Todos los árboles de un bosque tienen vecinos, pero las sequías pueden afectar a muchos árboles y causar cavitación, lo que les impide transportar agua.
Las sequías también dejan vulnerables a las especies, ya que cada árbol tiene distintas estrategias para afrontar el estrés.
Entender qué especies de árboles funcionan bien juntas —y, sobre todo, por qué— puede ayudar a orientar la manera de llevar a cabo la reforestación.
Se ha propuesto reforestar grandes extensiones de la Tierra como método para ralentizar el cambio climático.
Todos los árboles de un bosque tienen vecinos. En muchos bosques, es habitual encontrar juntas a las mismas especies, sobre todo cuando las condiciones de crecimiento son similares. A veces estos vecinos están cerca y otras veces, lejos, pero en conjunto forman parte de una comunidad en la que algunas especies dominan de forma natural más que otras, especialmente en términos de producción de biomasa. Pero ¿qué ocurre cuando las cosas se ponen difíciles? Se avecina una sequía y habrá ganadores y perdedores.
Las sequías pueden suponer un gran desafío para muchos árboles, y no hará más que agravarse a medida que el mundo avance hacia un clima más cálido y seco. Las distintas especies tienen diferentes estrategias para afrontar este tipo de estrés, pero es especialmente importante cómo gestionan la pérdida de agua.
Los árboles tienen en las hojas unos poros diminutos, llamados estomas, que pueden abrir y cerrar. Pierden agua a través de los estomas mediante un proceso llamado transpiración y absorben dióxido de carbono para la fotosíntesis, el proceso por el que las plantas producen su alimento. Algunos árboles son más conservadores: cierran los estomas al comienzo de una sequía para evitar la pérdida de agua, pero esto también limita la cantidad de dióxido de carbono que pueden absorber y, por tanto, la energía que pueden generar.
Algunos árboles adoptan una estrategia más arriesgada y dejan los poros abiertos durante más tiempo para seguir absorbiendo dióxido de carbono, pero esto también aumenta el riesgo de un proceso llamado cavitación, que les impide transportar agua. Está claro que cada estrategia tiene ventajas e inconvenientes, y que todos los árboles se sitúan en algún punto entre lo muy conservador y lo muy arriesgado.
Esta diversidad entre los árboles es una suerte, porque si todas las especies dependieran exactamente de la misma estrategia sería como poner todos los huevos en la misma cesta. Contar con una sola estrategia para afrontar todo lo que la vida les depare dejaría a los bosques bastante vulnerables. La variedad de estrategias para afrontar el estrés es lo que aporta a los bosques parte de su estabilidad y resiliencia esenciales.
La estrategia más eficaz para sobrevivir dependerá en parte de cuánto dure un episodio de estrés, de su intensidad y frecuencia, y de lo que hagan los árboles vecinos. La forma en que funcionen todas estas estrategias en un entorno estresante como una sequía determinará cómo le irá al bosque en su conjunto. Al igual que las personalidades humanas, a veces las estrategias encajan bien y todos se benefician, pero otras veces chocan.
Investigaciones recienteshan empezado a esclarecer quién gana y quién pierde cuando se plantan juntas ciertas especies, y cómo cambia esto en condiciones de estrés. Por sorprendente que parezca, gran parte de esta información puede extraerse de los anillos de los árboles, que contienen un registro físico de cuánto creció cada árbol cuando se produjo un episodio como una sequía.
Los anillos de los árboles permiten a los científicos observar cómo responden distintos árboles a un mismo episodio de estrés y cómo influye en esa respuesta la identidad de las especies de su entorno inmediato. Y lo que es fundamental, esta investigación también arroja luz sobre algunas de las complejas razones por las que las especies responden de manera tan distinta según cuáles crezcan a su lado.
Ama a tu prójimo
Por qué algunos árboles crecen mejor junto a ciertos vecinos y no a otros es un asunto sumamente complejo y aún no se comprende del todo. Pero, en términos generales, podemos imaginar que cada especie de árbol tiene toda una serie de rasgos, características y funciones que conforman su personalidad.
La respuesta de un árbol al estrés podría estar relacionada con el grado de competencia directa entre los árboles vecinos. Por ejemplo, algunos árboles tienen raíces profundas y otros, superficiales: dos árboles de raíces superficiales competirán directamente por el agua, pero una especie de raíces profundas puede acceder al agua de las capas inferiores del suelo y evitar parte de esa competencia. Esto se denomina «diferenciación de nicho»: al utilizar el entorno de maneras distintas, dos especies diferentes pueden ocupar el mismo lugar.
Es muy importante poder predecir qué especies de árboles serán buenas o malas vecinas. Por ejemplo, juntar dos árboles que asumen más riesgos al decidir cuándo cerrar los estomas podría hacer que consumieran las reservas limitadas de agua más rápido que si crecieran juntos un árbol conservador y uno arriesgado.
Se ha propuesto reforestar grandes extensiones de la Tierra como método para ralentizar el cambio climático. También se están desarrollando tecnologías para extraer carbono del aire y almacenarlo, pero los árboles han contado con un programa de investigación y desarrollo de 350 millones de añosque los hace perfectos para esta tarea.
Entender qué especies de árboles funcionan bien juntas —y, sobre todo, por qué— puede ayudar a orientar la manera de llevar a cabo la reforestaciónen las próximas décadas. Cuanto mayor sea la variedad de «personalidades» de los árboles, más resilientes probablemente serán los bosques ante las sequías, las plagas y las enfermedades que aquellos formados por una sola especie. La diversidad adopta muchas formas: que los bosques plantados hoy sean resilientes en el futuro dependerá, en parte, de elegir bien a sus árboles vecinos.





