Necesitamos con urgencia una solución a la crisis climática, escribe Niels Holm-Nielsen, director del Servicio Mundial para la Reducción y Recuperación de Desastres.
El GFDRR ha subrayado la importancia de que los líderes mundiales se unan para adoptar medidas climáticas decisivas antes de que sea demasiado tarde.
Dado que las ciudades concentran algunos de los recursos más útiles para hacer frente al cambio climático, constituyen un buen punto de partida.
Holm-Nielsen describe los pasos que las ciudades y las comunidades pueden dar para impulsar un cambio positivo.
La crisis climática de “código rojo” ya está aquí.
Las pruebas de los fenómenos climáticos extremos —las recientes inundaciones en India, Alemania y China, y las olas de calor e incendios forestales en Grecia y Norteamérica— son más contundentes que nunca. En el Servicio Mundial para la Reducción y Recuperación de Desastres (GFDRR), confiamos en que este sea un punto de inflexión, en el que los líderes mundiales se unan para adoptar medidas climáticas decisivas que nos alejen del abismo.
Las ciudades y comunidades de los países de ingreso mediano y bajo han identificado cada vez más la adaptación como una prioridad de inversión, para proteger a los ciudadanos y sus bienes de los fenómenos climáticos extremos. Esto debe complementarse con esfuerzos concertados para reducir las emisiones, priorizar el desarrollo ecológico y liderar la transición hacia una economía baja en carbono. Las ciudades ocupan solo el 2 % de la superficie terrestre del mundo, pero consumen más de dos tercios de la energía mundial y representan más del 70 % de las emisiones mundiales de gases de efecto invernadero (GEI), una proporción que probablemente seguirá aumentando con el creciente grado de urbanización.
Aunque el cambio climático es una crisis mundial, da la sensación de ser una batalla que ganarán o perderán las ciudades. Las ciudades son motores del desarrollo económico y centros de cultura e innovación. Concentran activos y personas, incluidos los pobres y los vulnerables, y hacen que la resiliencia de los habitantes urbanos sea de importancia crítica para erradicar la pobreza e impulsar la prosperidad.
Las herramientas para tener éxito están todas al alcance: las ciudades concentran a algunas de las mejores mentes, instituciones y los recursos financieros más importantes. Al accionar las palancas adecuadas, las ciudades pueden generar soluciones para la crisis climática que marcarán el camino que otros seguirán.
Existen varias formas en las que las ciudades y las comunidades pueden comenzar, entre ellas:
Dotar a los jóvenes urbanos de competencias y acceso tecnológicos muy superiores a las de la generación de sus padres, para generar información hiperlocal que, al integrarse en los sistemas de gestión de datos de las ciudades, pueda permitir una mejor planificación e inversiones en todos los servicios y funciones. Este ámbito ofrece la posibilidad de aprovechar el ingenio y las competencias de los jóvenes y fomentar la titularidad y la rendición de cuentas necesarias para resolver los problemas de resiliencia en el espacio urbano. En el proceso, ayudar a los jóvenes a acceder a la tecnología también podría traducirse en un contrato social más sólido con los gobiernos de sus ciudades.
Invertir en el desarrollo de capacidades para integrar la resiliencia en los esfuerzos más amplios de planificación urbana. Gran parte del entorno construido de las ciudades de 2050 aún no se ha edificado. Existe la oportunidad de influir en el patrón espacial de los nuevos desarrollos de forma que tengan en cuenta los riesgos físicos de un clima cambiante y estén alineados con las estrategias de crecimiento bajo en carbono. Para garantizar que los planes sean aplicables, las ciudades también deben invertir en zonificación y en la aplicación de normas de construcción. El GFDRR ofrece un conjunto de programas y herramientas para ayudar a las ciudades a mejorar y aplicar su planificación de resiliencia, entre ellos “City Scan”, la serie de talleres de planificación de inversiones resilientes del Programa de Ciudades Resilientes, y la iniciativa Normativa de construcción para la resiliencia .
Vincular los ingresos a la resiliencia. En la planificación de inversiones de capital, dar prioridad a las inversiones que aumentan los ingresos públicos y refuerzan la resiliencia, y acceder a herramientas que ayuden a lograrlo, lo que permite a las ciudades reinvertir en proyectos futuros generadores de ingresos. Las ciudades también pueden crear más valor haciendo un mejor inventario de sus terrenos y edificios e integrando este conocimiento con una planificación de inversiones más amplia para impulsar una mayor generación de ingresos.
Construir con la naturaleza. El informe del IPCC también deja claro que la propia forma urbana que la hace más eficiente para organizar la actividad económica también contribuye al aumento del calor y las inundaciones. Los ciudadanos quieren espacios verdes para la recreación y una conexión con la naturaleza, y las ciudades pueden hacer mucho más para que sus activos naturales resulten más atractivos. La crisis mundial de la naturaleza es, por sí misma, tanto un riesgo sistémico para el desarrollo como una oportunidad de desarrolloLa crisis mundial de la naturaleza es, por sí misma, tanto un riesgo sistémico para el desarrollo como una oportunidad de desarrollo . Las zonas urbanas desempeñan un papel clave al ofrecer oportunidades económicas a una escala totalmente distinta a la de las economías rurales de uso intensivo de la tierra. En última instancia, más espacio verde en el tejido urbano puede beneficiar no solo a los ciudadanos, sino también a generar resiliencia climática.
Este último informe del IPCC deja muy claro el alcance del cambio climático. Como profesionales del desarrollo, no podemos ampararnos en la complejidad del problema. Tenemos la experiencia, la voluntad y las herramientas que ya pueden aportar un enorme valor a los responsables de la toma de decisiones urbanas. Ha llegado el momento de actuar.




