Reparación climática: 3 cosas que debemos hacer ahora para estabilizar el planeta

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  • A medida que los efectos del cambio climático siguen destruyendo nuestra civilización, necesitamos trabajar juntos con urgencia para sobrevivir los próximos 50 años, escriben dos expertos.

  • Una estrategia denominada 'reparación climática' puede revertir algunos de estos patrones catastróficos.

  • Este plan exige que tomemos medidas extremas para reducir, eliminar y reparar el daño que el cambio climático ha causado a nuestro planeta, para evitar la crisis.

  • Los expertos han afirmado que lo que hagamos en los próximos cinco años determinará el destino de la humanidad.

“Ningún lugar está a salvo.” Como advirtió el Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC) en un informe reciente que el cambio climático y sus consecuencias han llegado para quedarse, ¿existe aún la oportunidad de mitigar algunos de los peligros y de volver a un lugar de relativa seguridad para la humanidad?

El desafío de sobrevivir los próximos 50 años se considera ahora una crisis existencial a escala planetaria; necesitamos trabajar juntos con urgencia, solo para asegurar un futuro a corto plazo para la civilización humana. Los patrones meteorológicos globales se ven violentamente alterados: Grecia arde; el sur de Inglaterra se inunda; Texas ha sufrido su clima más frío de la historia, mientras que California y Australia padecen incendios forestales apocalípticos. Todos estos fenómenos violentos y récord son el resultado directo del rápido calentamiento del Ártico, que se produce más rápido que en el resto del mundo. Un Ártico cálido desencadena nuevas corrientes oceánicas y atmosféricas que cambian el tiempo para todos.

La única forma de revertir algunos de estos patrones catastróficos y de recuperar una cierta estabilidad en los sistemas climáticos y meteorológicos es la “reparación climática”, una estrategia que llamamos “reducir, eliminar, reparar” –que exige avanzar muy rápidamente hacia las emisiones globales netas cero; que haya una eliminación masiva y activa de gases de efecto invernadero de la atmósfera; y, en primer lugar, que volvamos a congelar los polos y glaciares de la Tierra para corregir los patrones meteorológicos volátiles, ralentizar el deshielo, estabilizar el nivel del mar y romper los bucles de retroalimentación que aceleran implacablemente el calentamiento global. No hay opciones excluyentes.

Reducción de emisiones

Alrededor del 70 % de las economías mundiales tienen compromisos de emisiones netas cero a plazos variables, pero esto ha llegado demasiado tarde para restablecer la estabilidad climática.

El IPCC ha pedido que se acelere el progreso en esta trayectoria, pero ocurra lo que ocurra, las tasas actuales de emisión de gases de efecto invernadero en la atmósfera implican un calentamiento global de 1,5℃ para 2030 y muy por encima de 2℃ respecto al nivel preindustrial a finales de siglo, un resultado devastador. En particular, se considera inevitable que el hielo se derrita y el permafrost se descongele, incluso si se logran reducciones rápidas y profundas de las emisiones de CO2, y como consecuencia, la subida del nivel del mar continuará durante siglos. En todas las regiones del mundo, los fenómenos climáticos serán más graves y frecuentes, ya sean inundaciones, olas de calor, erosión costera o incendios.

Sin duda, existen medidas importantes que todavía pueden reducir la magnitud de esta devastación, incluidas reducciones de emisiones más rápidas y profundas. Sin embargo, por sí solas no bastan para evitar lo peor. En conjunto, existen pruebas reales de que la eliminación masiva de gases de efecto invernadero de la atmósfera y soluciones como la reparación de los polos y glaciares de la Tierra podrían ayudar a la humanidad a encontrar una salida viable a esta crisis.

Eliminación de gases de efecto invernadero

Extraer el CO2 y otros gases de efecto invernadero equivalentes de la atmósfera, con el objetivo de volver a 350 ppm (partes por millón) para 2100, implica crear nuevos «sumideros» de CO2, es decir, depósitos a largo plazo de los que el CO2 no puede escapar. Los sumideros operan a muchas escalas; la reforestación, la restauración de manglares y la conservación de humedales y turberas son todos de importancia crucial.

Proyectos de gran envergadura, como la restauración de la Meseta de Loess en China demuestran una eliminación de CO2 escalable, con múltiples beneficios adicionales para la producción de alimentos, la mejora de la biodiversidad y la estabilización meteorológica.

La restauración de hábitats también puede tener sentido económico. En Filipinas, los manglares son el centro de un análisis coste-beneficio. Un manglar captura cuatro veces más carbono que la misma superficie de selva tropical, proporciona numerosos servicios ecosistémicos y protege contra las inundaciones, generando beneficios socioeconómicos y reduciendo significativamente el coste de hacer frente a fenómenos meteorológicos extremos.

Deben crearse grandes nuevos sumideros de carbono allí donde sea seguro hacerlo, incluidos los océanos. Las intervenciones que imitan procesos naturales, cuyo funcionamiento seguro «en la naturaleza» se conoce, son un punto de partida viable. La promoción de pastos oceánicos para restaurar la diversidad oceánica y las poblaciones de peces y ballenas a los niveles que se registraban hace 300 años es una de esas posibilidades, que ofrece nuevas fuentes de alimento sostenible para los seres humanos, además de contribuir a los servicios ecosistémicos climáticos y a los sumideros de carbono.

