unión Europea de clasificar el gas natural como una forma de energía que puede contribuir a la transición alejándose de combustibles más contaminantes.
Dado que amplias zonas de África ya se encuentran, en la práctica, en emisiones netas cero de carbono, este desarrollo puede lograrse sin menoscabar los objetivos globales de emisiones. Con la creación de empleo y el crecimiento económico resultantes, los países africanos podrán después invertir más en energías renovables para completar la transición final.
La fabricación local de los componentes para la tecnología de energías renovables es el máximo beneficio mutuo para el desarrollo sostenible. África posee la mayor reserva mundial de metales y minerales necesarios para las baterías, incluidos el litio y el cobalto, lo que convierte al continente en un proveedor clave para la transición energética mundial. Estos metales deben extraerse de forma que se reduzca al mínimo la contaminación adicional, mediante técnicas de minería sostenible combinadas con ecosistemas que fomenten centros de producción locales.
2. Reconstruir
La construcción resiliente de defensas oceánicas y fluviales, así como de la agricultura y la infraestructura, contribuirá a desarrollar las economías circulares que impulsan el crecimiento y la creación de empleo.
La reconstrucción de infraestructuras, desde el transporte hasta las redes eléctricas, es crucial. África es la región más expuesta a los estragos del calentamiento global, en gran medida porque sus edificios, carreteras y líneas eléctricas están mal preparados para resistir las perturbaciones climáticas. Sin intervención, el coste de los daños estructurales causados por desastres naturales en África aumentará a 415.000 millones de dólares al año para 2030, frente a los 250.000-300.000 millones de dólares actuales, según la Oficina de las Naciones Unidas para la Reducción del Riesgo de Desastres.
El mundo debe aprender de la devastación causada por fenómenos meteorológicos globales cada vez más extremos —más recientemente, las inundaciones en Pakistán— y aumentar el flujo de financiación para la adaptación y el fortalecimiento de la resiliencia.
3. Finnovar
La innovación financiera es clave para garantizar que África tenga acceso a los fondos climáticos esenciales. Los bonos verdes son un ejemplo. África representa menos del 1 % de las emisiones mundiales de bonos, en gran medida debido a una percepción algo exagerada del riesgo elevado asociado a los emisores del continente y a la consiguiente falta de liquidez. Ya está en marcha una iniciativa para ayudar a disipar las preocupaciones de los inversores. El Mecanismo de Liquidez y Sostenibilidad (LSF) se lanzó en la COP26 de Glasgow para proporcionar a los inversores privados en bonos africanos un mercado de repos viable que impulse la liquidez, equiparando las condiciones con sistemas equivalentes en mercados más desarrollados. Al crear condiciones más equitativas para los bonos verdes africanos, el LSF ayudará a catalizar la inversión privada en iniciativas de sostenibilidad a un coste menor.
El comercio de carbono es otro ejemplo. Actualmente, los contaminadores de los países desarrollados compensan sus emisiones comprando créditos de carbono sobre bosques africanos y otras soluciones basadas en la naturaleza por una cantidad irrisoria en comparación con los costes proyectados de la captura y el almacenamiento de carbono (CAC), mientras que miles de millones de dólares en subvenciones gubernamentales del G20 se destinan a una tecnología de CAC no probada. Como punto de partida para asignar un valor monetario coherente mediante un mercado definido para el comercio de carbono, las instituciones africanas están trabajando para desarrollar un registro de carbono para los 16 países de la cuenca del Congo que establecerá un protocolo común para medir las emisiones y emitir créditos de carbono.
La colaboración entre el gobierno y el sector privado mediante financiación combinada es un conjunto adicional de herramientas. Un enfoque para una financiación climática justa y pragmática consiste en que los países desarrollados con mayores niveles de contaminación asuman la primera pérdida necesaria para atraer capital institucional adicional.
Dado que las instituciones financieras mundiales se comprometieron en la COP26 a alinear carteras por valor de 130 billones de dólares para alcanzar las emisiones netas cero de carbono, la financiación climática solo está limitada por nuestra capacidad de innovar. Convertir la oportunidad en realidad exige una coordinación concertada de políticas internacionales e innovación financiera.
A pesar de las menores emisiones del continente, África puede contribuir de forma significativa a las emisiones netas cero globales de carbono sin renunciar a nuestra urgente agenda de progreso del desarrollo económico. Los responsables políticos que se acerquen a la COP27 deben centrarse en estos tres principios: localizar, reconstruir y finnovar.



