Los desiertos son cada vez más cálidos y extensos. Proteger la «biocostra» puede impedir que avancen

A desert landscape
Deserts are also susceptible to climate change effects.Image: Unsplash/Juli Kosolapova
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  • A menudo se pasa por alto a los desiertos cuando se habla del cambio climático, pero, a medida que suben las temperaturas, se encuentran entre los lugares más vulnerables de la Tierra.

  • Su frágil costra alberga millones de microbios sin los cuales otras formas de vida del desierto no podrían sobrevivir.

  • Si esta biocostra muere, los desiertos se extenderán y engullirán tierras agrícolas productivas.

  • Un proyecto en Estados Unidos contribuye a contrarrestar esta situación al volver a cultivar biocostra en una granja especial y utilizarla para realizar un «injerto de piel para el desierto».

Cuando piensas en la acción climática, probablemente piensas en salvar las selvas tropicales o proteger a los países insulares del aumento del nivel del mar. Pero no olvidemos los desiertos, que podrían acabar siendo los ecosistemas más vulnerables de todos.

El aumento de las temperaturas que impulsa el cambio climático se siente con mayor intensidad en los desiertos del mundo. Los científicos predicen que los episodios de calor «superextremo y ultraextremo», con temperaturas superiores a 56 °C serán frecuentes en Oriente Medio y el norte de África durante la segunda mitad de este siglo.

Ahora, nuevas investigaciones han demostrado hasta qué punto el calor extremo podría destruir la vida en los desiertos del mundo.

Los microorganismos de la costra del desierto sustentan todas las demás formas de vida del desierto.Image: Unsplash

Las plantas y los animales que viven en los desiertos dependen de la capa protectora de la superficie del terreno, conocida como biocostra, porque es rica en microorganismos. Los hongos, líquenes, musgos, algas verdeazuladas y otros microbios desempeñan un papel vital en los ecosistemas naturales de los desiertos al retener agua y producir nutrientes que utilizan otros organismos, desde las plantas hasta los pequeños mamíferos.

Los científicos suponían que, como estas diminutas formas de vida habían evolucionado para vivir con temperaturas extremas, sobrevivirían al cambio climático. Sin embargo, un estudio de zonas desérticas del suroeste de Estados Unidos muestra que son más vulnerables de lo que se pensaba.

«Las costras biológicas del suelo (biocostras), compuestas por musgos, líquenes y cianobacterias, son componentes clave de muchas comunidades de tierras áridas», escribió el equipo del Servicio Geológico de Estados Unidos (USGS) al presentar sus hallazgos, basados en muestras de las costras del desierto recogidas dos veces al año.

Punto de inflexión

Al combinar su propio trabajo con estudios anteriores, el equipo pudo utilizar datos correspondientes a 53 años. Concluyen que la biocostra del desierto se acerca a un punto de inflexión del que quizá no pueda recuperarse. Ya han detectado una marcada disminución del número de líquenes que viven en el suelo del desierto.

Las zonas estudiadas se habían protegido del pastoreo para preservar el entorno prístino del desierto. Pero ahora los científicos afirman que el aumento de las temperaturas «podría contrarrestar parcialmente décadas de protección frente a las perturbaciones».

Si la biocostra muere, también morirán las plantas y los animales que dependen de ella. Esto hará que, con el tiempo, los desiertos se extiendan y engullan tierras agrícolas productivas. Las Naciones Unidas estiman que ya se pierden cada año 12 millones de hectáreas de tierras productivas, muchas de ellas debido al avance de los desiertos.

Los científicos afirman que las biocostras cubren el 12 % de la superficie terrestre. La ecóloga del USGS Rebecca Finger-Higgens, que dirigió la investigación más reciente, declaró a Science.org que un tipo de liquen que fija nitrógeno en el suelo ha disminuido del 19 % de la biocostra en 1996 a tan solo el 5 % en la actualidad.

«Se necesitarán estrategias de mitigación del cambio climático a gran escala», incluidas reducciones en el uso de combustibles fósiles y en las emisiones de CO2, para salvar la biocostra, declaró en la entrevista. «De lo contrario, no hay mucho que podamos hacer».

Otros estudios han advertido que entre el 25 y el 40 % de las biocostras del mundo se perderá para 2070 si no se toman medidas climáticas urgentes. «Si perdemos la biocostra, se producirán grandes impactos en la estabilidad del suelo, la vegetación y la fauna», afirma Sue Bellagamba, de Nature Conservancy, en el estado estadounidense de Utah.

Este «injerto de piel para el desierto» de biocostra podría salvar la vida en las tierras áridas del mundo.Image: The Nature Conservancy/Matt Bowker

Un injerto de piel para el desierto

Su organización forma parte de un proyecto para volver a cultivar biocostra en una granja de biocostra. Después la utilizarán para realizar un «injerto de piel para el desierto» y restaurar zonas del Parque Nacional Canyonlands, en Utah, donde se ha perdido la biocostra natural.

Se retiró biocostra de zonas desérticas de Arizona y California donde se estaban construyendo carreteras y oleoductos. Después se llevó a Utah y, en tres años, habían cultivado alrededor de 0,7 hectáreas de biocostra nueva.

Se sacaron láminas de biocostra nueva y se desenrollaron en el desierto para crear islas de crecimiento que, según esperan los científicos, regenerarán una zona mucho más extensa. El Dr. Sasha Reed, del USGS, ha calificado el proyecto de «éxito extraordinario».

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