En la naturaleza, pequeñas cantidades de polvo rico en hierro procedente de los desiertos o de erupciones volcánicas se depositan sobre la superficie de los océanos profundos y generan, en cuestión de meses, ricos pastos oceánicos, abundantes poblaciones de peces y una gran variedad de vida marina. Los estudios sobre la regeneración de algas kelp muestran el abanico completo de impactos reales, desde una mayor fuente de proteínas para el consumo humano, hasta la restauración de los niveles preindustriales de biodiversidad y productividad oceánicas, y un amplio secuestro de carbono.

Ampliar la escala y el número de pastos oceánicos podría lograrse dispersando sistemáticamente polvo rico en hierro sobre zonas objetivo de los océanos de todo el mundo. El enfoque es intuitivamente escalable y podría secuestrar quizá 30.000 millones de toneladas de CO2 al año si se tratara anualmente alrededor del 3 % de los océanos profundos del mundo.

La creación de sumideros de carbono a gran escala de este tipo es fundamental si la atmósfera ha de volver a los niveles preindustriales de CO2. Mil millones de toneladas anuales de secuestro es el umbral mínimo coordinado por el Centro para la Reparación Climática de Cambridge, dada la intensidad de la crisis climática. Aunque a veces se denomina «geoingeniería» a la escala de la intervención, el enfoque se asemeja más a la reforestación o a la restauración de manglares. El objetivo es eliminar el CO2 de la atmósfera por medios naturales, para devolvernos a los niveles preindustriales en el plazo de una sola generación.

Reparar el planeta

El reto inmediato es estabilizar el planeta, logrando un equilibrio manejable que brinde una última oportunidad para avanzar hacia las energías renovables y hacia una economía global circular, con nuevas normas para la gestión urbana, rural y oceánica. La «reparación» busca de forma sistemática alejar a la Tierra de los puntos de inflexión climáticos (que, por definición, no pueden producirse sin un esfuerzo directo), proporcionando un marco de apoyo en el que puedan darse la «reducción» y la «restauración». Se necesita voluntad política y social.

El esfuerzo más urgente es volver a congelar el Ártico, interrumpiendo una espiral sombría de pérdida acelerada de hielo, aumento del nivel del mar y la aceleración del cambio climático y de los violentos cambios meteorológicos globales que estos provocan. Las temperaturas del Ártico han aumentado mucho más rápidamente (y de forma cada vez más acusada) que las temperaturas medias mundiales, en comparación con los niveles preindustriales. La figura 1 lo muestra claramente desde 1850 hasta la actualidad.

El hielo ártico en deshielo encarna una poderosa fuerza de retroalimentación en el cambio climático. El hielo blanco refleja la energía del Sol lejos de la Tierra antes de que pueda calentar la superficie. Esto se conoce como efecto albedo. A medida que el hielo se derrite, el agua de mar de color azul oscuro absorbe cantidades crecientes de energía solar, el calentamiento aumenta y cada verano desaparecen superficies de hielo cada vez más extensas, lo que acelera el proceso. Las temperaturas del Ártico rigen los vientos, las corrientes oceánicas y los sistemas meteorológicos de todo el planeta.

Se está superando un punto de inflexión: la pérdida de hielo marino se está volviendo permanente y se acelera; el hielo de Groenlandia seguirá el mismo camino y acabará elevando el nivel global del mar en más de siete metros. La pérdida total puede tardar siglos, pero, década tras década, habrá impactos incrementales implacables. A mediados de siglo, el deshielo será irreversible y la subida del nivel del mar por sí sola dejará en una situación desesperada a países de baja altitud como Vietnam, con reducciones seguras de la producción mundial de arroz, muchos millones de refugiados climáticos y ninguna vía evidente hacia el futuro para estas naciones.

Figura 1: comparación entre el cambio medio de la temperatura global y el cambio en la región ártica desde 1850 hasta la actualidad.Image: Nerilie Abram, con datos del IPCC, ANU, Australia, 2021

El rápido aumento de la temperatura en el Ártico se corresponde con la pérdida rápida y acelerada del volumen mínimo de hielo marino (en verano) (figura 2), que a su vez acelera el aumento de la temperatura en una espiral de bucles de retroalimentación que se refuerzan mutuamente.

Figura 2: descenso del volumen mínimo anual de hielo marino del Ártico entre 1980 y 2020.Image: Proporcionado por Nerilie Abram, con datos del IPCC, ANU, Australia, 2021

Es vital reconducir al mundo para alejarlo de este punto de inflexión del deshielo y reparar el Ártico lo antes posible. El abrillantamiento de nubes marinas, en el que bombas flotantes con energía solar rocían sal hacia arriba para aclarar las nubes y crear una barrera reflectante entre el Sol y el océano, se sabe que enfría la superficie del mar y es una forma prometedora de favorecer el enfriamiento del verano ártico. Imita a la naturaleza y puede escalarse de forma flexible. Actualmente se están llevando a cabo estudios sobre el abrillantamiento de nubes marinas, sus impactos climáticos y sus interacciones con los sistemas humanos.

Al igual que con la promoción de pastos oceánicos, estas soluciones deben analizarse de forma crítica, pero ya no cabe duda de su importancia crucial.

¿Qué hace el Foro Económico Mundial frente al cambio climático?


Lo que hagamos en los próximos cinco años determina la viabilidad del futuro de la humanidad. Aunque limitemos nuestras aspiraciones a la «supervivencia», fijándonos en un horizonte de unos 50 años, los desafíos son abrumadores. La humanidad merece algo mejor. Sabemos qué hacer para poder imaginar miles de años de civilización humana por delante, así como por detrás de nosotros.

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