La transición climática requiere inversiones mundiales anuales de al menos 4 billones de dólares para 2030.
En un contexto de crecimiento lento, la inversión puede impulsar la productividad, crear empleo y estimular un crecimiento inclusivo.
La IA está en una posición única para acelerar esta transformación mediante la expansión de la innovación y la promoción de un profundo cambio sistémico.
Mediante la colaboración entre los gobiernos, el sector tecnológico y el sector energético, la IA tiene el potencial de abordar los desafíos climáticos y contribuir a un futuro mundial más equitativo y sostenible.
La economía mundial se enfrenta a crisis ambientales cada vez más graves, como el cambio climático, la pérdida de biodiversidad y la contaminación, que exigen una transformación sistémica urgente y un aumento de las inversiones relacionadas con el clima y la naturaleza.
Esta transición requiere inversiones significativas: al menos 4 billones de dólares anuales en todo el mundo para 2030, incluidos 2,4 billones de dólares en los mercados emergentes y las economías en desarrollo (MEED), donde los flujos de inversión son más bajos y el potencial para dar el salto por encima de las tecnologías tradicionales es mayor. Por ejemplo, África cuenta con el 60 % de los mejores recursos solares del mundo, pero recibió menos del 2 % de las inversiones en energía limpia en 2023.
Al mismo tiempo, el crecimiento se está estancando, y el empleo y la productividad son cuestiones apremiantes en todo el mundo. Una respuesta rápida a la urgencia y la magnitud de las inversiones que ahora se necesitan para la sostenibilidad también impulsará la recuperación y un crecimiento sólido, eficiente y limpio, lleno de nuevas oportunidades. Por tanto, en lugar de considerarla un costo, debemos tener claro que la transición hacia las cero emisiones netas puede catalizar la innovación, reducir las ineficiencias, mejorar la salud y estimular un crecimiento inclusivo.
La inteligencia artificial (IA), como tecnología nueva, poderosa, dinámica y de propósito general, está en una posición única para acelerar esta transformación mediante la expansión de la innovación y la promoción de un profundo cambio sistémico. A pesar de los prometedores análisis conceptuales generales, siguen siendo escasos los estudios rigurosos que cuantifican el potencial de la IA para impulsar el crecimiento macroeconómico y reducir las emisiones. Dada la urgencia y el potencial, es evidente que hace falta seguir investigando.
Las cinco áreas clave de impacto de la IA en la transición climática
La IA es un poderoso facilitador en cinco ámbitos clave fundamentales para hacer frente al cambio climático:
1. Transformar sistemas complejos
La IA replantea sistemas interconectados como los de energía, transporte, ciudades y uso del suelo. En los sistemas eléctricos, mejora la estabilidad y la productividad de la red al pronosticar la oferta y la demanda y coordinar ambas en el espacio y el tiempo, además de integrar eficientemente las energías renovables y el almacenamiento. Por ejemplo, la optimización de la energía eólica de DeepMind ha aumentado un 20 % el valor económico de las energías renovables. Estos beneficios tienen un impacto especialmente significativo en los mercados emergentes, donde existen importantes carencias de infraestructura, pero también un enorme potencial para dar el salto a sistemas más limpios.
2. Acelerar los descubrimientos y la innovación
Para alcanzar los objetivos de cero emisiones netas, no solo hay que ampliar las soluciones actuales, sino también crear nuevas tecnologías. La Agencia Internacional de la Energía (AIE) estima que casi la mitad de las reducciones de emisiones para 2050 provendrán de tecnologías que aún no se han desarrollado por completo. La IA acelera los descubrimientos, como demuestra AlphaFold de DeepMind, que descifró más de 200 millones de estructuras de proteínas y abrió camino a avances en ámbitos como las proteínas alternativas y el almacenamiento de energía. La velocidad digital está transformando la ciencia y la tecnología.

3. Impulsar cambios de comportamiento
La IA ayuda a los consumidores a tomar decisiones respetuosas con el clima mediante intervenciones adaptadas a sus necesidades. Por ejemplo, la función de rutas ecológicas de Google Maps utiliza IA para sugerir rutas con menos pendientes, menos tráfico y velocidades constantes, con un tiempo estimado de llegada igual o similar. Durante su fase de implementación, ha contribuido a evitar más de un millón de toneladas de CO2 al año en ciudades seleccionadas de Europa y Estados Unidos, lo que equivale a retirar 200.000 automóviles de la circulación.
4. Mejorar la modelización del clima y las políticas
La IA aumenta la precisión de las predicciones sobre el impacto climático y las evaluaciones de políticas. Herramientas como IceNet y FloodHub de Google procesan enormes conjuntos de datos en tiempo real y ofrecen alertas tempranas de inundaciones y cambios en el hielo marino. La IA también predice cómo influirán en el comportamiento políticas como la fijación de precios del carbono, lo que ayuda a los responsables de la formulación de políticas a diseñar intervenciones más eficaces.
