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El 10 y 11 de febrero se celebrará la 32.ª Cumbre de Jefes de Estado de la UA en Adís Abeba, Etiopía, con el lema «Refugiados, repatriados y desplazados internos: hacia soluciones duraderas al desplazamiento forzado en África». Está claro que, en 2019, la UA quiere prestar más atención a las causas profundas del desplazamiento forzado y reforzar la capacidad de sus Estados miembros para abordar el problema y crear estrategias sostenibles.
Por supuesto, la migración y el desplazamiento forzado son solo síntomas de factores sociales, políticos, económicos y ecológicos más amplios de «empuje» y «atracción». En especial en África, el cambio relacionado con el clima es uno de los factores de empuje más graves. La frecuencia y magnitud de las sequías, las hambrunas y las inundaciones repentinas desplazan a millones de personas e influyen en su decisión de migrar. Para abordar el empuje causado por los efectos del clima, es necesario comprender mejor los riesgos para la seguridad relacionados con el clima y responder a ellos de manera más eficaz.
Este ensayo examina los riesgos para la seguridad relacionados con el clima que afronta África y analiza las respuestas políticas actuales. Sostiene que un amplio apoyo de los Estados miembros de la UA a un enviado especial de la UA para el cambio climático y la seguridad sería una estrategia viable que reforzaría la respuesta de la UA a los riesgos climáticos. La idea del enviado —surgida de la reunión del Consejo de Paz y Seguridad de la UA de mayo de 2018— brinda la oportunidad de anticiparse a la migración y al desplazamiento forzado y, además, de adaptar la arquitectura de paz y seguridad de la UA al cambio climático.
Riesgos para la seguridad relacionados con el clima
África es responsable de apenas el cuatro por ciento de las emisiones mundiales de CO2. Sin embargo, ningún continente sufre tanto como África la doble carga del cambio climático y la fragilidad política. Un estudio reciente de la Agencia de los Estados Unidos para el Desarrollo Internacional muestra que, en todo el mundo, el 57 por ciento de los países que afrontan la mayor doble carga de exposición climática y riesgos de fragilidad política se encuentran en el África subsahariana.

Además, las sociedades africanas afrontan desafíos socioeconómicos y políticos, como la pobreza endémica, estructuras de gobernanza débiles y corruptas, conflictos prolongados, presiones demográficas y urbanización. Estos problemas por sí solos superan la capacidad de muchos Estados africanos para alcanzar los objetivos del marco estratégico a largo plazo de la UA, «Agenda 2063».
Las pruebas son claras: los cambios relacionados con el clima agravan los desafíos sociales y políticos. La elevada vulnerabilidad de África a los efectos del cambio climático se debe a la dependencia de sus economías de la agricultura, un sector muy afectado por las fluctuaciones climáticas. Entre los riesgos resultantes está el conflicto violento, que a su vez es un factor adicional de empuje para la migración y el desplazamiento forzado.
Los riesgos para la seguridad relacionados con el clima, incluida la migración, son de carácter transnacional, lo que reafirma la necesidad de que los Estados africanos encuentren una respuesta multilateral en el ámbito de la UA. Los cambios en los patrones de precipitación han aumentado la escasez de agua en el Cuerno de África y el Sahel. Esto ha generado presiones adicionales sobre la disponibilidad de agua y tierras cultivables y ha limitado el acceso a estos recursos dentro de los países y entre ellos, lo que a veces obliga a las personas a migrar. Los conflictos y el aumento de la presión ambiental han convertido la región del Sahel en un foco de migración y al norte de África en una zona de tránsito para quienes intentan llegar a Europa.
El cambio climático también exacerba desafíos transnacionales de seguridad, como la gestión del agua. Según datos del Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente, África cuenta con 59 cuencas hidrográficas transfronterizas internacionales y 15 lagos principales que atraviesan las fronteras políticas de dos o más países. Por ejemplo, la cuenca del Nilo se extiende por más de diez países, y el Sistema Acuífero de Arenisca de Nubia es compartido por cuatro países. La variabilidad prevista en la disponibilidad de agua exige la colaboración entre países, pero también se ha convertido en un foco de tensiones regionales. Las relaciones tensas entre Egipto y Etiopía en torno a la Gran Presa del Renacimiento Etíope ejemplifican los riesgos para la seguridad que implica compartir recursos a través de las fronteras en un contexto de cambio de las condiciones climáticas. Además, esta tensión demuestra la necesidad de mediación mediante el nombramiento de un enviado especial que pueda facilitar el diálogo y la cooperación.
