El cambio climático está imponiendo una carga cada vez mayor a las mujeres.
Como resultado directo de los fenómenos meteorológicos extremos, las mujeres se enfrentan a la amenaza de violencia sexual en los campamentos de desplazados y a más trabajo y responsabilidades de cuidado infantil.
Los hallazgos proceden de un nuevo informe de CARE International.
El informe concluyó que es mucho más probable que las mujeres sufran las consecuencias del cambio climático que los hombres.
Desde la violencia sexual en los campamentos de desplazados hasta el trabajo agrícola adicional y un mayor riesgo de enfermedades, las mujeres soportan una carga mayor debido al empeoramiento de los fenómenos meteorológicos extremos y a otras presiones climáticas que empujan a las personas a desplazarse para sobrevivir, según una organización mundial de ayuda humanitaria.
Los científicos prevén que el desplazamiento forzado será uno de los efectos más comunes y perjudiciales para las personas vulnerables si el calentamiento global no se limita al objetivo de 1,5 grados Celsius acordado internacionalmente, señaló CARE International en un nuevo informe.
«Este informe nos muestra que el cambio climático agrava las desigualdades de género existentes, y que las mujeres desplazadas, en primera línea de sus impactos, soportan las consecuencias más graves», afirmó Sofia Sprechmann Sineiro, secretaria general de CARE.
Por ejemplo, las mujeres y niñas desarraigadas por el ciclón Idai, que azotó Mozambique, Zimbabue y Malawi en 2019, siguen afrontando graves amenazas para su salud debido al escaso acceso a servicios básicos y productos sanitarios, según el informe.
Y en Etiopía, donde el año pasado la sequía y las inundaciones obligaron a unas 200.000 personas a abandonar sus hogares, las mujeres que viven en refugios abarrotados se enfrentan a niveles más altos de violencia sexual, tanto allí como durante los trayectos más largos y frecuentes para recoger agua y leña.
Sven Harmeling, responsable mundial de políticas de CARE sobre cambio climático y resiliencia, afirmó que el desplazamiento vinculado a las tensiones climáticas ya era «una dura realidad para millones de personas hoy».
Si el calentamiento global continúa al ritmo actual y llega a 3 °C o más por encima de los niveles preindustriales, «la situación podría agravarse de forma irreversible y expulsar de sus hogares a cientos de millones de personas más», añadió.
Es probable que los impactos del cambio climático se intensifiquen y «se manifiesten en los próximos dos años, y no solo en un futuro lejano», declaró a la Thomson Reuters Foundation.
No prepararse para afrontarlos provocará más sufrimiento y obligará a la gente a abandonar sus tierras, afirmó. Añadió que muchos lugares ya se ven afectados por múltiples perturbaciones climáticas y el aumento del nivel del mar, lo que dificulta el regreso de las personas desplazadas.
«(Los fenómenos climáticos extremos) pueden hacer que más hombres se marchen para intentar encontrar ingresos en otros lugares, lo que supone una carga adicional para las mujeres que se quedan y tienen que intentar ganar (dinero) mientras cuidan de la familia», afirmó.

Medidas para actuar
El informe señaló que los gobiernos y las organizaciones de ayuda debían recopilar más datos sobre cómo afectan a las mujeres y las niñas los desplazamientos y la migración vinculados al clima, para comprender mejor su situación e intentar aliviarla.
También pidió que más mujeres lideren las iniciativas para responder a las amenazas climáticas, incluso en sus propias comunidades.
Asimismo, señaló que debía destinarse más financiación a ayudar a las mujeres a adaptarse a las condiciones cambiantes de un planeta más cálido, por ejemplo, mediante la elección de cultivos resilientes o el acceso a microcréditos, para que menos mujeres se vean obligadas a abandonar sus hogares.
CARE señaló que, en la mayoría de los países, las medidas climáticas financiadas con fondos públicos no dan suficiente prioridad a las mujeres y pidió que, a más tardar en 2023, al menos el 85 % de la financiación para proyectos de adaptación tuviera como objetivo explícito la igualdad de género.
Pero algunos proyectos están dando prioridad a las mujeres, indicó.
En dos distritos rurales de la India, CARE trabajó con 4.500 mujeres indígenas de 50 aldeas cuyas cosechas de arroz disminuían a medida que las lluvias se volvían irregulares, escaseaba el agua y los suelos perdían fertilidad.
Durante los últimos siete años, las ayudó a crear y gestionar grupos de apoyo mutuo que les dieron más confianza y conocimientos financieros para empezar a abordar el problema.
También recibieron pronósticos meteorológicos estacionales y semanales para poder planificar las actividades agrícolas.
La organización de ayuda afirmó que la producción agrícola aumentó en un tercio, la inseguridad alimentaria disminuyó y el número de días que las mujeres tenían que trabajar fuera de casa para llegar a fin de mes se redujo a menos de la mitad.
En aldeas somalíes, las mujeres recibieron formación empresarial y se organizaron en grupos que reunían ahorros y los aumentaban gradualmente para luego conceder préstamos a sus integrantes.
Según el informe, los grupos ayudaron a sus comunidades a resistir las crisis económicas y el hambre durante la sequía de 2016 en Somalia.
«La experiencia de CARE nos demuestra que, cuando las mujeres lideran en tiempos de crisis, comunidades enteras se benefician y se encuentran soluciones más eficaces y sostenibles», afirmó Sprechmann Sineiro.