5. Mejorar la adaptación y la resiliencia
La IA refuerza la resiliencia ante los efectos del cambio climático al mejorar las estrategias de adaptación a largo plazo. Por ejemplo, las previsiones de sequía basadas en IA, combinadas con evaluaciones del contenido de agua de las copas de los árboles, ayudan a identificar las regiones vulnerables. Esta información permite a los gobiernos y las comunidades invertir y gestionar la mitigación de riesgos de forma más eficaz, lo que favorece la estabilidad y la seguridad.
Cuantificar el impacto climático de la IA
Para entender cómo los factores anteriores pueden ayudar a acelerar la adopción de tecnologías que reduzcan las emisiones y permitan economías más productivas, nos centramos en tres sectores —energía, alimentación y movilidad— que, en conjunto, representan la mitad de las emisiones mundiales y una proporción equivalente de la producción mundial.
A partir de curvas de adopción tecnológica específicas de cada sector y basadas en datos históricos (curvas en S), analizamos cómo la IA —al mejorar la eficiencia, impulsar la adopción de tecnologías con bajas emisiones de carbono e influir en los comportamientos— puede acelerar estas curvas en el caso de tecnologías clave con bajas emisiones de carbono: la energía solar y eólica, las proteínas alternativas y los vehículos eléctricos.
Nuestro análisis indica que la IA podría acelerar la adopción de estas tecnologías y reducir las emisiones anuales en aproximadamente entre 3 y 6 gigatoneladas de CO2 equivalente (GtCO2e) para 2035.
Sector energético: la IA mejora la eficiencia de las energías renovables y reduce las emisiones en aproximadamente 1,8 GtCO2e al año.
Sector alimentario: al acelerar la adopción de proteínas alternativas, la IA podría sustituir hasta el 50 % del consumo de carne y productos lácteos, y ahorrar aproximadamente 3 GtCO2e al año.
Sector de la movilidad: el transporte compartido habilitado por IA y la adopción optimizada de vehículos eléctricos podrían reducir las emisiones en aproximadamente 0,6 GtCO2e al año.

Aunque estas estimaciones se centran en tecnologías y sectores específicos, no tienen en cuenta los efectos dinámicos entre sectores ni los posibles efectos rebote.
La IA también genera emisiones debido al aumento de la demanda energética de los centros de datos. Según las mejores estimaciones disponibles, proyectamos que la IA podría añadir entre 0,4 y 1,6 GtCO2e al año para 2035. Por tanto, el impacto neto de la IA en las emisiones sigue siendo abrumadoramente positivo, siempre que se aplique deliberadamente para acelerar las tecnologías con bajas emisiones de carbono. Es probable que estas estimaciones subestimen considerablemente el impacto de la IA, ya que solo captan algunos de los efectos dinámicos y sistémicos y abarcan únicamente una parte de la economía y las emisiones.
Una alianza entre los sectores tecnológico y energético, el Estado y la sociedad civil
Es poco probable que las fuerzas del mercado por sí solas orienten la aplicación de la IA hacia la acción climática. Los gobiernos y las empresas tecnológicas y energéticas deben desempeñar un papel activo para garantizar que la IA se utilice de forma deliberada, equitativa y sostenible. En conjunto, deberían:
Promover condiciones propicias para el despliegue de la IA, como el desarrollo de infraestructura y competencias, especialmente en las economías emergentes.
Incentivar la inversión en aplicaciones de IA que generen los mayores beneficios sociales y ambientales.
Regular la IA para minimizar riesgos, como el aumento del consumo de energía, y promover al mismo tiempo centros de datos alimentados con energías renovables y algoritmos eficientes desde el punto de vista energético.
Con el apoyo de la sociedad civil, los gobiernos también deberían velar por la equidad y garantizar que el Sur Global se beneficie del potencial transformador de la IA, en lugar de quedarse atrás. Sin medidas deliberadas, la IA corre el riesgo de agravar las desigualdades mundiales. Las nuevas oportunidades y desafíos que plantea la IA remodelarán las políticas públicas, las interacciones, así como el papel y el funcionamiento del Estado.
Una visión de futuro
La IA ofrece una oportunidad única para gestionar la crisis climática y acelerar la transición; al hacerlo, impulsará la innovación, el crecimiento y la resiliencia. Su capacidad para mejorar, optimizar y reinventar sistemas, y acelerar los descubrimientos y la innovación, puede ayudar a alinear la economía mundial con los objetivos de cero emisiones netas. Sin embargo, aprovechar esta oportunidad exige medidas urgentes y coordinadas de los gobiernos, las empresas y la sociedad civil, en colaboración entre sí y con los mercados.
Si se orienta de forma deliberada, la IA puede mitigar los riesgos climáticos y contribuir a construir un mundo más equitativo y próspero. El desafío ya no es si la IA puede contribuir a la transición hacia las cero emisiones netas, sino si actuaremos con decisión para aprovechar su potencial transformador con suficiente propósito y urgencia.