La respuesta de la Unión Africana
Para responder a los desafíos de seguridad relacionados con el clima se requiere un enfoque integrado que combine el conocimiento de los riesgos climáticos con las realidades sociales y políticas de las regiones. Un estudio reciente del SIPRImuestra que algunas organizaciones regionales de África, como la Comunidad Económica de los Estados de África Occidental y la Autoridad Intergubernamental para el Desarrollo, han reconocido los crecientes riesgos vinculados al cambio climático. Aunque ambas organizaciones han elaborado marcos de acción sobre seguridad climática, su aplicación de políticas es deficiente y a menudo queda relegada a comisiones especializadas, en lugar de integrarse en el ámbito de paz y seguridad, más centralizado y con mejor financiación.
La UA, como principal institución de consolidación de la paz y desarrollo de África, es fundamental para responder a los riesgos para la seguridad relacionados con el clima. Dada la compartimentación de las cuestiones de seguridad climática en otras organizaciones regionales, cabe destacar que el debate emergente sobre seguridad climática tiene lugar en el marco de paz y seguridad de la UA. Sin embargo, aparte de medidas y declaraciones retóricas—incluida la propuesta de nombrar a un enviado especial para el clima y la seguridad—, la UA carece de un marco político concreto que establezca acciones específicas para responder a las cuestiones de seguridad climática.
Por ejemplo, la Hoja de ruta de la Arquitectura Africana de Paz y Seguridad 2016–20 señala que el cambio climático es una cuestión transversal en materia de paz y seguridad. Sin embargo, el documento también subraya las dificultades existentes para incorporar las cuestiones de seguridad climática, por ejemplo, en los sistemas regionales de alerta temprana y las funciones de prevención de conflictos del Departamento de Paz y Seguridad de la UA. El Consejo de Paz y Seguridad de la UA reconoce la vulnerabilidad causada por el cambio climático y ha celebrado dos sesiones abiertas centradas en los vínculos entre el cambio climático y la seguridad. Sin embargo, hasta ahora las recomendaciones no se han convertido en marcos políticos aplicables. Del mismo modo, el ambicioso objetivo de la UA de «Silenciar las armas en África para el año 2020» subraya que existen vínculos entre el cambio climático y la seguridad, pero refleja una comprensión insuficiente de los riesgos para la seguridad relacionados con el clima y de cómo afectan a las sociedades.
Liderazgo sobre cambio climático y seguridad en la Unión Africana
Al ser el continente más vulnerable al cambio climático —estrechamente vinculado a la paz y la seguridad del continente—, África necesita una estrategia clara de seguridad climática y liderazgo estratégico. La reforma en curso en la UA y la próxima Cumbre de la UA ofrecen la oportunidad de demostrar liderazgo y elaborar respuestas adecuadas a los riesgos para la seguridad relacionados con el clima.
Una parte de esta labor debería consistir en nombrar a un enviado especial para el cambio climático y la seguridad, lo que podría contribuir a ampliar la comprensión de los riesgos para la seguridad relacionados con el clima dentro de la UA. Una manera de hacerlo sería encargar evaluaciones integradas de los riesgos climáticos que informen directamente al Comité de Jefes de Estado y de Gobierno Africanos sobre el Cambio Climático, a la Comisión de la UA y al Consejo de Paz y Seguridad de la UA.
Estas evaluaciones serían fundamentales para incorporar la seguridad climática en los sistemas continentales y regionales de alerta temprana y en las funciones de prevención de conflictos del Departamento de Paz y Seguridad de la UA. Además, para contrarrestar las respuestas aisladas a la seguridad climática, un enviado especial podría garantizar que el actual proceso de reforma de la UA integre los riesgos climáticos en su arquitectura de paz y seguridad y en toda su estructura.
Pero un enviado especial por sí solo no bastará. Los jefes de Estado africanos deben asumir la responsabilidad y liderar la respuesta del continente a los riesgos para la seguridad relacionados con el clima. La cooperación entre los Estados miembros de la UA, junto con un enviado especial para el cambio climático y la seguridad, brindará la oportunidad de adaptar al cambio climático la arquitectura de paz y seguridad de la UA, abordar las causas profundas de la migración y el desplazamiento forzado y, de ese modo, convertirse en un catalizador para hacer realidad la ambiciosa Agenda 2063.
La necesidad de un enviado especial de la Unión Africana para el cambio climático y la seguridad, Dr. Florian Krampe y Vane Moraa Aminga, del Instituto Internacional de Estudios para la Paz de Estocolmo




