Geoffrey Lipman analiza cómo nos estamos convirtiendo en turistas más responsables con el medio ambiente
Alguien dijo con razón que “un elefante es algo muy difícil de definir, pero si lo ves bajar por la calle sabes lo que es”. Lo mismo ocurre con la sostenibilidad, los viajes y el turismo: hemos dejado de describirlo y hemos empezado a abordarlo.
Hace veinte años, en la Cumbre de la Tierra de Río de 1992, cuando el enfoque moderno del desarrollo sostenible quedó establecido en la Agenda 21, la atención se centraba en preservar los recursos del planeta. En nuestro sector, se trataba sobre todo de ecoturismo, que a menudo se traducía en el lema: “tome fotos, deje huellas”.
En aquel entonces, nuestra industria no se consideraba una gran contaminadora, por lo que apenas sentía presión para adoptar la nueva mentalidad de sostenibilidad. Lo más destacado de la época eran los avisos en los baños de los hoteles que pedían a los huéspedes salvar el planeta no cambiando las toallas todos los días.
Diez años después, cuando se celebró la Cumbre Mundial sobre el Desarrollo Sostenible en Johannesburgo, el enfoque había pasado del planeta a las personas y la pobreza. En el marco de los Objetivos de Desarrollo del Milenio, avanzamos hacia una idea más amplia de turismo responsable, con énfasis en garantizar que las poblaciones locales no sufran por la afluencia turística y con un creciente interés en generar beneficios económicos y empleo.
Ahora, tras Río+20, hemos visto otro cambio de “sostenibilidad” hacia el crecimiento verde : un paradigma geopolítico para responder a los grandes desafíos sociales, económicos, ambientales y climáticos de hoy, así como a los desafíos de recursos impulsados por la población que se vislumbran en el horizonte. No se trata tanto de un conjunto definido de iniciativas, directrices o incluso políticas, sino de un trayecto de varias décadas con objetivos periódicos y puntos de control para crear patrones sostenibles de consumo, producción e inversión en cada actividad del planeta.
Nuestra industria también ha empezado a alcanzar la madurez como sector socioeconómico convencional, con el reconocimiento de su importancia para la creación de empleo. Al mismo tiempo, la reconsideración impulsada por el clima y la economía durante la última década ha ampliado nuestro compromiso ambiental, poniendo de relieve las repercusiones de carbono, en particular las del transporte y de los edificios antiguos e ineficientes. Empieza a prestar cada vez más atención a los empleos locales y a los efectos sobre el estilo de vida. También se centra en la energía renovable, la conservación de la biodiversidad, la eficiencia de los recursos y la inclusión social. Ya se empiezan a medir las repercusiones de los visitantes junto con sus beneficios.
Finalmente, en algún punto de este proceso de transformación de varias décadas, el turismo sostenible “travelismo” (transporte, hostelería, servicios de viaje e impactos locales) se fusionará con la evolución de la sostenibilidad social convencional. Para entonces, ya no habrá avisos en los hoteles que digan que no es necesario cambiar las toallas del baño todos los días, porque nuestros nietos lo habrán aprendido en la escuela.
Lea el Informe sobre la Competitividad de Viajes y Turismo 2013
Autor: Geoffrey Lipman es presidente del International Council of Tourism Partners y miembro del Global Agenda Council on new Models of Tourism.
Imagen: Un crucero pasa junto a un parque eólico marino. REUTERS/Phil Noble




