¿Cuánta nieve «derrite» cada visitante en la Antártida? La respuesta puede sorprenderte

Scientists in the Antarctic.
In affected areas near human settlements on the Antarctic Peninsula, human-produced black carbon may be causing surface snow to melt by up to 23mm every summer.
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  • Durante la temporada 2019-20, 74.000 personas visitaron la Antártida, la mayoría viajando en barco.

  • Se prevé que esta actividad aumente en el futuro y deja una huella física que incluye un incremento de los residuos y del carbono negro.

  • Se ha descubierto que el carbono negro aumenta el ritmo al que se derriten el hielo y la nieve, acelerando los efectos del cambio climático.

  • Entre 2016 y 2020, cada visitante derritió efectivamente alrededor de 83 toneladas de nieve, en gran medida debido a las emisiones de los cruceros.

Cada verano, cuando el hielo marino que rodea la Antártida retrocede, decenas de miles de turistas y científicos acuden al continente por barco y avión. El continente remoto es cada vez más accesible: durante la temporada 2019-20, el número de visitantes turísticos llegó a 74.000, la gran mayoría de ellos en barco. Las actividades científicas en el continente también son importantes: más de 70 estaciones de investigación alojan en conjunto a miles de investigadores.

Esta actividad, que se prevé que aumente en el futuro, deja una huella física con consecuencias duraderas. Al intentar estudiar o admirar uno de los últimos lugares (casi) intactos de la Tierra, los seres humanos ejercen un impacto cada vez mayor que puede medirse y cuantificarse.

En virtud del Tratado Antártico, los operadores turísticos y científicos están obligados a retirar los residuos del continente. La basura y los residuos humanos se transportan en avión o barco fuera del continente para eliminarlos en latitudes más cálidas. Sin embargo, algunas formas de residuos no son tan fáciles de sacar del continente. Toda actividad en la Antártida —ya sean perforadoras motorizadas para extraer muestras de hielo con fines científicos o vehículos de transporte— consume combustible. Al quemar combustible para mantenernos calientes o desplazarnos, nuestras actividades liberan partículas microscópicas de «carbono negro» (humo y hollín).

Un científico trabaja en los montes Ellsworth de la Antártida.Image: Felipe Trueba / EPA

En otras partes del mundo, los incendios forestales y la actividad humana liberan carbono negro en cantidades enormes. Este recorre grandes distancias: el hollín de los incendios forestales de Australia de 2019-20 viajó alrededor del mundo. Sin embargo, en la Antártida, aislada del resto del mundo por una sólida «barrera» de vientos circumpolares, las fuentes de carbono negro suelen ser más locales.

Una nueva investigación publicada en la revista Nature Communications ha cuantificado exhaustivamente los niveles de carbono negro en la nieve cerca de asentamientos humanos. Los científicos recogieron primero muestras en 28 lugares a lo largo de un tramo de 2.000 km de la zona más transitada de la Antártida, desde la península Antártica hasta el interior de la capa de hielo de la Antártida Occidental.

Las concentraciones de carbono negro eran menores en los lugares de acceso más difícil.Image: Cordero et al. / Nature Comms, CC BY-SA

Al analizar la cantidad y el tipo de partículas que absorben la luz en las muestras de nieve, los investigadores documentan cómo el hollín emitido por los seres humanos afecta las propiedades de la nieve antártica cerca de zonas muy transitadas.

Las muestras se hicieron pasar por filtros y se analizaron sus propiedades ópticas para identificar la cantidad y el tipo de partículas. En la nieve antártica hay muchos tipos de impurezas que absorben la luz, aunque en cantidades minúsculas: el nivel de fondo de carbono negro en la nieve antártica es de alrededor de 1 nanogramo (la milmillonésima parte de un gramo) por gramo de nieve.

Para distinguir el polvo del carbono negro, los investigadores utilizaron el «exponente de Ångström». En términos sencillos, las partículas más pequeñas absorben una banda de luz más amplia que las grandes, por lo que el tipo de partículas de las muestras de nieve podía deducirse a partir de cómo interactuaban con la luz en el laboratorio las partículas filtradas.

Todas las muestras de las zonas cercanas a asentamientos humanos mostraron niveles de carbono negro muy superiores a los niveles de fondo habituales en la Antártida, una señal clara de emisiones humanas. Los niveles elevados de carbono negro influyen en la manera en que la nieve absorbe la luz, una propiedad conocida como «albedo». La nieve con un albedo menor se derrite más rápido. Por tanto, el contenido de carbono negro de las muestras de nieve recogidas podía utilizarse para inferir si la actividad humana podría haber aumentado el ritmo de deshielo.

Los científicos emiten aún más por persona que los turistas

Los resultados son preocupantes. En las zonas afectadas cercanas a asentamientos humanos de la península Antártica, el carbono negro producido por los seres humanos puede estar haciendo que la nieve superficial se derrita hasta 23 mm cada verano. Al examinar específicamente las actividades turísticas, los autores calculan que cada visitante entre 2016 y 2020 derritió efectivamente alrededor de 83 toneladas de nieve, en gran medida debido a las emisiones de los cruceros.

Las actividades científicas tampoco están exentas: de hecho, las estaciones de investigación científica contribuyen a una tasa de deshielo de la nieve por persona un orden de magnitud mayor, debido al uso de equipos y vehículos que consumen mucho combustible, a veces durante todo el año.

Esta investigación confirma estudios similares realizados en otros lugares sobre el papel de las emisiones de carbono negro en la aceleración del deshielo del hielo y la nieve. Por ejemplo, se descubrió que los incendios de la selva amazónica habían aumentado el ritmo de deshielo de los glaciares de los Andes. En la Antártida, la constatación de la presencia de carbono negro cerca de los asentamientos se suma a otras investigaciones sobre la contaminación microscópica, como el hallazgo de microplásticos en el hielo marino y los pingüinos. Estos hallazgos muestran que el impacto humano puede ser más generalizado y pernicioso de lo que parece desde lejos.

A medida que aumenta la actividad humana en la Antártida, también lo harán sus efectos. La investigación sobre estos daños reales y potenciales aporta información esencial para determinar cómo mitigarlos mejor o evitarlos por completo. Para minimizar el daño a la fauna y al medioambiente, debemos asegurarnos de que tanto la investigación como el turismo se gestionen con cuidado.

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